Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Para Mario López Hernández“.

Ayer por la mañana tuve la sorpresa de que me hablaron dos amigas muy queridas, la hija y la esposa de mi gran amigo que decidió, (una decisión muy temprana) no vivir mucho mas allá de la quinta década y para ello se alió a un cáncer con el que convivió más que combatió. Por supuesto algún lector perspicaz y los contados que me siguen lo son, notará que hablo de la esposa y no de la viuda, porque así es, hay esposas y esposos que nunca dejan de serlo y se niegan a pasar a la clasificación de viudez, porque su relación permanece tan viva como el primer día.

Mi amigo era un fanático de los Beatles, y yo lo envidiaba, yo que no he sido fanático mas que de la molicie, la lectura y la fiesta de toros, y creo que sí, en ese orden, no podía menos que envidiar su pasión, el estar pendiente del lanzamiento de cada uno de sus discos, el seguir sus presentaciones, el conocer la personalidad y características de cada uno de los integrantes del también llamado Cuarteto de Liverpool, (por usar uno de esos giros propios de los egresados de comunicación), y someternos por supuesto que con relativa aquiescencia a sesiones interminables de su música en la casa paterna de la calle Condell, mientras la familia nos dejaba la sala y “Togo” un dogo fidelísimo custodiaba la salida, que no la entrada, porque como en muchas casas de Aguascalientes, solo había que empujar la ventana y correr el pasador para entrar ante la pasividad del perro, ¡Ah! Pero eso sí, no para salir, porque, y ahora caigo en ello, “Togo” debió ser descendiente de Cancerbero, ya que como éste, sólo permitía la entrada pero no la salida, a menos que fuese acompañado por alguien de la familia.

Casualmente por la tarde de ayer, en una de las dos estaciones de radio que escucho, que son ¿adivinen?, ¡Por supuesto! La Ranchera y la Poderosa, algún locutor hizo un comentario respecto al quinto Beatle, aludiendo a un estupendo músico (sin duda) que solía acompañar en las grabaciones al cuarteto. Se refería a Billy Preston, norteamericano, negro (¿aporta algo? Por supuesto, nadie como los afroamericanos para expresar el dolor y la alegría de su gente a través de la música) blusista, que tocaba con Little Richard, y que conoció a los Beatles en 1962 en una gira a Inglaterra.

Tomo del Washington Post la crónica de su relación: Ellos conectaron otra vez en 1969, en un concierto de Ray Charles en Londres, donde Preston tocaba el órgano. George Harrison llevó a Preston al estudio, su personalidad gregaria y su musicalidad calmaron temporalmente las tensiones entre el grupo. En las cintas de las sesiones de Let It Be publicadas en Bootlegs, se pueden oír numerosas disputas entre John Lennon y Paul McCartney, acerca de hacer de Preston un miembro formal del grupo: mientras Lennon estaba convencido, McCartney decía que no, por estar el grupo muy cerca de la separación. La noticia habría hecho oficial la etiqueta de “el quinto Beatle”, título que Preston no explotó. Quizás como consolación, “Get Back”, el único sencillo del cuarteto en entrar directamente al número 1 del Hit Parade, fue acreditado a “The Beatles con Billy Preston” la primera y única vez que la banda compartió su proyecto con un hombre oculto. Preston acompañaría también a The Beatles durante el famoso concierto de la azotea en Londres, que fue la última aparición pública del grupo.

Sin embargo yo recordaba que el llamado “quinto Beatle” había sido George Martin, su productor, que como podrá fácilmente comprenderse me resultaría muy difícil de olvidar. George Henry Martin, productor musical, arreglista, compositor, director de orquesta, ingeniero de sonido y músico.  Frecuentemente mencionado como «el quinto Beatle» en referencia a su amplia participación en cada uno de los álbumes originales de la banda. Colocó 30 sencillos como número uno en las listas del Reino Unido y 23 en las listas de Billboard en Estados Unidos.

Martin fue contactado por Sid Coleman de la firma Ardmore & Beechwood, quien le habló de Brian Epstein, el manejador de una banda que había conocido y le había gustado. Coleman pensó que Martin podría interesarse en estar el grupo, aunque ya había sido rechazado entre otras casas grabadoras por Decca Records. Aunque había tenido un considerable éxito con las comedias y un número uno con The Temperance Seven, Martin sólo había tenido un éxito menor con la música pop, Who Could Be Bluer de Jerry Lordan, y sencillos con Shane Fenton y Matt Monro. Martin se reunió el 13 de febrero de 1962 con Brian Epstein, escuchó una cinta grabada en Decca, y pensó que el grupo era “poco prometedor”, pero le gustaron las voces de  John Lennon y Paul McCartney.

Los Beatles se presentaron ante Martin el 6 de junio de 1962, en el estudio 3 de Abbey Road. Ron Richards y su ingeniero Norman Smith grabaron cuatro canciones, que fueron escuchadas al final de la sesión por Martin, que no estuvo durante la grabación. El veredicto no fue prometedor, sin embargo, Martin les preguntó a los Beatles si había algo que personalmente no les hubiera gustado, y George Harrison contestó: “Bueno, ahí está tu corbata, para empezar”. Ese fue el punto de inflexión según Smith, y como Lennon y McCartney se sumaron con chistes y juegos cómicos de palabras, hicieron que Martin decidiera firmar un contrato con ellos simplemente por su ingenio.  Su experiencia ayudó a acortar la distancia entre el talento en bruto de los Beatles y el sonido que la banda quería conseguir. La mayoría de los arreglos y la instrumentación orquestal de los Beatles (así como partes de teclado frecuentes en los primeros discos) fueron escritos o realizados por Martin en colaboración con la banda, incluso fue su idea utilizar un cuarteto de cuerdas en Yesterday, contra la reticencia inicial de McCartney.

No obstante su aportación definitiva en la consolidación del cuarteto y en el logro de su sonido característico y las aportaciones a su musicalidad, en un homenaje que le ofrecieron, George Henry Martin dijo que si alguien merecería el título de “El quinto Beatle” lo sería Brian Epstein, quien fuera el manejador que los consolidó. Epstein y su empleado Alistar Taylor fueron a verlos al pub Cavern Club el 9 de noviembre de 1961. Entraron sin boleto y los admitió en el local directamente, sin necesidad de hacer cola. Su llegada fue anunciada a través de los altavoces. Epstein recuerda la actuación del grupo esa noche: “Quedé impresionado de manera inmediata por su música, su ritmo y su sentido del humor sobre el escenario. E incluso más tarde cuando los conocí también quedé impresionado por su carisma personal. Y fue en ese mismo instante en donde todo comenzó…”

Un recuerdo para mi amigo, que por su pasión bien podría haber sido llamado “el sexto Beatle”.

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