Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La inmensa mayoría de los maestros, por no decir todos, piensa que la evaluación del desempeño docente (a partir de 2015) se hará aplicando simplemente un examen de conocimientos como ha sido la costumbre. Maestro, tome nota, ya no será de la misma forma pues han cambiado las reglas, los criterios y los procedimientos, con base en lo establecido en la Ley del Servicio Profesional Docente y con lo que ha dispuesto, hasta hoy, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). En tal virtud, es de suma importancia que los docentes, los directores y los supervisores escolares, conozcan y estén conscientes sobre los cambios que se han hecho, en materia de evaluación, con el fin de que estén preparados en congruencia con los nuevos requerimientos.

Sí, sí habrá un examen sobre los conocimientos disciplinares, las nociones pedagógicas, las estrategias didácticas, los fundamentos legales de la educación mexicana y otros rubros que se aplican en la práctica docente; sin embargo, la novedad, lo que ahora tendrá mayor importancia y peso será lo que el maestro hace en el salón de clases, en los distintos espacios de la escuela y en la localidad, o colonia, donde está ubicado el plantel educativo. Para ello, un evaluador externo, certificado por el INEE, llegará al salón de clases para observar directamente el desenvolvimiento de la lección frente a grupo, tomará nota de los procedimientos en la enseñanza; verificará el dominio y la solidez de los conocimientos aplicados; identificará los propósitos educativos, las competencias que se desarrollan en los alumnos y los enfoques que subyacen en el desarrollo de la clase; registrará los soportes pedagógicos y las estrategias didácticas, empleados; constatará los recursos, o las habilidades, que utiliza el docente para atender las diferencias individuales, y verificará las formas de evaluar los aprendizajes de los educandos en el aula.

Sin embargo, como no será suficiente la observación de las clases para recabar todos los elementos de juicio que requiere una evaluación justa, el evaluador destinará tiempo suficiente para entrevistar al maestro observado, y en este diálogo el docente tendrá la oportunidad de explicar ampliamente y argumentar todo lo que hace para que sus alumnos logren los aprendizajes deseados; pero, tome nota maestro, lo que se diga y se argumente deberá ser acompañado de un Portafolio de Evidencias, es decir, de documentos comprobatorios de lo que se ha hecho durante el ciclo escolar con objeto de mejorar los procesos de la enseñanza y los aprendizajes de los estudiantes. Estos documentos, o evidencias, serán como planeaciones didácticas; proyectos de mejoramiento educativo de un determinado grupo, de la escuela o de la comunidad escolar; observaciones de clase de autoridades y observaciones de pares (de los compañeros maestros); autoevaluaciones de la práctica docente, de todo lo que ésta implica; exámenes utilizados para evaluar; trabajos de los alumnos; entrevistas realizadas a los padres de familia y a otros actores de la educación; encuestas para recabar datos que apoyen el quehacer educativo; investigaciones realizadas para elevar el nivel de efectividad en la enseñanza y datos que soporten avances educativos, entre otras evidencias. Al respecto, conviene aclarar que no se trata de reunir simplemente muchos papeles en el portafolio; las evidencias para que tengan valor y se justifiquen deben tener una estructura técnica, orden, propósitos claros, acciones realizadas, metas y resultados, es decir, deben mostrar avances progresivos del trabajo en el aula y fuera de ella. Por otra parte, el maestro debe tener evidencias de lo que aporta y en lo que contribuye en la gestión escolar, como en el caso de la Ruta de Mejora; y evidencias de su participación en las actividades educativas para mejorar el ambiente escolar y de la comunidad, o colonia, donde se encuentra el plantel. En síntesis, se requieren evidencias de lo que el docente hace en el salón de clases, en la gestión de la escuela, y en la comunidad.

Por principio de equidad, para evaluar al docente de manera justa, se tomarán en cuenta las condiciones de la escuela donde labora: si en ésta existen todas las instalaciones físicas y en buen estado, cuenta con equipamientos necesarios para apoyos educativos, y se ubica en zona urbana de nivel socioeconómico medio, o alto, los criterios de evaluación serán más exigentes. En cambio, habrá más comprensión y flexibilidad para evaluar al maestro que labora en la escuela marginada, o rural, porque en estos medios hay carencias de todo orden, y los padres de familia, generalmente, son de escasos recursos, entre otras desventajas. Parece una buena medida, ojalá no se pervierta.

Finalmente, es bueno destacar que, según Sylvia Schmelkes, Directora General del INEE, la evaluación del desempeño docente tiene un enfoque formativo, esto es, el propósito fundamental de la evaluación es detectar fortalezas y debilidades de la práctica docente, y cuando se detecten las deficiencias, de inmediato se implementarán apoyos grupales y hasta individuales, a través de tutores, para actualizar y acompañar a los docentes que presenten las debilidades hasta lograr que superen la práctica docente, y esta superación profesional dará como resultado el mejoramiento en los aprendizajes de los alumnos, que es lo que se desea con la Reforma Educativa. De esta manera, el enfoque formativo de la evaluación consiste en formar, permanentemente, mejores docentes para bien de los niños.

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