Hace ya un par de días, me permitía compartir en redes sociales un breve y brillante texto de Jorge Galindo titulado Feminismo para hombres. Me permito recuperar de dicho texto sus líneas introductorias: “Cuando un hombre se acerca al feminismo suele hacerlo planteándose lo siguiente: ¿Qué rol se piensa que tienen y que rol deberían ocupar las mujeres en nuestra sociedad? ¿Se considera que el rol tiene que cambiar, avanzando y alcanzando así una igualdad plena? Si la respuesta se parece a un sí, entonces resuelve ser feminista”.

Tras la entretenida lectura, como conclusión se puede obtener que constituye una obligación y una responsabilidad el poder reconsiderar estas y muchas otras cuestiones sociales. Todo esto, en aras de que se cierre la brecha laboral, disminuya la violencia y los abusos, así como lograr la consolidación en el reparto de los cuidados y de las tareas en el hogar para que éstos sean equilibrados; por ello es que los primeros en cambiar también algunas actitudes debemos ser nosotros, los hombres, ya que nada impide ni impedirá que nos veamos, por mencionar algunos ejemplos: limpiando, criando, cocinando, renunciando, perdiendo y, en definitiva, cambiando.

Como temas relacionados al feminismo y su regulación tanto legal como jurisprudencial, han entrado en el argot político cuestiones que se relacionan directamente con el cuerpo de las mujeres, la libertad de procreación y la paternidad; esto es, la gestación por subrogación, también denominada maternidad subrogada. La citada forma de gestar ha sido y seguirá siendo objeto de análisis por tribunales internacionales de derechos humanos, naciones enteras e inclusive entidades de nuestro país para su posible regulación desde perspectivas interesantes que abarcan criterios mercantiles, tributarios y por supuesto, de derechos humanos.

Para efectos del presente texto, considero más que prudente y necesario el señalar que el objetivo de una regulación de situaciones como las citadas, no puede efectuarse ni desde la perspectiva económica o mercantil, ni mucho menos cuando pretenden lucrarse con la necesidad. La premisa fundamental para regular la cuestión debe de ser y respetar uno de los bienes más preciados que tenemos los seres humanos, que es la libertad, misma que definitivamente no puede ni debe jamás tener precio alguno, ya que la libertad lleva aparejada la dignidad y juntas no deberán ser jamás objeto de transacción.

La evolución de las técnicas de reproducción asistida permite hoy gestar embriones obtenidos con material genético de otras personas. Esto ha abierto la puerta a que parejas con problemas de fertilidad puedan engendrar un hijo y gestarlo en el cuerpo de otra mujer. La existencia de países donde está permitida, sea mediante pago o de forma altruista, está propiciando un turismo reproductivo que plantea muchísimos problemas éticos y jurídicos, como la aparición de un lucrativo negocio de intermediación, el abuso y explotación de mujeres pobres y una inseguridad jurídica cuyas consecuencias pagan no sólo las parejas que recurren a la gestación subrogada, sino también los niños nacidos por este procedimiento.

La introducción de este tipo de temas para el debate, resulta más que necesario y debe estribar sobre muchos aspectos filosóficos, éticos y jurídicos, entre ellos, el saber si una mujer debe decidir libremente si quiere gestar o no para otra persona; entender en qué condiciones puede ser esa elección verdaderamente libre y si es posible garantizar que esa libertad exista bajo una ley compleja y completa que regule las condiciones en las que se toma esa decisión.

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