Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Diario Thairath de Bangkok edición del 10 de julio 2018.

“No estamos seguros si esto es un milagro, es ciencia, o qué. Los trece Wild Boars ya están fuera de la caverna”. Así lo dijo uno de los oficiales de la marina tailandesa a cargo de la operación de rescate de doce jugadores y su entrenador del equipo de futbol Jabalíes Salvajes que permanecieron durante 18 días atrapados en una caverna inundada en una profundidad de mas o menos 800 metros y a casi 4 kilómetros de la entrada, para tener una idea de estas dimensiones conviene recordar que la ciudad de Aguascalientes está mas o menos a 1880 metros de altura sobre el nivel del mar y que el pico mas alto de la Sierra del Laurel el llamado cerro de la Antorcha tiene una altura de 2760 mts. S.N.M., el Picacho tiene 2420, y que 4 kilómetros es poco mas o menos la distancia de la avenida López Mateos de Circunvalación Oriente a Circunvalación Poniente.

Mientras los ojos del mundo ponían su atención en Rusia, donde varios grupos de diversos países pateaban una pelotita por lo que, según me dicen, algunos de los pateadores ganan mas por año, que lo que podría ganar un Gobernador en 99 años, (exceptuando desde luego a los Duarte, al guardado y al prófugo, y alguno que otro mas, que goza de cabal salud que ojalá les dure hasta que paguen sus responsabilidades). Mientras en México asistíamos impertérritos o casi a la agonía de la campaña electoral 2018, y a los estertores de un sistema que orientado por el Consenso de Washington se inició hace casi 30 años, que, por cierto, no tenemos un pronunciamiento claro del Presidente que llamaré virtual, o electo, o casi electo, u ora-sí-legítimo, porque el sistema electoral mexicano tiene mas vueltas y está mas anegado que la caverna de Chang Rai, respecto a ese Consenso. Mientras, en fin, pasábamos de la primavera al verano, la población de Tailandia y de alguno que otro país, que tenían en común no tener equipo en el Mundial de Futbol, o algunos desafanados del “juego del hombre” (según lo bautizo el inefable Ángel Fernández, ¿inefable o infumable? Ya no me acuerdo), seguíamos con angustia creciente, las noticias del extravío en las profundidades de la cueva tailandesa de Chang Rai, de los doce adolescentes (niños les llamaron, como a los Niños Héroes), entre 12 y 16 años jugadores del “juego del hombre” que junto con su entrenador de 25, habían salido de excursión que incluía penetrar a la cueva.

Posiblemente algún desorientado lector, que ignoráse los avatares epopéyicos que se vivían en Rusia en torno a la consabida pelotita y al negocio de miles de millones de pesos que involucra, siguió compartiendo la angustia de muchos, no tantos como los otros, que seguían día a día con esperanza disminuida las noticias de Tailandia. La tarea no era fácil, aparentemente una avenida luego de una fuerte lluvia había inundado gran parte de la caverna, sin poder saber si habría anegado a los excursionistas, si estos habrían podido guarecerse en alguna parte en que dispusieran de aire suficiente para no asfixiarse, si sus provisiones dosificadas les permitirían sobrevivir varios días, si soportarían las temperaturas frías por la humedad, si su fuerza disminuida y sus reservas consumidas les permitirían hacer frente a infecciones o alimañas, agua tenían bastante…pero era lo que no querían, porque desde luego no era potable…

El milagro se inició con la decisión gubernamental de poner en juego todos los recursos necesarios y todo el personal disponible con la preparación para participar en la búsqueda. Personal especializado en espeleología y en buceo, de varios países, llegaron al confin norte de Tailandia a sumarse a las fuerzas gubernamentales. Fueron dos buzos ingleses que forman un equipo conocido como A-team, famoso entre la gente del medio, buceo, rescate, emergencias, quienes luego de varios días lograron hacer contacto con los extraviados, que se habían refugiado cada vez mas lejos de la entrada obligados por el agua que iba inundando paulatinamente la caverna.

El milagro continuaba, milagrosamente los trece (¿número de mala suerte?) se encontraban en la caverna, todavía no salvos y sin saber si sanos. Llegar a ellos desde la entrada, significaba un trayecto de mas de 5 horas por cavidades tan estrechas, que no permitían el paso de un buzo con su equipo en la espalda, totalmente inundadas. Sacar a los Jabalíes Salvajes se antojaba una “misión imposible”. Por añadidura, recién el Monzón había comenzado y sin duda las lluvias continuarían y arreciarían. El porcentaje de oxígeno en el lugar en que se encontraban había disminuido del 21% que contiene normalmente el aire a alrededor de 16%, todavía suficiente para sobrevivir pero ¿por cuánto tiempo?. Al menos habían llegado a atenderlos un médico y tres miembros de la marina tailandesa. Las primeras atenciones médicas se les brindaron, recibieron bebidas nutrientes y comida sana, aunque en pequeñas cantidades para no provocarles una reacción negativa, tuvieron luz y tuvieron la fuerza suficiente de sonreír ante las primeras tomas de las cámaras de los rescatistas.

El milagro pareció retrotraerse, uno de los rescatistas, buzo experimentado, falleció porque agotó su provisión de oxígeno, desconocimiento de las condiciones de la caverna. El rescate se veía cada vez más complejo. Esperar a que pasara la temporada de lluvias significaban 4 meses ¡imposible que sobrevivieran!. Enseñarles a bucear en unas cuantas horas ¡casi imposible!.

Pero cuando se reúnen, como pasó en Tailandia, el talento, la experiencia, la preparación y la oración, los milagros ocurren. Se tomó la decisión, en tándem dos buzos llevando en medio a uno de los pequeños jabalíes equipado con una mascarilla completa, cargando el primero el tanque de oxígeno del pequeño, y siguiendo un cable colocado a lo largo de la caverna, porque faltaba decir que el agua fangosa impedía la visibilidad, y el segundo auxiliando en los pasajes mas difíciles, fueron sacando de uno en uno a los jugadores, al final su entrenador, luego el médico y los tres oficiales que acompañaron durante algunos días a los jabalíes.

Sin duda se conjuntaron para bien muchos factores, pero habría que destacar la fortaleza, la entereza, la disciplina, la paciencia y la FE, de los jugadores y su entrenador.

Me vale quien gane el Mundial, la humanidad toda, ganó mas con ese rescate en Chiang Rai.

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