“El Bronco” llegó a la INE en una suburban blanca, con su mujer, sus hijos, su madre, su suegra, medio gabinete y un montón de acarreados. Un gallo giro que nomás cacaraqueó del apretón que le dieron, y Julio César Chávez que se escabullía de un lado a otro como si el patio del organismo electoral fuera un ring.
“No empiecen, no empiecen con sus preguntas.. Yo lo apoyo porque es mi amigo, cabrón. ¿Por qué? Pus, porque yo puedo apoyar al que yo quiera. Soy mexicano, estamos en un país libre y soberano, cada quien puede votar por cualquiera”.
El matemático Raúl González, medallista olímpico, ex funcionario salinista, hoy integrante del gabinete del Gobernador de Nuevo León, animaba al pugilista: “Dile, Julio, cuáles son las cualidades de El Bronco”.
“Díceselas tú, tú dile lo que quieras”, respondía el ex boxeador moviéndose de aquí para allá, con las manos metidas en las bolsas del chaleco.
“Dile cuál es el mejor golpe que ‘El Bronco’ tiene que tirar para ganar. ¿El gancho? ¿El jab?”.
Ahí sí se emocionó el César: “El gancho al hígado”, dijo.
“Directo al costado izquierdo del Peje”, añadió otro.
“Yo no soy marinero, por ti seré, por ti seré”, cantaban los Trovadores de Juan Castillo, que llegaron a las seis de la mañana de Ixcalpan, Veracruz, a amenizar el prerregistro de Jaime Rodríguez como aspirante presidencial independiente.
“Si me preguntan quién es el candidato efectivo, voy a decir que él, porque él es el jefe grande, porque para eso nació”, decía el músico pagado Juan Castillo.
“El Bronco” seguía siendo el mismo: Fanfarrón, malhablado, con las alforjas llenas de promesas. Se dejó levantar la mano por el cuatro veces campeón mundial y luego se fue dizque a pedirle permiso a los funcionarios del INE para dejar botado el cargo de Gobernador y entregar su carta de aspiraciones.
– ¿Y cuándo va a renunciar en Nuevo León?
– Primero déjame entregar los papeles, cabrón, porque si no… todavía no sé si me los acepten.
Se amontonaron los periodistas, se enredó y se cayó un camarógrafo.
“El Bronco” no es Vicente Fox prometiendo matar a las tepocatas priistas, resolver el conflicto armado de Chiapas en 15 minutos o pidiendo no leer el periódico para vivir más contentos. Pero se le parece.
“Me exorcisé, me guacarié y me saqué al PRI totalmente de mis venas y de mi corazón”, dijo el independiente.
Y luego dio lecciones de ética a los periodistas: “Ustedes deben decir la verdad, pero no manipular esa verdad, no hacer que esa verdad se convierta en confronta, en enojo de una sociedad que lo que quiere es ser feliz”.
Y aunque no ha cumplido todos sus compromisos de gobernador, prometió que aún puede.
“Espero lograrlos en estos dos meses, tres meses de lo que falta del año”, precisó.

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