Josemaría León Lara Díaz Torre

Se dice que en política no hay sorpresas, hay sorprendidos; esto generalmente suele ser cierto, particularmente en un sistema político tan complejo y pintoresco como el mexicano. Más existen ocasiones en las cuales, las señales son tan evidentes en tiempo y forma, que no cabe lugar para sorpresas; tal es el caso del “destape” del virtual candidato del PRI a la presidencia de la república esta misma semana.
Desde el mes de agosto pasado, quedó en evidencia que se abría la puerta al favorito del presidente para sucederlo, al modificar los estatutos internos de ese partido, para que un aspirante sin militancia, pudiese competir para obtener la venia de dicho instituto político y encabezar su proyecto 2018. Demostrando que, desde hace ya algunos meses, en Los Pinos se estaba trazando un camino con nombre y apellido, para el relevo presidencial.
Meade llega para sorprender, más no precisamente por ser el gallo de Peña, sino más bien, por lo atípica que resulta su postulación, al no concordar su perfil personal con el que tradicionalmente se esperaría para un candidato del revolucionario institucional. Algunos podrán comparar su trayectoria neoliberal y tecnócrata con la de Salinas o Zedillo, siendo que éstos únicamente aspiraron a un solo cargo de elección popular, a lo largo de su trayectoria burocrática/política; sin embargo, José Antonio Meade, resulta una opción agradable más allá del tricolor.
Mucho se ha hablado en los últimos días de la trayectoria profesional, del ahora ex titular de la SHCP, por lo cual no es ningún secreto de estado, que el sujeto en cuestión haya trabajado al más alto nivel gubernamental tanto para azules como para rojos. Por lo cual las muestras de apoyo fuera del PRI y al interior del PAN no se hicieron esperar, algo que “sin querer, queriendo” provoca la tercera fractura al interior del blanquiazul.
Probablemente el término “madruguete” no sea el adecuado, pero ayuda a describir lo que le hizo el partido en el poder, a la capirotada que pretenden conformar PAN, PRD y MC. El llamado “Frente Ciudadano por México”, tal parece que no se encuentra ni a sí mismo; basta con poner el ejemplo de militantes y simpatizantes del partido político fundado por Don Manuel Gómez Morín, quienes a la fecha tal parece que tienen más de una opción.
Por un lado, tienen a la esposa de Calderón (como la llama el mesías de México), suponiendo que le alcanzará para ser independiente; otra opción es la de Anaya con un discurso populista, ciertamente alejado de lo que identifica a su partido; y la tercia la completa Meade, el candidato del PRI, quien es apoyado por los llamados “senadores rebeldes”.
Luego está lo que queda del PRD, que pudiera llegar a ser competitivo respecto al voto de la Ciudad de México, teniendo como candidato al Dr. Mancera; y Movimiento Ciudadano, partido que ha crecido como la espuma en Jalisco, pero que brilla por su ausencia prácticamente en el resto del país. Lo que no se traduce en otra cosa, más que el “frente” parece tener más debilidades que fortalezas que les permita aumentar su capital político.
Lo que nos ayuda a concluir que, aunque haya varios competidores en la carrera presidencial, únicamente son dos, los que tienen verdaderas posibilidades de ganar; entonces, el partido que más le ha hecho daño a este país (por los años que ha gobernado) permanezca en el poder, o que tengamos un descalabro parecido al que desde hace años sufren buena parte de nuestros hermanos latinoamericanos.