Jesús Eduardo Martín Jáuregui

De que la perra es brava, hasta a los de casa muerde

 Refrán popular

Morena no es un partido político.

Morena no es una agrupación social.

Morena no es un club de amigos o una asociación de beneficencia.

Morena no es una agencia de colocaciones.

Morena fue una plataforma política que permitió que el candidato Andrés Manuel López Obrador, tuviera un membrete, una declaración de principios, un referente y un mortero en el que pudo juntar sin mezclarse las más diferentes corrientes políticas e ideológicas, unificadas bajo el principio centenario de la “cargada”, que se practica en México, desde tiempos inmemoriales y que tiene la gran ventaja, como decía el inolvidable Juanito Romo, líder perpetuo de la CNOP en Aguascalientes, de no permitir equivocarse. Algo así como aquel reyezuelo de un pequeño planeta que aparece en El Principito de Antoine de Saint Exupery. Cuando alguien manifestaba su deseo de sentarse el rey le ordenaba “Siéntate”, si decidía mejor acostarse el rey presto daba el mandato “acuéstate”, si cambiaba de opinión y optaba por permanecer de pie, el rey, por supuesto, daría la instrucción “Quédate parado! De esa suerte siempre lograría que los súbditos lo obedecieran. Con la “cargada” los políticos no se equivocan, es como apostarle al tercer lugar al favorito en el hipódromo.

Cumplida su función como plataforma electoral, Morena ha empezado a mostrar que sus juntas no eran fuertes, que sus amarres eran ocasionales, que su solidez es cuestionable y que su permanencia será dudosa. Ya se habían puesto de manifiesto fisuras en la elección del gobernador de Puebla, y en el Senado se apuntaban discrepancias entre el parvenu Martí Batres, recién llegado al club de Hugo Boss, y un no tan viejo pero sí muy lobo de mar, Ricardo Monreal, especialista en el paso de la muerte, y que ha cambiado de camiseta como cambiar de corbata. Monreal sabe cuándo mostrar las uñas, cuando gruñir y cuando ronronear, y hasta aparentar ser conocedor del derecho gracias a un título de Dr. que adquirió en la UNAM, y aprovechar, vía presupuesto, un espacio en la televisión para proyectarse con el pretexto de presentar la visión del Senado.

El más reciente capítulo del desencuentro morenista tuvo lugar con la elección del Presidente de la Cámara alta en donde el señor Martí Batres, alguna vez perredista se sintió con los merecimientos, la fuerza y  la bendición como para prolongar su período como presidente del Senado. A la bendición a que me refiero es, por supuesto, la del padre Alejandro Solalinde que manifestó públicamente algo, que podría tener visos de futurismo, dijo más o menos que si una persona había desempeñado satisfactoriamente sus responsabilidades lo natural debería ser que se reeligiera. Parece que Porfirio Muñoz Ledo ha pensado que antes de morirse sería bueno reelegirse como presidente de la Cámara de Diputados, un tanto motivado por Batres.

Pero el gozo al pozo, sin tanto aspaviento, moviendo las fichas como sabe hacerlo, haciendo los amarres como aprendió en sus viejos tiempos de priista, planchando el terreno como corresponde a un operador político ni mas ni menos como los cientos que surgieron del PRI en sus buenas épocas, Ricardo Monreal trabajó para que las cosas se dieron; la senadora por Tabasco (¡Qué casualidad!) obtuvo la mayoría de votos y será la próxima presidenta del Senado. Por lo pronto Sufragio Efectivo, no Reelección.

 Cuesta trabajo creer que Batres se hubiera ido, como suele decirse, por la libre. Seguramente tuvo que pedir (es hombre institucional, lo que significa que actúa por conveniencias), el placet del inquilino de Palacio Nacional. Lo que recuerda aquella anécdota de un viejo zorro de la política: Adolfo Ruiz Cortines, de quien se cuenta que cuando uno de sus múltiples compadres veracruzanos quiso lanzarse como candidato a presidente municipal de su pueblo, fue a pedir el apoyo presidencial, Don Adolfo lo alentó y le ofreció su ayuda. En las internas el compadre fue derrotado y en cuanto tuvo oportunidad buscó al Presidente. Éste lo recibió, le abrió los brazos y antes de que pudiera reclamarle algo, le dijo: “Compadre, el voto democrático nos derrotó”.

Morena ha sido también un tubo de ensaye. En Puebla, en Baja California, en Tabasco, en Guanajuato, por no mencionar un puñado más se han tomado medidas y se han hecho iniciativas, muchas de las cuales han culminado en leyes, que parecen poner a prueba la paciencia y la resistencia, por no decir la tolerancia de los mexicanos. Ya se sabe que somos aguantadores, y para prueba están los últimos 80 años de nuestra historia patria, y eso, nada más por pretender acotarla.

No faltan los opinadores que consideran que Morena funcionó como plataforma y que, como partido político ha sido un experimento fallido. Es claro que ningún grupo o partido político ha logrado nunca una identificación y cohesión total, ni siquiera la Iglesia, opina Juan Castaingts, en donde la autoridad deviene de Dios y el Sumo Pontífice su testaferro en el “siglo”. Es claro también que el bestiario que logró conjuntar Morena, al lado de muchos simpatizantes más o menos respetables, es una muestra variopinta de la picaresca política nacional. Lograr unificarlos, no lo hará ni López Obrador. Durante la campaña funcionó para lo que debía servir y se mantuvo homogénea mientras se mantuvieron alimentadas las esperanzas de lograr un “puesto” o de perdida una “chamba”. Pasada la elección las ambiciones se han desbordado, muchas caretas han caído y la lucha por posiciones y prebendas se ha acentuado.

Ante ese panorama Morena parece destinada a consumirse atacada como esos enfermos terminales de un mal que hace que sus propias células defensivas se vuelvan contra el paciente, enfermedades autoinmunes les llaman. Las luchas internas parecen ser alentadas más que reprimidas, como si lo que se quisiera en realidad es que de una vez, se mostrarán las corrientes, los vicios, los males que la aquejan y que se habían mantenido ocultos o disimulados,

Me dicen que entre otras opciones se viene gestando una que cuenta con los auxilios espirituales y terrenales y la bendición del inquilino nacional, para suceder a Morena, por si las moscas no hay que perder de vista a “+ x  México” (Más por México). Búsquelo en internet.

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