Por: Itzel Vargas Rodríguez

Alexa Moreno, será un nombre que pase a la historia por un incómodo episodio en el que ella fue protagonista pero seguramente no quiso ser partícipe.
Justo en los que va de los Juegos Olímpicos de Río, esta joven representó a México en gimnasia artística, quedando al final en el lugar 32. Pero lejos de analizar si su resultado fue positivo o negativo (que hay que tomar en cuenta que en términos deportivos ya llegar a unos Juegos Olímpicos es un logro muy grande), lo que se llevó el foco online de las noticias fue la polaridad de opiniones que generó alrededor de ella.
Por un lado, la gran cantidad de comentarios negativos surgidos en redes que de forma despectiva se mofaron del físico de Alexa, por su peso y complexión, dejó a relucir ese triste mexiquito que todos llevamos, que muchas veces no dimensiona el impacto de las bromas de mal gusto y hiere muchas susceptibilidades de por medio.
Dichas ofensas, pronto se convirtieron en materia de crítica nacional y rápidamente mundial. Muchas personas de otras nacionalidades defendieron el trabajo realizado por Alexa y la nota salió en medios internacionales, justamente poniendo en ridículo a la sociedad mexicana que la había desvalorizado.
Ella por su parte, el único pecado que cometió fue el de representar a un país en unos juegos olímpicos y hacerlo lo mejor que le fue posible.
En fin, un tema bastante lamentable porque nos regresa a esa discusión antigua de quién es el culpable de los males de los que tanto nos quejamos en nuestro país, y la respuesta termina siendo que es una responsabilidad compartida. Carecemos de ese tipo de diplomacia humanitaria, que muestre en nuestro comportamiento afinidad, tolerancia e inclusión.
Más que un tema de revuelo social, si debiera ser un ejemplo de situación a analizar de forma reflexiva, porque si bien la tecnología y ahora las redes sociales están permitiendo que la conectividad y comunicación sean cada vez más sencillas, también son herramientas que hay que saber usar y nunca está demás, tomar en cuenta que aún desde un perfil personal, se puede herir percepciones, susceptibilidades, intenciones y sobre todo personas a nivel mundial.
Finalmente, aunque un comentario sea de broma, tomemos en cuenta que nuestras acciones delimitan quienes somos ante la sociedad, y uno mismo representa usos y costumbres de una región o nacionalidad, en pocas palabras, somos marca-país a cada instante que interactuamos con redes de conectividad mundial.
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