“Los hombres deberían saber que del cerebro, y nada más que del cerebro, vienen las alegrías, el placer, el ocio, la risa, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones, y del corazón figurado proviene todo lo demás.”
Hipócrates

COLUMNA CORTECuando una cinta, cuyo espíritu está enmarañado con fuerza a las premisas y ejecución del más llano y confeso cine de clase B, pretende justificarse mediante ciertas bases científicas, generalmente el resultado no sólo es risible, sino irritante por pretender alcanzar pretensiones que no le corresponden, pero en el caso de la más reciente cinta del francés Luc Besson (“Nikita”, “León, el profesional”), tal incidente es “peccata minuta”, considerando que se trata del filme más entretenido y ágil de este desigual cineasta en años, favorecido por un guión relativamente fresco, que no tiene pudor en entremezclar su probadísimo gusto por la acción frenética, donde las balas se dan como un diluvio con ciertas reflexiones metafísicas sobre la condición humana y la condición de su existencia. ¿Pedante? Tal vez, pero ante un ritmo de montaje tan diligente y enérgico que no permite un apropiado respiro, ¿quién tiene tiempo de desmenuzar las absurdas minucias de una historia tan paradójica por tratarse de una chica que alcanza el 100 % de actividad cerebral en medio de una trama tan descerebrada, pero divertida?
Scarlett Johannson es la infortunada mujer a quien le ocurre tal acontecimiento y a su vez, quien da título a la película. Y escribo “infortunada”, porque las circunstancias que le proveen de tal milagro neuronal son mediante violentos pormenores. Lucy (Johannson) es una estudiante que se encuentra en Taiwan acompañada de un sujeto a todas luces truculento, pero que suponemos debe ser un conversador maravilloso o un dios en la cama para que una chica de inteligencia promedio como ella esté a su lado, algo que lamentará para siempre cuando una entrega de un misterioso maletín que él tiene en su poder, se vea malograda debido a su contenido: una poderosa droga ilegal capaz de potenciar el cerebro humano. Cuando ella se ve inmiscuida, la someten y le introducen en su cuerpo dicha sustancia, lo que comienza una activación neuronal que la torna no sólo más inteligente, sino hábil y con capacidades de asombrosa autodefensa. Así, esta heroína a la Hitchcock -por aquello de encontrarse en el lugar erróneo a la hora errónea- tiene tan sólo 24 horas para resolver su situación (lo que incluye localizar al mafioso que la metió en esta situación, interpretado muy bien por Choi Min-Sik, y la obligada persecución policial al considerarse sospechosa de múltiples asesinatos… que por supuesto comete, pero en defensa propia), pues al igual que en la clásica cinta “Muerto al llegar” (Maté, E.U., 1950), lo que en apariencia es una superioridad física y mental por medios artificiales, también podría matarla, pues nadie sabe, ni siquiera un afamado científico interpretado por Morgan Freeman, que podría ser la última esperanza de Lucy para sobrevivir, qué ocurrirá una vez que sus sesos se carguen al 100 %. La respuesta final es grata, lógica y muy atinada.
Cuando un director entiende su material, se compromete con ello e incluso lo transforma en una actividad lúdica, el resultado es algo como esta cinta, pues es muy evidente que a Luc Besson este proyecto, al que le ha dedicado 10 años, le ha resultado un divertimento maravilloso, y la película lo trasmina, pues sus secuencias se resuelven con gracia y placer y si bien la historia cae en los baches narrativos de rigor (falta de consecuencias genuinas en las acciones violentas de los personajes, carencia de asombro ante un acontecimiento tan pasmoso como el que plantea la cinta y sí, en efecto, un revés en las prioridades de la protagonista, pues con una capacidad mental como la de ella su único interés es la de disparar a mansalva, aplicar ciertas habilidades psíquicas y luchar con fiereza en lugar de pensar en una solución para la hambruna o una cura para el cáncer. Pero es un filme de Besson, así que…) nunca sentimos que se nos toma el pelo -demasiado- y se disfruta la vertiginosa actuación de Johannson, muy cómoda en el papel. “Lucy” no será la cinta más inteligente en los anales del cine de acción, pero tiene más actividad neuronal que toda la filmografía de Michael Bay y Jonathan Liebesman juntas, y eso ya la valida como un escapismo lógico y racional.

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