RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El viernes pasado se conmemoró el aniversario luctuoso de Luis Donaldo Colosio. Su muerte enmarca realmente el fin de un tiempo mexicano y es un fenómeno que por un lado nos regresó, políticamente, a 1928 al asesinato del presidente electo Álvaro Obregón y por otra parte nos tiró de bruces hacia una modernidad para la que creo que no estábamos preparados, porque el único resultado del asesinato de Luis Donaldo Colosio fue la paulatina muerte del Partido Revolucionario Institucional. Todavía recordamos que una de las explicaciones sobre el asesinato le fue atribuida por el presidente de entonces, Carlos Salinas de Gortari, a la nomenclatura del PRI –que sería la equivalencia a lo que ahora Andrés Manuel López Obrador llama “la mafia del poder”- y es de suponerse que los miembros de esa nomenclatura del PRI no estén vivos ya en su mayoría y quienes ya murieron se llevaron dos secretos a la tumba: el primer secreto es por qué la campaña de Luis Donaldo Colosio fue una campaña tan desdeñada por el propio Partido y el por qué fue un hombre tan abandonado por su propia militancia. Y llegó a la ocasión de su asesinato con una campaña débil, no era el entusiasmo que el Partido podía dar, como le dio a otros candidatos en otros tiempos. Unas dos semanas antes del asesinato le preguntaron que por qué no había tenido un intento de acercamiento con el “zapatismo” y él respondió que porque las condiciones políticas no se lo permitían. Y ahí quedó la duda, que es el segundo secreto: ¿quién ordena las condiciones políticas de un candidato a la presidencia de la república? ¿Quién le permite, o no, hacer algo, decir algo, moverse o no, ofrecer, prometer o comprometer? Poco después vino el asesinato y después vimos la presidencia de Ernesto Zedillo cuya única finalidad era destruir al PRI y Zedillo no solamente logró destruirlo con 6 presidencias en el Comité Ejecutivo del PRI sino abriéndole la puerta a un Partido de la oposición después de haberle entregado la Procuraduría General de la República a sus antiguos adversarios políticos en la figura de Antonio Lozano Gracia. Desde ahí observamos la decadencia del PRI y la decadencia del PRI no lo ha abandonado hasta la fecha, hoy volvemos a ver una candidatura presidencial con dificultades, a veces un poco carente de respaldo y de apoyo; una candidatura tan poco priísta como la ciudadanía militante, por llamarlo así, del candidato Meade. Creo que la muerte de Colosio además de ser un gran misterio sobre porqué fue asesinado, habría que encontrar las razones de su muerte en por qué antes de haber sido asesinado fue abandonado. Y en cuanto a su herencia, su legado, solamente nos quedan tres o cuatro frases sueltas de un discurso memorable porque ya hoy, ni siquiera su hijo quiere saber nada del Partido Revolucionario Institucional.

 

JORGE CASTAÑEDA SE UNE AL EQUIPO DE RICARDO ANAYA

Ricardo Anaya, candidato a la presidencia de la república por la coalición “Por México al Frente” sumó a su equipo al experimentado ex Canciller Jorge Castañeda, la cual sin duda es la aportación políticamente más interesante y más importante que ha tenido Anaya desde la conformación del frente. La llegada de Castañeda le da una gran solidez al proyecto de Anaya, y también señala muy claramente que el enemigo ya no es el PAN, eso ya pasó, ya Margarita Zavala de Calderón ya está en las boletas como candidata independiente y está atenida a la suerte de sus electores, vamos a ver cuántos logra tener; pero ahora lo que yo le escuché en una entrevista a Castañeda es cómo está ejemplificando la imposibilidad ideológica del proyecto de Andrés Manuel López Obrador, diciendo que no le busquemos demasiado, que no hay inspiración ni de Chávez, ni de Evo Morales, ni de Fidel Castro, ni de Maduro, no, que la inspiración real es el “Echeverrismo”. Es un proyecto que quiere regresarnos a donde Luis Echeverría nos puso y nos puso mal. Y es muy interesante el análisis que hace Castañeda porque nos dice que este elogio de Ortiz Mena, hecho por López Obrador, “Ortiz Mena el gran economista”, sin ser economista, llegó a México por el desarrollo estabilizador y estable, era parte también de la cultura represiva que revienta con la construcción de un sistema político que desemboca en el 1968.

En lo personal no estoy de acuerdo en que todas las personas que trabajaron en esos años hayan sido partícipes del autoritarismo, como le llaman ahora a esa etapa de la historia de México. No creo tanto que el autoritarismo haya sido tan autoritario. Tengo algunas reservas. Y sobre todo cuando se ven los ejemplos de lo que pasó en algunos años cercanos a esos en la Cuba de Fidel, en la Rusia de Stalin o con Pinochet en Chile. Por eso creo que el autoritarismo “franquista” nunca nos tocó en México, pero lo que sí me parece muy interesante es que por primera vez veo indicios de una teoría política y un conjunto de ideas, sin llegar a ser una ideología completa, pero ideas muy claras que Jorge Castañeda va a incorporar a la campaña de Ricardo Anaya y creo que esto solamente por la presencia de Jorge Castañeda lo hace mucho más competitivo de como estaba Anaya después de todo el affaire de la Procuraduría, el video, el lavado de dinero, la triangulación de fondos, que no se ha terminado, pero ahora tiene a un ideólogo y un abogado de un gran peso en la política mexicana, y un vocero, por supuesto, de primer nivel al cual es difícil, que no imposible, ganarle un pleito. Sin duda es difícil ganarle una discusión política a Jorge Castañeda. Por lo tanto esto se está empezando a poner bien.

 

¿Camino al desencanto?

El clima electoral en México está metido en muchas circunstancias que se complican por la extraña legislación electoral que tenemos, que hace que todo se enrede y a todo se le busquen subterfugios y nos vaya empujando poco a poco a una falta de confianza en todo el proceso y en toda la operación institucional de las elecciones. Creo que por tratarse de la primera vez y por tratarse de algo nunca ocurrido en la historia electoral que es la llegada de candidatos independientes, éste proceso debía haber sido muy escrupuloso y no lo fue. Y no lo fue no porque los aspirantes hayan hecho trampa, que al parecer todos hicieron trampa, la única que al parecer no hizo trampa fue la señora Mary Chuy que juntó muy poquitos apoyos, pero que de acuerdo con su ética fue los que pudo conseguir. Los demás tuvieron inconsistencias, duplicidades, errores, capturas de personas que no existen, datos de credenciales del IMSS trasladados a un padrón en donde no estaban registrados, en fin, todo tipo de marrullerías, todo tipo de fraudes, fraudes consumados y fraudes aparentes que el INE no supo presentar como un todo genuino legítimo. En el caso de Margarita Zavala se permitió que hubiera una triunfadora que logró el requisito pero en la revoltura de los apoyos buenos y los apoyos malos lo único que tenemos hoy son litigios y quejas, y un encono que ya hasta los empresarios piden que ya le paren. Vamos a ver si ahora estos pleitos no se llevan a las Cámaras en donde hay tantas cosas pendientes. Si la legislación futura del país depende de los caprichos y de aquello que Manuel Gómez Morín llamaba la “escaramuza electoral” y le recomendaba a los primeros militantes de su partido: “¡Aléjense de la escaramuza electoral! ¡Seamos ciudadanos presentes y concientes!” Bueno pues hoy la escaramuza electoral está a todo lo que da, ya no es escaramuza, es una guerra abierta, se lanzan proyectiles, disparos desde la oscuridad, cosas que nadie sabe quién dijo, porque las dijo, y estamos en el imperio de las fake news, o sea de las noticias falsas.  Todo está empezando a ser falso, los planteamientos aparentemente ideológicos desaparecieron; hay falsas ideologías en los partidos, hay falsas lealtades, hay traiciones, hay engaños. Se ve un gran manoseo que nos puede llevar a un desencanto. ¡Cuidado!