Daniel Santiago
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-Bajo la mirada de sus padres, la imagen de un “chip integrado” desde el nacimiento ha servido para tratar de entender por qué cada tecnología que aparece resulta pan comido para los chicos nacidos alrededor del año 2000. Los llamados Generación Z.
Pero al mismo tiempo, los múltiples circuitos de esa pequeña pieza computacional que ya traen bien puesta podrían explicar la complejidad con la que estos jóvenes están entretejiendo la tecnología con sus relaciones afectivas, su forma de amar y de hacer amigos.
“Cambia la tecnología, pero el sufrimiento del adolescente sigue siendo el mismo”, dice Martha Patricia Zavala, psicoterapeuta y profesora de la clase Psicopatología de Niñez y Adolescencia, en la Facultad de Psicología de la UANL.
“Ellos siguen preguntándose las mismas cosas: ¿alguien me quiere?, ¿qué es el amor?, ¿cuánto va a durar?, ¿cómo sé si alguien me quiere y cómo sé si yo quiero a alguien?”.
Las respuestas pudieran parecer difíciles de responder para cualquiera, pero lo son todavía más para un joven que sólo conoce un mundo donde Google lo sabe todo; prevalece la inmediatez de Snapchat, Twitter o WhatsApp; las distancias individuales se acortan a través de las pantallas, y para quien quedarse “en visto” puede ser un gran reto de paciencia.
“Por mucho dispositivo que haya y por mucha información que tenga el adolescente, no le ayuda a entender el mundo de sus emociones y de las relaciones con el otro, para eso se necesitan presencias: amistades, parejas, psicólogos, maestros y los padres”, señala Zavala.
Para esta psicoterapeuta, el mundo con oposiciones tan marcadas que llegaron a conocer sus padres ya no existen, lo que hace más compleja la realidad.
“Antes la vida era: trabajas o no trabajas, hombre-mujer, bueno o malo, un tipo de familia. Ahora hay demasiadas opciones. Esto es liberador en el sentido de la globalización y de las oportunidades, pero para un adolescente que apenas está estructurando, pueden ser demasiadas opciones y puede ser que esté confundiéndose”.

MÁS ABIERTOS
Series populares han tratado de reflejar esa realidad adolescente donde relaciones y tecnología se combinan, con riesgos que van desde el ciberbullying hasta el embarazo, pero que también muestran la apertura y el respeto que esta generación parece tener a las diferentes formas de ser y de amar.
“Esta generación es más abierta que las anteriores. Aceptan orientaciones sexuales diferentes y se atreven a asumirlas públicamente”, responde Josefina Leroux, psicoterapeuta y editorialista de EL NORTE.
“No puede generalizarse, pero creo que sí hay una tendencia a ser más respetuosos”.
Mariana Anaya, joven de 18 años, no está muy de acuerdo en dividir a la sociedad en generaciones, pero sabe que cuando alguien habla de Generación Z, se refiere a sus contemporáneos.
Acaba de ver las series You, que cuenta cómo una chica se relaciona amorosamente con su propio acosador, y Sex education, en donde un grupo de chicos de preparatoria parece haber superado los prejuicios raciales y de diversidad sexual.
Esto hace pensar a la joven en la necesidad de más educación sexual y afectiva en México.
“Creo que nadie te enseña nunca cómo una relación saludable debe de que ser”, dice la estudiante del último año de prepa y con noviazgo a distancia.
“Creo que falta mucha información de cómo debe tratarte una persona. Las dudas y tabúes sobre sexualidad también hacen mucho daño. Creo que mi generación tiene la suerte de poder buscar muchas cosas en internet, pero también están mal informadas por las cosas que encuentras”.

Del ‘Me gusta’ al ‘Me enoja’
En las nuevas generaciones las redes sociales se han convertido en el medio principal para impresionar a alguien. Son algo así como su carta de presentación, dice el psicoterapeuta y profesor Carlos Llanes.
“Lo he escuchado en consultorio, en salones de clases. Es muy raro alguien que ligue como era antes, ahorita es primero ‘bajarle’ el Facebook o el WhatsApp a alguien y empezar una conversación ahí.
“Que primero se dé cuenta (la otra persona) de toda la imagen que yo me construí en mi Facebook o cualquier otra red social antes que exponerme como en realidad soy”.
Las redes también se han convertido en una herramienta para romper relaciones.
El que las palomitas azules de WhatsApp avise que alguien ya vio tu mensaje y no responda inmediatamente, o que la otra persona esté “escribiendo” y “escribiendo” contribuyen a un carácter que tiende a la frustración, a la baja tolerancia y a preparar el camino para futuros reclamos y discusiones.
“Lo escucho mucho en la clínica con adolescentes”, dice Karla Dávila, psicoanalista con especialidad en psicoterapia infantil. “El cuántos ‘likes’ recibí, cuántos ‘me encanta’, la competencia con el compañerito, la competencia con el novio”.

POR RELACIONES SANAS
Para ayudar a fomentar las relaciones afectivas sanas, Rosa María Luna, psicoterapeuta y orientadora escolar, aconseja a los padres no juzgar ni criticar los deseos o intereses de los hijos sobre alguien más.
“Es muy importante validar (aceptar) sus sentimientos sobre sus primeras experiencias de afecto o de amistad cercana”, escribe.
También enseñarlos a quererse a ellos mismos.
“Enseñarles que toda relación nace del respeto hacia sí mismos y hacia los demás, que el primer amor es con uno mismo, no en una forma egocéntrica, ya que alguien con buena autoestima no permitirá que lo lastimen, maltraten y controlen, teniendo así la consideración y sensibilidad para tratar a quien es sujeto de su interés en la amistad o en el amor”.
Ni la tecnología ni las redes sociales, sino la confianza y autoestima sana son quizá esos “chips” que los seres humanos deben integrar para evolucionar a mejores relaciones afectivas.