Por J. Jesús López García

93. Casa en la calle Guzmán #417Las modas y las tendencias que se presentan como expresión que se siguen entusiastamente, tienen en su propio conjunto de características una particular fecha de caducidad; y es que el tinte de lo nuevo que acompaña a las modas y las tendencias en el diseño se dirigen en varias ocasiones a la impresión espectacular o a la suntuosidad de aquello que por reciente llama la atención, buscando permanecer en el imaginario colectivo un tiempo más de lo permitido por su propia naturaleza pasajera.

El riesgo de ello es que espectacularidad y efecto vistosos parecen en el diseño reforzar en su presencia mediante la reiteración y el dramatismo, lo que a un largo plazo puede llegar a cansar, más que impactar. Además lo <<último>> se diluye con la sobrexposición desencadenada, paradójicamente, por la fascinación de aquello que se nos presenta por primera vez. Edificios espectaculares que en su tiempo y contexto aparecieron como innovadores o fácilmente comprensibles en tal o cual tendencia -como la Ópera de París de Charles Garnier realizada bajo clave ecléctica-, han mantenido su encanto debido al uso así como a la vocación cultural y social en que se insertan.

Sin embargo, existen otras obras dedicadas a las labores cotidianas -entendidas como todas aquellas ligadas al habitar un espacio de vivienda o trabajo- de la colectividad, al presentarse esas características formales del último grito de la moda, que con el pasar de los años parecen más una adherencia incómoda que una parte importante de su diseño. Otros, como los del comercio realmente están en continuo cambio por lo que las novedades para bien o para mal se suceden sin dejar mucha huella. En música serían más un arreglo machacón y chocante, y no elementos significativos de la composición.

¿Pero qué ocurre con la casa o los inmuebles de uso diario? En ocasiones nos dejamos llevar, clientes y arquitectos, por soluciones y materiales populares por su pertinencia momentánea, y al final tenemos resultados y componentes que en un lapso reducido corren el riesgo de parecer surgidos de algún baúl de recuerdos que a pocos continúan gustando, por ello la contención y la mesura son buen antídoto contra el transcurrir del tiempo, pues aquello que se resguarda de los aspectos deslumbrantes de las primicias superficiales -las hay de gran y positivo impacto también-, presume más las líneas generales de la propuesta y de la claridad de su apreciación y uso, que de un tinglado decorativo siempre sujeto al menosprecio como <<cosa pasada>>.

En Aguascalientes existen varios enclaves urbanos interesantes respecto a sus características arquitectónicas y urbanas, resaltando el interés por la asimilación del paso del tiempo, independientemente del estado de conservación física -dependiente de la calidad de su mantenimiento- pues a pesar del año de su construcción aún parece haberse levantado no hace mucho. Como caso podemos citar el tramo de la calle Guzmán al girar a la derecha por Zaragoza donde nos encontramos con una serie de casas de alrededor de medio siglo, que contemporáneas sin exageraciones estilísticas en su momento, siguen hoy actuales, sobrias en su diseño, funcionales en su disposición, amables con quien en auto o a pie transitan por el lugar.

Esa manera de urbanizar, mesurada en la dimensión del solar intervenido, respetuosa del trazo preexistente y con edificios que sin ser repeticiones, mantienen el mismo lenguaje formal, permite crear sitios con una personalidad propia pero a la vez integrada a su zona, además de disponer de manera natural los usos mixtos -comercio y servicios aunados a la vivienda- que han de dar vida de barrio al lugar sin transgredir su vocación original. En el tramo de la calle Guzmán es notorio que ninguna casa ha cambiado el uso de suelo en todo el tiempo transcurrido, como ha sucedido en otras muchas calles de la ciudad, incluso más recientes.

Permanecer en el tiempo es una de las características que en ocasiones se refieren como propias de la arquitectura: No es sólo el permanecer sino el hacerlo de una manera digna. Actualmente existen edificios que por su naturaleza cambian hasta hacer irreconocible su imagen y constitución originales, pero para los demás queda la sana mesura como una especie de vacuna contra cambios superficiales -que a la postre sólo inducirán más cambios superficiales- propiciatorios de una mutación continua del entorno urbano-arquitectónico poco reflexiva que trata de saturar novedades donde ya no caben y que de paso minan la capacidad de la sociedad para apreciar los rasgos más definitorios de la imagen de nuestra, aún hermosa, ciudad de Aguascalientes.