Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Terminó A.D.G. la Feria Nacional de San Marcos y con ella la temporada taurina que pomposamente se anuncia como el Serial más importante de América. Uno ya está acostumbrado a esas hipérboles, desde la milagrosa aparición de la Virgen de Guadalupe, que no hizo igual con ninguna otra nación excepto con una buena cantidad que en milagros diversos también utilizan el verso del salmista, hasta la torre autosoportada más grande de Latinoamérica, pasando por la novia, el tenor, el pintor, el músico, etc., todos ellos siempre los más importantes de nuestro continente, y desde luego contando del Río Bravo para el sur, para no incurrir, como dice el presidente López Obrador, en provocaciones ni tampoco provocar a los vecinos, en especial el presidente Donald Trump que tiene el genio presto. El nuestro no canta mal las rancheras, pero como dice el refrán: el diablo sabe a quien se le aparece.

Terminó el Serial que si no de América, es sin duda el más importante de México con un balance mas bien pobre, con el regusto agridulce de los aficionados de que no se dio la tarde redonda, que como dijera el inefable Pepe Moros: cuando hay toros no hay toreros, cuando hay toreros no hay toros. Desde luego que para todo hay gustos, mi abuelo Eduardo, platican, solía decir si no hubiera malos gustos no se vendería la jerga. Mi papá, que era taurino de cepa, decía que cada quien ve su propia corrida, aludiendo desde luego al fuerte componente subjetivo de un espectáculo en el que los aspectos objetivos no son, ni con mucho, los más relevantes. ¿Cuántas veces al término de una corrida triunfal en la que se cortaron varias orejas, el aficionado sale hablando del quite del que no triunfó, del puyazo de un picador o del par de banderillas de un subalterno?.

La fiesta de los Toros, creo que es preferible llamarle así, porque no se agota en un espectáculo, no es un deporte aunque se requiere una gran preparación física, no es sólo una técnica aunque el torero sin técnica no hará huesos viejos, no sólo es expresión de un arte efímero y sin embargo duradero, lo dice Quevedo en su soneto a Roma: “huyo lo que era firme y solo lo fugitivo permanece y dura”, sino que es fuente de muchas otras expresiones artísticas que han plasmado y siguen plasmando la emoción, el colorido, el gusto, el drama, la pasión, el misterio y la magia de la Fiesta. Si bien al volapié, pretender hacer un recuento del Serial necesariamente pasa por omitir aspectos cuantitativos, que pueden ser relevantes para algunos, para fijar la mirada en un aspecto clave de la Fiesta en Aguascalientes, existe una declaratoria que señala a la Fiesta de Toros patrimonio cultural intangible de nuestro estado.

Merece la pena abundar un tanto en este hecho. Especialmente cuando existe una corriente que se ha dado en llamar “animalista” no se si en forma peyorativa o porque efectivamente asuman como distintivo y eje de su “lucha” contra el maltrato a los animales, que implica buscar la abolición de todo tipo de comportamientos humanos que inflija dolor a un animal. Me doy cuenta de que su lucha tiene que ver en buena medida con una creencia, con un pensamiento sustentado en líneas que provienen mucho de lo que se ha llamado “new age” y que desde luego debe ser objeto de respeto. El fundamento filosófico ha sido objeto de estudio y reflexión de personas sólidamente preparadas y no es mi intención entrar en un debate que se sabe infructuoso de antemano, por lo irreducible de las posiciones que, no pocas veces rayan en el fanatismo.

Me refugio en mi maestro Don Luis Recaséns Siches para acercarme a la expresión patrimonio cultural. Decía Don Luis que la cultura no es ni más ni menos que vida humana objetivada. La vida humana no se nos da vivida, tenemos que vivirla, pero al llegar a ellas nos encontramos con un entorno en que existen un conjunto de comportamientos, de costumbres, de valores, de leyes, de creencias, de necesidades, etc., en los que necesitamos instalarnos. El niño tiene que aprender a hablar y con ello empieza a instalarse en el mundo, poco a poco aprende palabras, conceptos, un sistema de valores, criterios artísticos, en fin una cultura. Un forastero cuando llega por primera vez a un lugar extraño, de alguna manera es como un niño, tendrá que instalarse, habrá de aprender a comunicarse, aprender comportamientos, evitar conflictos, etc. La cultura es el conjunto de formas, procesos e interacciones, entre los individuos de una comunidad que se expresa objetivamente, puede ser con palabras, con música, con pintura, con combates, con oraciones, con ritos, con creencias, con imágenes, etc. Algunos comportamientos podrán ser juzgados negativamente y sin embargo expresarán una forma de ser de esa comunidad. El obispo de Yucatán Diego de Landa, luego de la conquista, determinó lanzar al fuego a los riquísimos códices mayas que consignaban la historia, las creencias, la cosmovisión, en una palabra la cultura maya quiché. Fue una pérdida cultural terrible, a partir de una valoración de alguien ajeno a esa cultura.

La fiesta de Toros es una expresión cultural riquísima que recoge tradiciones, leyendas, consejas, usos y costumbres, pero también que sigue cumpliendo una función social importantísima. El hombre requiere de mitos, no ha aprendido y quizás no aprenderá a vivir sin ellos. Requiere también de ritos, muchos que sustentan sus mitos, expresan sus creencias y plasman sus valores. Posiblemente el día de mañana, como ha pasado en otras partes, la fiesta de Toros, que es una extraña superviviente en el siglo XXI, deje de representar para los aguascalentenses lo que actualmente es. Entretanto el balance del Serial tiene que pasar necesariamente por el tamiz del patrimonio cultural intangible. Es una pena que las autoridades municipales estén permitiendo las violaciones cotidianas a una tradición y un reglamento que existen para garantizar un espectáculo que debe, para justificar, responder a la usanza taurina.

La autoridad brilló en algunas áreas por su ausencia y en otras opacó por su presencia. El lamentable accidente de un fotógrafo en la última corrida es imputable directamente a la falta de autoridad en la plaza y en el callejón. Es un espectáculo caro y es un espectáculo peligroso. La autoridad municipal tiene la obligación de que no se corran riesgos innecesarios y de que se respete al público. La empresa no lo ha hecho.

 

bullidero.blogspot.com                 facebook jemartinj                twitter @jemartinj