Con el Miércoles de Ceniza, inicia la Cuaresma, por ello el vicario general de la Diócesis, Javier Cruz, dio a conocer el mensaje del Papa Francisco con motivo de este tiempo litúrgico.
Al respecto, advirtió sobre los falsos profetas, que son como “encantadores de serpientes”, pues se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren.
En ese sentido, el ministro religioso cuestionó “cuántos se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”.
Explicó que otros falsos profetas son esos “charlatanes” que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles; “cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de ‘usar y tirar’, de ganancias fáciles pero deshonestas”. Y agregó: “cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas, pero que después resultan dramáticamente sin sentido”.
Dijo que estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. “Es el engaño de la vanidad que nos lleva a pavonearnos, haciéndonos caer en el ridículo, y el ridículo no tiene vuelta atrás”.
Comentó que no es una sorpresa, pues desde siempre el demonio, que es “mentiroso y padre de la mentira”, presenta el mal como bien y lo falso como verdadero para confundir el corazón del hombre.
“Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien”.
El vicario general de la Diócesis expuso que lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, raíz de todos los males; “a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus sacramentos. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras certezas”.
Finalmente, destacó que la Cuaresma es el tiempo de gracia, en el que los sacerdotes están facultados para absolver pecados que sólo el Obispo puede perdonar en cualquier época del año, como el aborto.

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