El sistema de facturación electrónica, aún con su versión 3.3, no ha abatido operaciones simuladas, empresas fantasmas ni mucho menos economía informal, señaló el presidente de la Asociación Libre de Contadores Públicos, René Campos Zambrano.

Por el contrario, dijo, los alcances de la economía no fiscalizada en este país estarían llegando al 60% de las actividades productivas al cierre de este año, luego de que el INEGI el pasado mes de julio reportó que en ese momento ya tocaban el 57.1% de la Población Económicamente Activa.

En entrevista, el profesionista señaló que hay despachos de contadores, empresas fantasmas y negocios no registrados ante Hacienda que han basado su éxito económico precisamente en la falta de fiscalización del SAT.

Y es que hay despachos que recomiendan no registrarse porque el que inicia un negocio no sabe si le va a ir bien o no y en cambio ya se echó la soga al cuello para contribuir con todas las exigencias de Hacienda, aun no ganando.

Las empresas fantasmas no se revisan, sólo se constata en las oficinas que los papeles que se presentan para registro estén completos y vigentes y dan sellos digitales enseguida, de tal forma que aun siendo inexistentes, facturan con toda la tranquilidad del mundo en operaciones simuladas que difícilmente les van a detectar aun con cruce de información.

Por lo que respecta a la economía informal, pues no dejará de crecer ante un escenario que les favorece porque nadie los revisa y su único trabajo es generar riqueza para sí, controlar su entorno administrativo y no rinden cuentas ni pagan impuestos a nadie.

Es decir, la historia no ha cambiado con sistemas digitales, pues ahora más que nunca la revisión se ha focalizado en los contribuyentes cautivos, ya que Hacienda todo lo hace en línea y ni siquiera cuenta ya con un equipo nutrido, profesional o activo de verificadores de las actividades productivas en campo.

Por eso no se abate la informalidad y en cambio los contribuyentes que caen ante el terror del SAT y se esmeran en ser cumplidos lo que han encontrado en el sistema de facturación digital ha sido más trabajo administrativo, más gastos de inversión en equipo de cómputo actualizado y ningún rendimiento a su favor, concluyó.

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