Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Su misión, si deciden aceptarla, es no exigirle demasiado a esta película.

La fórmula que se aplica tanto de la serie televisiva original creada por Bruce Geller, como de sus modernas iteraciones cinematográficas, es una que atrae por los componentes que involucra: un grupo de élite integrado por especialistas en su campo debe ejecutar misiones, pues, de carácter aparentemente imposible para defender al mundo de amenazas políticas e ideologías adversas al estilo de vida norteamericano, mediante una planificación cuidadosa que incluye elaborados disfraces y equipo de alta tecnología. En los sesentas esto funcionó de maravilla en la televisión debido a la Guerra Fría, pero las versiones fílmicas actuales han encontrado un punto de exploración paulatino más interesante que es el de su protagonista, un agente comprometido, valeroso y muy humano llamado Ethan Hunt, interpretado por Tom Cruise, y que ha servido como pivote argumental en casi todos los filmes, exceptuando la segunda parte que muchos preferimos olvidar por su caricaturesco y excesivo entendimiento de la acción cinematográfica. A lo largo de los otros cinco filmes, las historias se desarrollan alrededor de Hunt, su vida personal y su reacción a los maquiavélicos planes del villano en turno. Esta última parte es la más curiosa, ya que los adversarios de estas películas terminan por confrontarlo a nivel personal, por lo que la grandilocuencia visual, los fastuosos escenarios internacionales y las barrocas secuencias de persecución no se perciben tan importantes como la dinámica que se establece entre el héroe y sus reflejos oscuros a modo de antagónicos. Y es por ello que la mayoría de las cintas de “Misión Imposible” son un éxito en varios sentidos, en particular “Misión Imposible: Protocolo Fantasma”, la más redonda, inteligente y profunda de la serie, gracias a la certera dirección de Brad Bird, pero claro, con sus respectivos altibajos.
“Misión Imposible: Repercusión”, la más reciente producción de la saga actualmente en cartelera, no puede considerarse un punto bajo, pues el guión evade con eficacia al espectador de su cotidiano y cuenta, tal vez, con las mejores escenas de riesgo hasta la fecha dentro de los cánones de estos filmes, además de un trabajo muy completo en cuanto a histrionismo y dirección, pero la trama no guarda ninguna sorpresa al punto de sentirse predecible y algunos huecos en el argumento despiertan cierta exasperación por su obviedad o llano descuido. En esta ocasión, Hunt (Cruise) es el causante de que una malévola organización denominada “Los Apóstoles” -remanentes de la agrupación secreta y anárquica conocida como “El Sindicato”, visto en la película anterior- tenga acceso a una cuantiosa reserva de plutonio por un error de juicio de su parte. Ahora los villanos emplearán dicho recurso para construir ojivas nucleares a menos que Hunt los detenga, todo contra reloj bajo el ojo vigilante de la CIA, la cual no confía en él y le adjudican un supervisor llamado August Walker (Henry Cavill). Asistido por su equipo integrado por el analista Benji (Simon Pegg), el informático Luther (Ving Rhames) y la letal Ilsa Faust (Rebecca Ferguson), deberán lidiar con la misteriosa Viuda Blanca (Vanessa Kirby), intermediaria de “Los Apóstoles”, mientras viajan por todo el mundo para recuperar el plutonio, a la vez que Hunt lidia con sus propios problemas emocionales, pues no logra superar el que su esposa Julia (Michelle Monaghan) no esté con él por su estilo de vida.
El director y guionista Christopher MacQuarrie (“Misión Imposible: Nación Secreta”) logra centrar los aspectos dramáticos de la cinta en su conflictuado protagonista, el cual se nos muestra más humano y vulnerable, al punto de dudar en situaciones de peligro que antes no le perturbaban, como saltar de ventanas a grandes alturas, expresando con mayor claridad su realización de la mortalidad conforme la fatalidad se torna más real con cada evento. Esto hace de “Misión: Imposible” una de las series fílmicas más interesantes en la actualidad, al prescindir de la infalibilidad en sus personajes, dando giros en situaciones donde, en otras películas, sería un triunfo seguro. Aun así, el desarrollo en la narrativa tal cual no convence del todo, pues así como ciertas decisiones resultan adversas para el equipo, otras resuelven algunos nudos en la trama como por arte de magia, por lo que todo sucede como se debe sin retar demasiado la inteligencia del espectador. Esto sólo se siente como una oportunidad perdida para realizar algo que reconfigure la fórmula, a la vez que genere una trama de espionaje sólida, pues hay momentos en que parece que sólo estamos esperando a la siguiente secuencia de acción espectacular, sin que valoremos con su debido peso a las acciones y los personajes, llevándonos en puro automático.
De todas formas, “Misión Imposible: Repercusión” logra entretener mucho más que los otros intentos escapistas en la cartelera, así que de los males, es el menor.

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