COLUMNA CORTELa Meca del Cine, otrora fábrica de sueños que permeaba de venturoso espejismo y escapismo a la conciencia del colectivo cinéfilo, se ha transformado en un Infierno que ni Dante podría conjurar. Los elementos que producen cohesión en esa bizarra comunidad con aureola de neón son el cinismo, la deslealtad y una fijación enfermiza con la fama que corrompen su atmósfera. El maestro de la sátira occidental David Cronenberg toma estos materiales en su más reciente filme titulado “Mapa a las estrellas”, como argamasa narrativa para edificar una sátira pavorosa sobre una familia de altos niveles de toxicidad existencial, que funge de metáfora sobre la realidad californiana residente en un apocalíptico Hollywood. El punto focal es la familia Weiss, donde papá Stafford (un John Cusack osado y energético como hacía años no lo veíamos) es un analista y entrenador emocional para las tribus hollywoodenses, en particular de una actriz madurita llamada Havana (la estupenda Julianne Moore), quien se ve perseguida por sus propias inseguridades y el fantasma metafórico -y en ocasiones literal- de su madre, otrora estrella de cine que le proyecta la sombra de un legado inalcanzable. Por otro lado, mamá Christina (Olivia Williams) es incapaz de generar apego emocional con alguien, ni siquiera con su esposo Stafford, a la vez que funge de mánager de su hijo Benjie (la revelación Evan Bird), un pequeño tirano de 13 años que ha triunfado gracias a una sosa película de esas que el público cautivo de Nickelodeon o Disney XD suele transformar en fenómenos culturales y ello sacia su pubertad megalomanía, mas no su carácter violento, el cual guarda instintos de núbil homicida. Este cuadro de personajes se verá trastocado aún más con la llegada de Agatha (Mia Wasikowska), hermana de Benjie con tendencias pirómanas recién liberada del sanatorio mental. Ella entablará una curiosa relación con tintes de desesperación romántica con un chofer de limusinas llamado Jerome (Robert Pattinson en su mejor papel hasta el momento), ardoroso aspirante a guionista y actor, pero tibio en su contacto con otros seres humanos. Este rico y bien confeccionado tapiz de personajes plantea, en efecto, un mapa hacia a una geografía malsana y torcida donde nada es lo que parece y los espectros del pasado suelen cobrarse sus cuentas de forma cara y dramática. Cronenberg fusiona aquella mirada visceral e inaudita con que se nos revelara hace algunas décadas en filmes tan brillantes y visionarios como “Videodrome” o “Scanners”, con la madurez y firmeza cinematográficas vistas en proyectos recientes más consagrados a la dramaturgia fílmica, como “Una historia violenta” y “Promesas peligrosas”, salpicando la narrativa con humor ácido carbólico y momentos de horrendo antropocentrismo con los desgarros psicológicos en todos los personajes, pues ninguno está exento de algún vicio existencial, y todos, de alguna forma, parecen condenados tan sólo por vivir en este averno de Los Ángeles que los cobija con promesas de fama y fortuna, pero sólo les regurgita sus propias almas destruidas. “Mapa a las estrellas” es una ironía formidable que debe verse, pues es un oscuro antídoto a la felicidad que en apariencia se encuentra en ese colorido arcoíris que brota de Hollywood, firmamento de carne más que de astros fulgurantes.
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