Es entendible, y además lógico, que todo aquel que participa en una competencia espera ganar, puesto que para eso se preparó mental y físicamente; llega con la confianza de llevarse los laureles y hará todo lo imaginable para lograrlo.

Lo que no es admisible es que de antemano se declare triunfador, que inclusive vea con el rabillo del ojo a los demás, a quienes de mala gana acepta porque sin ellos no habría contienda, y justamente esto es lo que hacen varios de los y las aspirantes a un cargo de elección popular, que día tras día filtran encuestas que los ubican como invencibles, cuando en un evento político-electoral no hay nada escrito, consecuentemente lo razonable es esperar a la decisión de electores.

Aseguran lo que saben de propaganda electoral que se debe “guiar” el pensamiento de los ciudadanos a través de mensajes subliminales, haciéndole creer que sólo hay  un platillo y es el que deben digerir, por lo tanto, si no quieren equivocarse tienen que votar por el que dicen los sondeos.

Asimismo, se recurre de manera pertinaz a convocar para que el “voto útil” sea para cierto candidato o candidata, a manera de darle mayor valor al sufragio y que no se “pierda”. Es una convocatoria que hacen los que sienten que su propuesta no convence y por lo mismo el voto de su partido o de sus aliados será insuficiente para ganar, por lo que piden a los demás que se unan a su causa, aún cuando provengan de un antagonismo histórico, por consiguiente se ha vuelto una tradición que lo hagan los rezagados en los cotejos, no obstante que en reuniones y  mítines expresen lo contrario.

El “voto útil” también se esgrime para frenar la maquinaria de quien, presumiblemente, va a arriba, haciendo creer a los ciudadanos que es un riesgo si llega a triunfar, por lo que tienen que sopesar la importancia de preferir a quien ofrece garantías de una buena conducción, lo que naturalmente es parte de la aritmética política que utilizan los tácticos electorales, en función de que nadie vende bolillo frío.

Lo cierto es que el elector debe reflexionar el porqué tanta insistencia de que cambie de color a la hora de votar. Cada quien es libre de hacer lo que crea más conveniente, pero no debe dejarse inducir por aquellos que sólo piensan en sí mismos. Quienes tienen una ideología bien cimentada tendrán con qué responder a esos llamamientos, por lo que dejarán que la duda la asuman aquellos que son como las veletas, que dejan que los vientos los lleven a donde más conviene a sus intereses, por lo que no es extraño observar que los enemigos de ayer hoy andan de manita sudada, pero una vez que pasa la calentura volverán a sus trincheras, dispuestos a hacer cera y pabilo de sus antiguos contlapaches.

Podría parecer un punto de vista abrupto, pero si Usted se fija, amable lector o lectora, sólo en el deporte hay fidelidad al nombre de un equipo, por consiguiente no se verá a un seguidor enfundado en la playera del adversario, y tampoco irá al estadio y menos le echará porras. Aún cuando están con todo en contra abrigan la esperanza de revertir el resultado, como se pudo apreciar el domingo pasado con las águilas, que casi llenaron el Azteca con la esperanza de la “remontada”, pero sólo les quedó la amargura de la eliminación y no por eso van a ir a vitorear a alguna de las oncenas que disputarán el título.

Tal vez el deporte es el último reducto masivo que queda de la lealtad, algo que debería de servir como faro a la política.

ANHELO PERDIDO

El secretario de Desarrollo Urbano del Municipio de Aguascalientes, Jesús Adrián Castillo Serna, pide que el Congreso del Estado no autorice el nuevo Código Urbano estatal hasta que esté debidamente analizado y consensuado, lo que naturalmente no pasa de ser un deseo en una noche de verano, teniendo en cuenta que los “representantes populares” hacen como que escuchan la voz popular, ya que de antemano decidieron el voto del dictamen.

Lo vivido recientemente con la Ley de Movilidad es la mejor prueba de que podrá haber una mayoría social que esté en desacuerdo pero diputadas y diputados no sólo la aprobaron por mayoría sino que salieron a defender su punto de vista, a sabiendas que tienen la sartén por el mango. Sea o no del agrado de la colectividad, se le obligará a sujetarse a su decisión y si no lo hace se impondrán sanciones que también ratificaron, de manera que todo está en contra.

Algo similar puede ocurrir con el Código Urbano, aunque aquí se enfrentarían con el aparato jurídico del Ayuntamiento en caso de considerar que hay artículos que pueden afectar los intereses del gobierno municipal, quien puede recurrir a la controversia y obligar a que se hagan los cambios necesarios.

Castillo Serna no puede hacerse el sorprendido de lo que sucede en el palacio legislativo, puesto que él formó parte de la LVII Legislatura (1998-2001), que fue la segunda de mayoría panista en la historia del parlamento local, que aprobó lo que iba en dirección a sus propósitos partidistas, algo similar a lo que ocurre hoy.

En su posición como funcionario, sugiere que antes de confirmar los cambios al Código se estudie a fondo para darle claridad a la hora que deban ser aplicados por los ayuntamientos y los ciudadanos, para que no sea un instrumento de “unos cuantos expertos”, sino que pueda ser entendida por Juan Pueblo, puesto que en él se tratan asuntos importantes que competen a todos, por lo  tanto debe ayudar la sana convivencia, entre ellos los condominios.

El titular de esa dependencia sostuvo que esta nueva normatividad , cuyo contenido es por más de 900 artículos, “es un tema verdaderamente amplio y con muchas aristas, motivo por el cual es correcto que el Estado de Aguascalientes se retrase un poco más en la autorización de este Código Urbano, siempre y cuando se haya consensuado con los once ayuntamientos, los colegios y las cámaras de profesionales, para acceder a un documento que no tenga tantas hojas que nadie leerá”.

Plantea que en su elaboración no sea obra de “unos cuantos expertos”, sin embargo expresa que se invite a funcionarios municipales y a los colegios y cámaras, que por lógica deben ser “peritos” como para emitir una opinión, al considerar que “se necesita un documento más ejecutivo que remita el cumplimiento de las normas técnicas que establecen los instrumentos de construcción en las urbanizaciones”.

El común de las personas, que  a final de cuentas es a quien va a servir el documento y al que obligadamente debe sujetarse, no están enteradas de lo que se cocina en el Congreso, ya que como ocurre con otras leyes, sólo se sabe de su contenido hasta que se aplica, valiéndole de que “el desconocimiento de la ley no lo exonera de responsabilidad”.

Habrá que esperar cómo termina este pasaje, pero por los antecedentes podría ser igual que con la de Movilidad.

ACTITUD AMBIGUA

El rechazo a la Ley de Seguridad Interior, que pretende darle apoyo jurídico al trabajo que desempeñan las Fuerzas Armadas en materia de seguridad pública, es una actitud enigmática, ya que por una parte no se quiere a soldados y marinos en las calles, con el argumento que su presencia es “inconstitucional y violatorio a los derechos humanos”, pero ahí están, en las calles, auxiliando a las corporaciones policíacas. Es una labor que no pidieron hacerla y que si la llevan a cabo es por una orden presidencial que viene desde el sexenio que encabezó Felipe Calderón, por lo que si no hay una legislación que respalde su función lo más lógico sería que regresen a los cuarteles. Es pregunta obligada ¿Los policías estatales, municipales y ministeriales del país pueden hacerle frente a la inseguridad? ¿Tienen la capacitación y el armamento para hacerlo?, de ser así no hay que esperar para que se hagan cargo de las tareas que hoy realiza el Ejército y la Marina.

 

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