Juan Pablo Martínez Zúñiga

Hace 10 años ya, que comenzó ese ambicioso proyecto a modo de arriesgado experimento, consagrado al desarrollo en cine del llamado Universo Marvel comenzando con “El Hombre de Hierro”, película que establecería el tono y forma de las producciones que le seguirían mediante una fórmula muy sencilla y eficaz: fidelidad al modelo argumental original (el cómic) en cuanto a trama y personajes, añadiendo rasgos narrativos propios del cine como madurez en la concepción de motivaciones para los protagonistas y ciertas pinceladas de realismo entre los numerosos efectos especiales e ideas descabelladas. Así se probó que era posible tanto una adaptación apegada a su fuente, como el tramado de una serie de películas con protagonistas diversos y disímbolos cohesionados por diversos elementos (lugares, personajes, situaciones, etc.) para dotar tanto a las cintas como al espectador de pertenecer a un mundo concreto y particular.

Lo que seguro fue una pesadilla de logística estos últimos años, hoy encuentra un punto de fuga en “Los Vengadores: La Guerra de Infinito”, evento armado mediante diversas pistas y componentes ofrecidos en las producciones de Marvel/ Disney anteriores que mostraban atisbos a las llamadas “Gemas del Infinito”, aludidas o exhibidas en títulos como “Capitán América: El Primer Vengador”, “Thor” y “Guardianes de la Galaxia”, entre otros. Dichas joyas son residuos del Big Bang a modo de concepciones físicas y/o metafísicas como la mente, el alma, el tiempo, la realidad y el poder que, al unirse, otorgan un nivel de poder ilimitado. Bajo esta premisa, surge el villano Thanos (Josh Brolin con capas y capas de CGI), quien habiendo orquestado al invasión de una belicosa raza alienígena a Nueva York en el primer filme de “Los Vengadores”, por fin decide personalmente tomar cartas en el asunto y reunir él mismo las gemas con un sólo propósito: eliminar la mitad de vida en el universo con el fin de restaurar el balance, pues considera que el consumo y gasto de recursos naturales por parte de cualquier raza inteligente, no equipara la cantidad necesaria y por ello el cosmos se degrada. Así, el poderoso alienígena proveniente de Titán decide hacerse de las piedras preciosas a toda costa, acto que lo colocará en posición contraria a los héroes de la Tierra, tanto para evitar el descomunal genocidio como para proteger a uno de ellos, pues el androide Vengador conocido como Visión (Paul Bettany) tiene una en su testa. Todos los personajes (salvo ciertas excepciones como El Hombre Hormiga y Ojo de Halcón) participan en la conflagración, incluyendo los populares Tony Stark (Robert Downey Jr.), Thor (Chris Hemsworth), el Capitán América (Chris Evans), Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), El Hombre Araña (Tom Holland) y la Viuda Negra (Scarlett Johansson), separando sus esfuerzos mediante equipos con el fin de contraatacar a Thanos y sus huestes en diversos puntos del espacio y nuestro planeta.

Desde el momento en que la narrativa debe segmentarse para contar su historia se corre el riesgo del desprendimiento argumental donde ciertos puntos serán más favorecidos que otros, impidiendo un desarrollo coherente y rítmico, y debido a la magnitud epopéyica de esta cinta, eso desafortunadamente se cumple y con creces. Los directores Anthony y Joe Russo (“Capitán América: El Soldado del Invierno”, “Capitán América: Guerra Civil”) logran conjuntar a 45 personajes que son estrellas o relevantes en sus propias películas y la idea de distribuir protagonismo y una caracterización adecuada a ese nivel se antojaba difícil. En efecto, los personajes van en automático y aún si todos tuvieron sus propias producciones (con todo y secuelas) para entenderlos, cada película donde aparezcan representa una situación distinta a la anterior, por lo que su razonamiento, proceder y acción necesita por fuerza una exploración, y por supuesto aquí hay lugar para ello, pues si algo saben hacer muy bien los hermanos Russo es montar secuencias de acción y pelea claras, originales y emocionantes, pero ahora a costa de la narrativa. Estamos hablando de una cinta que construye su argumento como un videojuego, comenzando con un antagonista de relativo poder que literalmente sube de nivel con cada gema que obtiene y la comunidad superheroica se arremolina tratando de pararle. Y nada más, no ocurre algo más relevante que eso, aún si el guión escrito por Christopher Markus y Stephen McFeely toma un riesgo muy interesante: toda la cinta se narra desde la perspectiva de Thanos, quien ve su anhelo de aniquilación más como un acto de piedad que un sacrificio o mera megalomanía. Además, se revelan aspectos de su identidad que involucran a Gamora (Zoe Saldaña), su hija, y de su pasado. Sin embargo, no se redondea lo suficiente o se le brinda una observación más llana (personalmente, hubiera preferido más escenas entre Thanos y Gamora que otra lucha asistida por imágenes de computadora en escenarios virtuales) y al final, el grande y temible villano que suponíamos era una fuerza imbatible de maldad o complejidad psicológica, queda como un mero ecoterrorista que busca salvar el universo, motivado por elementos que creo ni él entiende, con cierta sensibilidad hípster.

“Los Vengadores: La Guerra del Infinito” es un espectáculo de proporciones épicas que llena los ojos con imaginería creativa y sólida pero que queda mucho a deber en cuanto a narrativa por su argumento escuálido carente de propuesta o de vigor en su discurso, pues es mucho lo sucede pero, al final y a pesar de su sombrío desenlace, nos quedamos con nada. Sólo para fanáticos impenitentes de Marvel.

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