Por J. Jesús López García 

Sin duda alguna, la arquitectura fúnebre ha impreso su huella en varias de las edificaciones más significativas en toda la Historia de la humanidad, baste citar los ejemplos de las pirámides del Sol y de la Luna -piezas del conjunto de Teotihuacan en las cuales se encontraron elementos testimoniales de entierros y ofrendas funerarias, lo que a decir del Dr. Saburo Sugiyama, docente de la Universidad de Aichi, Japón, indica que fungieron como depósitos funerarios-, así como el Mausoleo de Quin Shi Huang, descomunal espacio mortuorio que alberga a los Guerreros de Terracota de Xi’an, los cuales podemos admirar cómo «cobran vida» en la película The Mummy: Tomb of the Dragon Emperor (La momia: la tumba del Emperador Dragón) de 2008, estelarizada por Brendan Fraser.

Podemos comentar que la arquitectura funeraria de manera estricta no tiene una función utilitaria pues el ocupante principal -no obstante la creencia que sustentó la fábrica de sus edificios-, realmente no puede experimentar el espacio preparado para el supuesto disfrute. El efectivo soporte para su construcción es el recuerdo en las tumbas de las personas comunes, y en el caso de los grandes personajes, el afianzamiento de la memoria colectiva al cerrar así un ciclo del vivir, no del personaje, sino de la comunidad.

Son pues recuerdo y/o conmemoración, la materia prima de los mausoleos, llamados así en honor del sátrapa Mausolo, iniciador de la gran tumba en Halicarnaso, conocida como Mausoleo e incluso hoy en día se les designa así a las tumbas sobresalientes. La memoria de un personaje importante para la comunidad refuerza los vínculos de esa agrupación con su historia y con rasgos de su característica más íntima, o de sus elementos de identidad que más orgullo le producen.

Con relación a lo expuesto, una de las últimas actividades conmemorativas del pasado año 2016, dedicado a los 150 años del natalicio del escultor decimonónico aguascalentense Jesús Fructuoso Contreras, está por terminarse un mausoleo dedicado a la memoria del artista. El volumen se ubica en el espacio contiguo a la portada del Museo de Aguascalientes, donde se encuentra una réplica de la famosa escultura «Malgré Tout» -A pesar de todo-, una de sus obras más significativas cuyo original se encontraba en la Alameda Central de la Ciudad de México antes de ser ubicada en el Museo Nacional de Arte (Munal). La escultura en cuestión dio nombre a una pieza musical para piano, por parte de Manuel M. Ponce, a interpretarse sólo con la mano izquierda, en clara alusión a la pérdida del brazo derecho del artífice Contreras.

La carencia del miembro es una de las características principales del personaje, misma que hace eco en el mausoleo proyectado por el arquitecto José Luis Jiménez García, a la talla del «cubo de pirámide invertida», uno de los símbolos de la masonería con la cual Contreras comulgaba. Ese hexaedro representa el trabajo coordinado del brazo derecho, que a golpe de martillo sobre la cuña sujetada por la mano izquierda, va dando forma a la figura a la que alude el edificio, cuya poliedro invertido apunta, con un haz de luz cenital al motivo del mausoleo: un duplicado de la escultura «Almitas» bajo la cual en una urna cúbica suspendida se encontrarán los restos del artista. El edificio en su vértice noroeste exhibirá además una copia del trabajo denominado «Femme», a manera de una cariátide liberada de su peso con lo que se refuerza la percepción de ingravidez de las figuras del interior, y del mismo sólido cúbico que parece despegarse del suelo.

La sencillez geométrica del edificio posee referencias arquitectónicas de múltiples fuentes: las ya mencionadas pirámides o el Cenotafio de Newton y otras concepciones del arquitecto de la Ilustración Étienne-Louis Boullée, que entre algunas expresiones plásticas, ilustran los motivos simbólicos, estéticos y conceptuales de la nueva obra arquitectónica.

El bloque cubierto de piedra es una obra arquitectónica que restaura la composición urbana perdida con la demolición en 2004 de una vieja finca, anclando en ese mismo emplazamiento un producto actual entre dos edificios cien años más antiguos, el Museo de Aguascalientes y la Iglesia de San Antonio, contemporáneos en espíritu al eclecticismo francés del escultor que se festeja.

Hermético por fuera, cargado de simbolismo introspectivo por dentro, el mausoleo es una construcción alusiva a las claves masónicas, pero también referida al espíritu atemporal de lo que la arquitectura funeraria se ha querido que sea y continúe siendo para siempre: un espacio para el reposo eterno de los muertos, un ámbito también para el ejercicio del recuerdo y la reflexión de los vivos.

En la propuesta, la arquitectura vuelve a los viejos temas de la memoria y la rapidez de la vida para configurar un recinto que expresa nuestro presente, para lanzarlo a la posteridad venidera y crear con ello las condiciones para continuar trazando la cartografía de la rememoración de la comunidad y de nuestra historia, a la vez etérea y cincelada en piedra. Indiscutiblemente el recinto para evocar a Contreras se alza como una obra, actual, fresca y con gran plasticidad formal.

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