Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

En memoria de Alfonso Sahagún López,

mi abuelo.

 

Ya el año dio su brazo a torcer, y como el toro estoqueado que busca su querencia, así el periodo ha recibido el espadazo brutal del paso del tiempo y se acurruca contra el horizonte oriental, donde ya se aprecia la tenue luz que señalará el fin de este lapso. Un signo de esta afirmación es el siguiente: a principios de mes fui de compras al supermercado. El sonido ambiente irradiaba música de navidad, lo que me pareció un exceso, considerando el tiempo que falta para la fecha mágica, y hoy, usted lo ha visto, ya todo es de un invierno nevado y anglosajón, como si aquí abundaran las nevadas, con todo y que hemos tenido unos calorones abrileños.

Hay una urgencia por agotar los tiempos… Es una prisa a la que impulsa el capital, siempre voraz; siempre ávido de valorizarse y volverse a valorizar, una y otra vez, como si se tratara de un recién casado en luna de miel. Esta situación me recuerda aquellos métodos de lectura rápida. Alguna vez me ofrecieron uno de esos cursos, a lo que contesté: ¿por qué querría leer rápido, quien sabe cuántas palabras por minuto? ¿Por qué querría hacer esto?, si lo que me gusta es disfrutar de la palabra escrita; paladearla… Incorporarla a mi experiencia de vida y sentir el gozo de encontrarme con un buen libro; la comprensión de alguna pequeña porción del Universo. O sea que si algo de lo que leo me llega, me detengo, respiro profundo y permito que la luz de una buena idea, de algo nuevo que conozco y comprendo a través de la lectura; de un lugar de ensueño, o de una persona inteligente, ilumine mi mente.

Y bueno, en relación a este asunto de la Navidad adelantada, me dije: cosa de salir del circuito comercial y seguirá siendo noviembre hasta el fin de mes; hasta el próximo viernes. Pero señora, señor: ¡pobres empleados! De seguro terminarán odiando la música de Navidad y hasta la Navidad misma. ¡Mes y medio escuchando los peces en el río! Hasta yo terminaría odiando el pescado y el agua. Aunque pensándolo bien, con esto de la prisa ya no sé si nos están vendiendo la Navidad de este año, o la del próximo. ¿Lo sabe usted? Digo, porque, juro por la salud de su político favorito, que no falta mucho para que comiencen a vendernos la rosca de reyes, y eso que todavía no nace el niño.

En fin, que no era de eso de lo que quería platicarle sino del hecho irrefutable, como que al señor Peña le quedan cinco días de creer que es el presidente de México, de que se acaba el año, pero no a mí la cuerda para platicarle de un montón de cosas que posiblemente queden para… ¿Para cuándo? Normalmente aquí se acostumbra decir que para un mejor momento, pero no caeré en la tentación.

Por ejemplo, este año se cumplió el centenario de la epidemia de influenza que mató a más de 50 millones de personas, entre toda esta gente a los artistas plásticos vieneses Gustav Klimt y Egon Schiele, y que también llegó a Aguascalientes. Fue aquella una epidemia que causó más muertos que la Gran Guerra, que también terminó en estos días hace 100 años. Se cumplieron también 70 años del Plano Regulador Urbano, que concibió avenidas tan importantes para la urbe como Circunvalación (Convención de 1914) y, sobre todo, la Oriente-Poniente (López Mateos), arteria que cumplió 50 años de haberse inaugurado, al igual que de la conclusión de la administración gubernamental del profesor Enrique Olivares Santana, e inicio de la gestión que encabezó el doctor Francisco Guel Jiménez. También se cumplieron 50 años del movimiento estudiantil de 1968, 60 del movimiento ferrocarrilero, 70 del movimiento del Comité Coordinador, en contra del gobernador Jesús María Rodríguez y 75 de la fundación de la Corresponsalía en Aguascalientes del Seminario de Cultura Mexicana. O sea que tema no falta, y tampoco ganas; lo que falta es tiempo, que es lo único que pasa cuando no pasa nada…

Así que quiero aprovechar estas últimas entregas de 2018 para compartir con usted algunas de estas cosas. De la influenza no escribo porque ya lo hizo en estas mismas páginas mi patólogo de cabecera –toco madera– el médico Luis Muñoz Fernández, y además toqué el tema en 2009, cuando otra epidemia de este padecimiento acabó con la Feria de San Marcos de ese año. Del 68 escribí una crónica de la conmemoración, y también publiqué una serie de artículos sobre el movimiento ferrocarrilero.

Pero de otros temas nada he dicho. Por eso intentaré hacerlo antes de que el año fenezca, y sin ir más lejos le platico que el viernes 16 se cumplieron 60 años de que se le impusiera el nombre del general Plutarco Elías Calles a la avenida que une a la cabecera municipal de Pabellón de Arteaga con la Carretera Panamericana, esto en homenaje “a uno de los más grandes benefactores que haya tenido en su historia”. Posteriormente se inauguró la feria, que vivió en 1958 su XI edición.

El general brigadier Joaquín Rodríguez Menchaca, en representación del comandante de la XIV Zona Militar, develó la placa de la avenida –toda la información procede de este diario– en presencia del gobernador Luis Ortega Douglas.

A propósito de esa municipalidad, el sábado 17 asistí a la reunión mensual de la Asociación de Cronistas de Aguascalientes, que tuvo lugar en el Teatro Bicentenario. La reunión se realizó ahí, tomando como pretexto la realización de la principal fiesta de aquel lugar, la feria de la Revolución.

El teatro está situado en la esquina de las avenidas Heroico Colegio Militar y Plutarco Elías Calles. Ahí hay un reloj monumental, que a las 12 toca el Ave María de Schubert, y a las 15 la Marcha a Zacatecas. Es esta una mezcla por demás extraña, pero muy común entre nosotros; una combinación preñada de simbolismo, el cielo y la tierra, lo sagrado y lo profano. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).