Francisco Morales
Agencia Reforma

CDMX.- Se trataba de una recepción diplomática más: otoño de 1962, una tarde soleada en el barrio de Sunder Nagar, en Nueva Delhi. Escenario adecuadamente idílico para el encuentro fortuito.
“Era la hora del garden party, esa hora luminosa, dorada de la tarde india, que transforma todos los objetos, transfigura a la gente y hace tangible el instante”, recordaría décadas después Marie-José Tramini.
A esa hora, en la terraza, sucedió que un grupo de diplomáticos franceses -uno de ellos, su esposo, y ella, acompañándolo- fue abordado por el recién nombrado Embajador de México en la India, Ceilán y Afganistán: el poeta Octavio Paz.
El encuentro, que sería definitorio entre ambos, traducido después en 34 años de matrimonio, quedó registrado para siempre en el poema Viento entero.
“Una muchacha real / Entre las casas y las gentes espectrales / Presencia chorro de evidencias / Yo vi a través de mis actos irreales / La tomé de la mano / Juntos atravesamos / Los cuatro espacios los tres tiempos / Pueblos errantes de reflejos / Y volvimos al día del comienzo / El presente es perpetuo”.
El futuro Nobel de Literatura preservaría así el encuentro, y más adelante reiteraría: “Después de nacer, es lo más importante que me ha pasado”.
Tras 20 años sin su compañero, falleció este jueves de un paro cardiaco a los 83 años “Marie-Jo” Tramini.
Defensora infatigable de la obra de Paz, figura indeleble en gran parte de sus escritos amorosos y ocasional colaboradora artística, concluye con su muerte un binomio que se colocó al centro de la cultura en México durante el siglo 20.
“Le profesó a Octavio Paz un amor admirable, absolutamente fuera de serie. Cuando él murió, ella siguió viviendo para él. Decía que se comunicaba con él en la noche, que al leer su poesía sentía que él le hablaba. De día y de noche se dedicó totalmente a su obra”, recuerda la escritora Elena Poniatowska, amiga de ambos.
Si bien es cierto que tras esa tarde en Sunder Nagar ambos partieron a casas distintas, se encontrarían muchas veces después en otros eventos diplomáticos. Y luego, de nuevo fortuitamente en París. “Entre la calle Montalambert y la de Bac / Es una muchacha / Detenida / Sobre un precipicio de miradas”, según los versos de Paz.
Tramini, nacida en Francia el 16 de agosto de 1934, habría de divorciarse de su marido y regresaría a Nueva Delhi con Paz. Bajo un árbol de nim, figura capital en la obra del poeta, se casaron con “muchos mirlos, varias ardillas y tres amigos” como testigos.
“Fue la compañera, el amor, la musa, la justificación de la vida de Octavio a partir de que cumplió 50 años. Su obra no se entiende sin Marie-Jo, sin la inspiración que fue ella. Fue una mujer brillante, inteligente, hermosa y una muy buena amiga”, recuerda el historiador Enrique Krauze, amigo entrañable de la pareja.
Ambos vivirían en Cambridge, Ciudad de México y otros sitios, pero su temprana vida de pareja en Nueva Delhi, platicando por horas en el jardín de su casa, los marcaría por siempre.
“Recuerdo que le decía a Marie-Jo: ‘Será difícil que olvidemos las lecciones metafísicas de este jardín’. Ahora lo diría de otro modo. ¿Por qué metafísicas? ‘Será difícil que olvidemos las lecciones de aquel jardín’. Lecciones de una amistad, una fraternidad con las plantas y los animales. Todos somos parte de lo mismo”, recordaría el escritor.
Durante su vida juntos, Tramini animó todos los días la escritura de Paz, lo ayudó como directora visual y escénica de sus series de televisión y tomó la iniciativa en sus momentos más difíciles.
En 1996, cuando un incendio consumió su departamento de Río Guadalquivir y Reforma, con el poeta ya enfermo, fue ella quien acudió a ver los despojos de la biblioteca personal con libros que le dejó su abuelo.
También colaboraron artísticamente, como en el libro Figuras y figuraciones, en los que los collages surrealistas de Tramini se emparejan con poemas de Paz, un empeño artístico que ella siguió tras conocer a Joseph Cornell.
Paz, escribió en la revista Vuelta, fue testigo de la pasión de la artista por conjuntar la miríada de objetos cotidianos que después volvería sus cajas-collage.
“El arte de Marie-José es un ejemplo de esta facultad: combina formas y elementos disímbolos, descubre una relación oculta entre ellos y los une en un verdadero concierto visual que no excluye las oposiciones, las disimetrías y el humor”, escribió en el texto La espuma de las horas.
También sería él quien tradujera del francés los pocos escritos que Tramini publicó con el seudónimo “Yesé Amory”, un anagrama de su nombre.
“Sobre todo, yo creo que era una creadora de atmósferas y de risas”, recuerda la ensayista y traductora Fabienne Bradu, parte de su círculo cultural.
Pudo también ser férrea, como con la polémica que se suscitó entre ella y la Fundación Octavio Paz por el destino de la obra del poeta. También en 2008, cuando la Cámara de Diputados se negó a inscribir el nombre del autor en el Muro de Honor del recinto.
“Hoy se le honra en la Cámara de Diputados y el círculo se cierra; su voz puede sonar aquí y allá como la del individuo libre y valiente que siempre fue. Hoy se le desagravia”, dijo en 2014, refiriéndose a esa ocasión, durante el homenaje que el Congreso le brindó a Paz por el centenario de su nacimiento.
Ya sin Tramini, el legado de Paz ha quedado, por el momento, sin resguardo, al no tener herederos.
“Eso va a tomar tiempo verlo, son muchos documentos. Eso tomará tiempo revisarlo. El abogado de Marie-Jo Paz ha estado en contacto con la Secretaría. Lo estaremos viendo con su abogado y, desde luego, lo daremos a conocer”, reconoció en el velorio de Tramini, María Cristina García Cepeda, Secretaria de Cultura.
En Viento entero, numerosos poemas y textos, y la memoria de los amigos, la pareja que se casó bajo un árbol de nim en Nueva Delhi se preserva, ahí sí, intocable.
Con información de Yanireth Israde y Lourdes Zambrano.