Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Sentido homenaje al maestro de ayer, de hoy y de siempre. Hace cien años, cerca del 80 % de la población mexicana vivía en el medio rural misma que no sabía leer ni escribir. Ante este orden de hechos surge la noble estirpe de los maestros misioneros, quienes fueron de comarca en comarca instalando escuelas a  lo largo y ancho del país; iniciando, de esta manera, la proeza de alfabetizar a México con el fin de transformar la vida económica, política, social y cultural, de sus habitantes.  Poco después, se sumaron a este esfuerzo nacional los primeros maestros de las normales rurales; los que, a su vez, con vigoroso espíritu de servicio también contribuyeron al mejoramiento de la vida de las familias rurales y de su entorno; pues no tan sólo enseñaron a leer y escribir, la geografía e historia patria, los números y la ciencias naturales, con ardua y perseverante labor  promovieron, además, la mejoría económica de los hogares, la higiene, la salud, las actividades cívico–culturales, el deporte y la recreación, de pueblos enteros, cambiando con tenacidad y entrega emocionada el rostro de México.

Autoridades, padres de familia y maestros, con fe, devoción y patriotismo, lograron prodigios: transformaron al México rural en México urbano, creando condiciones para una mejor calidad de vida. La hazaña empezó con veinte o treinta escuelas; hoy contamos con más de 265 mil escuelas en toda la República, en las que se atienden más de 32 millones de niños y jóvenes. El crecimiento cuantitativo ha sido impresionante; sin embargo, hoy los maestros de Aguascalientes y de México tenemos nuevos desafíos:  los cambios sociales y culturales de los últimos años, la creciente incorporación de las madres de familia al mundo laboral, las transformaciones de la organización familiar, la pobreza, la desigualdad social, el aislamiento, la violencia y la inseguridad, entre otros. Por tanto, las maestras y los maestros debemos estar conscientes que a nuestras escuelas asisten niños y adolescentes con oportunidades de jugar libremente, de relacionarse con los demás, de acudir a eventos culturales y de esparcimiento y de interactuar con los medios tecnológicos a su alcance; mientras hay otros niños y adolescentes que no tienen los recursos ni las oportunidades para desenvolverse en la más elemental justicia social. Entendamos y aceptemos que, por una parte, las adversidades y las desigualdades de la población escolar imponen desafíos en la atención pedagógica, bajo el supremo principio que todos los niños, todos los adolescentes  y todos los jóvenes, independientemente de su condición, tienen derecho de recibir educación de calidad; y, por otra parte, tienen el soberano derecho de ser formados con las ciencias y tecnologías avanzadas para ser capaces y competitivos en el mundo global, al que estamos inmersos.

Estos son los nuevos retos, que son posibles de superar con la férrea voluntad y participación de todos. A lo largo de la historia educativa, las maestras y maestros de Aguascalientes y de México, junto con padres de familia y autoridades, hemos demostrado que somos capaces de vencer los más complicados y complejos obstáculos; que las maestras y maestros hemos hecho realidad utopías y, pocos días después, superamos lo imposible. Para ello, tan sólo necesitamos un nuevo plan rector, pero que ahora emerja de los interiores de la República, con propósitos visionarios, metas alcanzables, estrategias congruentes y acompañamientos ordenados y sistemáticos en las acciones. Con la instrumentación de este plan saldremos adelante, pues debe quedar claro en Aguascalientes y en cada rincón de México, ahí donde palpita el corazón de un auténtico maestro, ¡ahí la Patria está a salvo!

(Palabras expresadas El Día del Maestro en la entrega de medallas a los que cumplieron 30 y 40 años de servicio educativo).