RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Dice Ricardo Homs en su libro “Las 28 Reglas de oro de la estrategia electoral”: “Estamos  viviendo la era de las percepciones, en la cual el electorado decide con base en lo que percibe –sea real o ficticio; verdadero o falso–, y con base en ello emite su voto. Por ello, la competencia de hoy es una guerra de percepciones, donde lo más importante no son los hechos –ni las promesas– sino la forma en que las propuestas del candidato se perciben en la mente del elector, sus significados y como son interpretados, pues el objetivo final es influir en la voluntad del elector para que éste se decida por nuestro candidato y emita su voto a favor de él”.

Y esto ha sucedido en México al pie de la letra. López Obrador fue un candidato a la presidencia en la pasada campaña electoral agresivo, que prometió el oro y el moro. No se midió en sus promesas. Prometió un México hasta cierto punto irreal del cual millones de mexicanos creyeron que se convertiría en realidad. Eso influyó definitivamente en la voluntad de esos millones de electores que le dieron un triunfo muy holgado al candidato tabasqueño y lo llevaron a la presidencia de nuestro país. Contrario a quienes votaron por él, otro tanto de millones de ciudadanos, los que votaron por otro partido o los que no acudieron a sufragar, muy pronto corroboraron lo que ya presentían: las promesas de López Obrador eran puras falsedades, aplicó aquello que dice: “El prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”. Obviamente AMLO no podía cumplir sus promesas, como por ejemplo bajar el precio de las gasolinas. López Obrador se dio cuenta en el corto plazo que no era lo mismo ser borracho que cantinero y para ello comenzó a aplicar los estribillos ya conocidos por todos, a manera de excusa: “Me dejaron el país hecho un cochinero los presidentes anteriores”, “Yo tengo otros datos”, “Me canso ganso”, etc. Se olvidó que de alguna manera la paz es el respeto al sexenio ajeno y que la historia resolverá con su veredicto condenatorio o laudatorio sobre todos los ex presidentes.

La historia de la presidencia de López Obrador apenas empieza pero para desgracia de los mexicanos empieza mal y lo peor: se augura que seguirá por el mismo cauce.

En Aguascalientes tenemos un político joven que lleva recorrido un largo trecho dentro del devenir político, tanto a nivel local como a nivel federal. Me refiero al actual vocero del Partido Acción Nacional, Fernando Herrera Ávila, que ya ha ocupado cargos de elección popular importantes. Primero fue regidor, posteriormente en el sexenio de Felipe González fue nombrado secretario de Desarrollo Social, después fue diputado local y enseguida diputado federal y en el sexenio pasado fue senador de la república en las legislaturas LXII y XLIII, habiendo sido el líder de la bancada panista en el senado. Su gusto por la escritura es evidente pues aparte de escribir columnas políticas en algunos diarios, lleva ya publicados cinco libros. Y precisamente el día de hoy Fernando Herrera presentará su último libro: “México en picada”, un libro que desnuda la realidad política del México actual. Entre otras cosas Fernando Herrera nos comenta: “La inoperancia de un gobierno que no ha podido hallar la cuadratura del círculo y que se la ha ido llevando con malas decisiones y con evasivas”.

En marzo de 2004 Andrés Manuel López Obrador se proclamó a sí mismo un “rayo de esperanza” para sacar al país de sus problemas. Alcanzó el poder 14 años después y le bastaron ocho meses, menos de un año, para colocar al país justo al borde del abismo. Tenía todo para conducir a México hacia el progreso: contaba con los mejores augurios, un amplio bono democrático, una popularidad jamás soñada en un gobierno del presente siglo y un panorama internacional muy alentador. Pero, a pesar del viento y la marea a su favor, el rayito de esperanza perdió su luz y terminó decepcionando a buena parte de sus seguidores. Después de ganar las elecciones presidenciales y antes de asumir el poder tomó una decisión que pasará a la historia como su peor error económico y político: la cancelación de las obras del nuevo aeropuerto de Texcoco, la cual implicó una pérdida de por lo menos 270 mil millones de pesos, según expertos en la materia. Paralelamente, decidió emprender tres proyectos faraónicos sin viabilidad económica. No son una inversión, sino un gasto: la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía. Los expertos en la materia los consideran peligrosos elefantes blancos que pondrán en riesgo las finanzas públicas.

Con la cancelación del aeropuerto, no sólo se perdieron miles de millones de pesos, se perdió buena parte de la confianza en la ley para darle seguridad a las inversiones de largo plazo. El país sufrió su primer descalabro y cayó en una pendiente resbaladiza. En contra del discurso con el que llegaron al

gobierno, las acciones posteriores golpearon primero al pueblo y provocaron un panorama desolador, que contiene, entre otros, los siguientes aspectos: El primer semestre con mayor número de homicidios dolosos en los últimos 20 años, es decir, desde que se realiza el recuento. La política de amnistía de facto al crimen organizado ha resultado un rotundo fracaso. En números de la Secretaría de la Defensa Nacional: en los primeros seis meses ocurrieron 402 mil 89 delitos de alto impacto y 877 agresiones a las autoridades federales. De ellos, 14 mil 966 son homicidios dolosos y feminicidios, 275 mil 994 robos, 98 mil 524 robos a vehículos, tres mil 935 casos de extorsión, 691 secuestros y 7 mil 979 violaciones.

Hay escasez de medicinas en los hospitales públicos y faltan vacunas en todo el país. Los recortes al gasto público y la centralización de las compras de medicamentos resultan crueles e inhumanos pues atentan contra los enfermos y la niñez. La economía está sufriendo su peor caída del siglo: el Producto Interno Bruto cayó del 2.5 al 0.1 por ciento.  Lejos de propiciar las condiciones para crear empleos, en los primeros ocho meses se perdieron 72 mil 547 puestos de trabajo, algo que sólo ocurrió al inicio del gobierno de Ernesto Zedillo, quien hizo frente a una grave crisis económica mundial.

Si Carlos Marx viviera, contra López Obrador estuviera, porque encarna los vicios que el filósofo alemán criticó en Luis Bonaparte. Aunque sus fieles más convencidos lo adoran como si el presidente

fuera un hombre de izquierda, Marx seguramente lo rechazaría y lo llamaría también un aventurero que,

después de 20 años, llegó a la presidencia porque coincidió con la obsesión de la clase más numerosa.

“Él -dice Marx de Luis Bonaparte-, intentaba ganar popularidad con propuestas puerilmente estúpidas… insinuar la íntima aspiración, sólo entorpecida por las circunstancias del momento, de ofrendar al pueblo francés sus tesoros ocultos… obtener dinero regalado y prestado, tal era la perspectiva desde la cual esperaba engatusar a las masas”. Si encuentra algún parecido los programas clientelares del régimen no es mera coincidencia.

Termina Fernando su libro diciendo: “Aguascalientes no es una isla ajena a lo que ocurre a nivel nacional. El impacto de las políticas del populismo se resentirán tarde o temprano. Es hora de pensar en las estrategias necesarias para evitar que nuestro nivel de vida, uno de los más altos del país, se deteriore; es hora de volver a pensar sobre las formas de superar la pobreza extrema y la pobreza a secas. No tenemos

vientos favorables, pero no debemos replegar las velas”. El Libro “México en picada” lo absorberá de principio a fin, por sus verdades contundentes. El día de hoy, con invitación abierta a la ciudadanía, y con la presencia de la clase política y empresarial de Aguascalientes se presentará el libro a las 18:30 hrs. en el Hotel Quinta Real.