Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores iniciamos con un bosquejo respecto a la situación que se presenta en torno al marco legal e institucional en el uso público urbano, por ende en los organismos operadores. Comenzamos con la primera parte, así que vayamos al tema:
Es indudable que es un enorme reto brindar a las ciudades: a) Servicios de agua potable y saneamiento suficientes en cantidad, calidad y continuidad, b) a través de operadores autosuficientes tanto técnica como administrativamente y c) con horizontes de viabilidad y sostenibilidad que no hemos cubierto cabalmente en México. Razones válidas, políticas equivocadas, omisiones y quizá falta de creatividad al identificar los problemas, más que de medios suficientes o técnicos, están detrás del problema.
El fenómeno que convierte a las ciudades medias en grandes centros urbanos, es un crecimiento muy acelerado y normalmente sin control. Pareciera fácil sugerir que se requieren medidas para controlar el crecimiento urbano, sin embargo ninguno de los países del mundo ha logrado frenar el crecimiento de las grandes metrópolis en forma efectiva, antes de que se conviertan en un problema. En México, en especial, los grandes centros urbanos como la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, se encuentran por encima de los 1500 metros sobre el nivel del mar y situados en un entorno geográfico que pareciera hacerlos inviables en el largo plazo. Dotarlos de servicios de agua y saneamiento ha constituido un reto técnico y tecnológico todavía en vías de solución, pero la ingeniería mexicana ha ido resolviendo los problemas con éxito y seguramente lo seguirá haciendo.
Sin embargo, otra parte del problema es el reto que representa la sustentabilidad de los servicios urbanos a través de: a) Organismos públicos o privados, eficientes y confiables; b) Que los servicios cuenten con planeación de largo plazo que garantice el abastecimiento y disposición de las aguas residuales sin afectar al medio ambiente; y c) Que los organismos cuenten con sistemas financieros autosuficientes, transparentes, dignos y equitativos para la población a la que sirven.
Aunque esto se ha cumplido en parte en algunas ciudades, es evidente que las experiencias exitosas no han sabido aprovecharse en forma consistente para solucionar los problemas en el largo plazo. Lo que es un éxito en el norte, no ha sabido utilizarse o instrumentarse en el centro y el sur, y lo aprendido no siempre llega a consolidarse, sino que repetidas veces se muestran retrocesos en algunas de las ciudades o en sus organismos operadores.
Lo anterior es contradictorio, si consideramos que las grandes ciudades tienen todas ellas: a) economías de escala muy importantes que aportan reducción a los costos del servicio, b) usuarios económicamente fuertes que facilitan en la mayoría de los casos la posibilidad de subsidios cruzados entre usuarios y entre tipos de uso del agua; c) y por otra parte, las ciudades son las que resultan más atractivas para una eficiente inversión privada que multiplicaría la capacidad del Estado para prestar servicios a la población agrupada en pequeñas comunidades.
Analizando la problemática nos encontramos con que existen serias deficiencias de políticas públicas: a) No existen una política hídrica nacional consistente con los planteamientos de considerar al agua un asunto de estrategia y seguridad nacional (por más que se mencione esto) para garantizar su sustentabilidad y aprovechamiento eficiente para el desarrollo de México, manteniendo el equilibrio del medio ambiente; b) No existe tampoco una política nacional de agua potable ni saneamiento consistente con los objetivos de lograr la prestación de los servicios a toda la población, en forma autosuficiente y sostenible; y c) No hemos definido en qué consiste el derecho al agua que el estado tiene obligación de garantizar a todos los habitantes. Es indudable que garantizar a la población acceso al agua potable cualquiera que sea la condición económica de las personas es un asunto de política de estado, Pero tenemos las siguientes interrogantes ¿Acceso al agua o servicio domiciliario deben ser lo mismo? ¿Volumen domiciliario limitado y sin costo, o acceso a fuentes sin costo?
Es necesario analizar con detalle este aspecto y sus consecuencias en la operación de los servicios para pronunciarse sobre él con una política clara y definida. Por ejemplo: Si optamos por servicio domiciliario de un volumen mínimo sin costo para subsistencia, coartamos la posibilidad de suspensión de los servicios por parte del operador, en tanto que el acceso a fuentes cercanas, le facilitaría el mecanismo de corte en caso de morosidad.
Los servicios de agua potable y saneamiento son obligadamente de largo plazo y su sostenibilidad exige una masa económica crítica de usuarios. Depositarlos en una autoridad de corto plazo como el municipio, sin la intervención de los estados, ha cuestionado aparentemente sus posibilidades de sostenibilidad y los convierten en una carga para la mayoría de los municipios del país. En el caso de las grandes ciudades, por ser en su mayoría capitales de estado, su atención se convierte en prioritaria para las autoridades, a pesar de su servicio a precios deficitarios. Esto las convierte en mayores atractivos de concentración urbana y desequilibrio para su entorno.
La condición monopólica de los servicios, exige la regulación de los mismos, tanto por los aspectos económicos de la sociedad de mercado, como por los aspectos constitucionales señalados en el artículo 28 constitucional, situaciones ambas relegadas hasta la fecha. Adicionalmente, todos los diagnósticos realizados para las ciudades del país, en los que se ha planteado la posibilidad de la participación privada, han coincidido en la necesidad de un marco regulatorio para garantizar su viabilidad. Tomando en cuenta que la ley otorga al municipio la responsabilidad de los servicios, es necesario considerar la regulación como una función de los estados y en casos extremos de la federación. Continuamos la próxima semana, recordando que estos rubros son necesarios para que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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