Mircea Mazilu

Con la llegada de los españoles en 1519, la situación de los pueblos prehispánicos del actual territorio de México cambió para siempre. Los conquistadores introdujeron aquí un sistema nuevo, en el cual los indígenas fueron emplazados en una escala inferior dentro de la nueva jerarquía social y estuvieron obligados a respetar las pautas impuestas por los europeos. La evangelización, la explotación y la desculturización fueron algunos de los procesos que caracterizaron la historia de los aborígenes en los 300 años que duró el período colonial. Como consecuencia de los abusos y la violencia cometidos por los peninsulares contra los pueblos indígenas, desde los primeros tiempos del virreinato surgieron numerosas rebeliones a lo largo del territorio de la Nueva España.

Una vez consumada la Conquista, los españoles comenzaron a eliminar las antiguas creencias prehispánicas y convertir a los indígenas a la religión católica. Para ello, llegaron grupos de sacerdotes católicos que pertenecían a órdenes religiosas de misioneros, como la Franciscana, la Dominicana o la de San Agustín, entre otras. Los primeros evangelizadores que llegaron a Nueva España fueron los franciscanos Martín de Valencia, Toribio de Benavente, García de Cisneros, Luis de Fuensalida y Juan de Palos, todos miembros del denominado grupo de los Doce Apóstoles de México.

De la misma manera, desde su llegada al Nuevo Mundo los españoles mantuvieron una política de concentración indígena en pueblos planeados. Instituciones como la encomienda, las congregaciones y el repartimiento fueron creadas en el siglo XVI para someter y controlar a la población aborigen. Mediante la encomienda se asignaba a un peninsular un territorio con su respectivo grupo de indígenas para que éstos fueran protegidos y evangelizados a cambio de la entrega de un tributo en especie o trabajo. Las congregaciones eran pueblos de indígenas constituidos con el objetivo de mantener mejor el control sobre los mismos. Por último, el repartimiento fue un sistema de servidumbre que obligaba a los indígenas a trabajar en las propiedades de los peninsulares por temporadas.

Con estos grandes cambios institucionales, las autoridades llevaron a cabo un rápido proceso de desculturización hacia la población indígena. Junto a la cristianización, los españoles empezaron a enseñar e imponer el castellano a los pueblos nativos. Para ello construyeron  escuelas, controladas por la Iglesia, que educaban y enseñaban a los aborígenes la doctrina cristiana y las costumbres españolas. Destacó la fundación del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco (1536), primera institución de educación superior en América, y la Real y Pontificia Universidad de México (1551), la primera universidad del continente. Al mismo tiempo, la cultura española empezó a hacerse cada vez más presente en el virreinato a través de la construcción de todo tipo de edificios religiosos y civiles. Igualmente fue importante la aportación de España de numerosos escritores, arquitectos, escultores, pintores y músicos, todos ellos fuertemente vinculados a la Iglesia.

Una vez consumada la Conquista, la nueva producción económica, controlada por los hispanos, se basó en la explotación y el uso de la mano de obra indígena. Tanto la agricultura, como la ganadería, la minería o el comercio prosperaron basándose en el trabajo físico de los nativos. Los abusos, los maltratos y los asesinatos cometidos por los colonizadores contra ellos estaban al orden del día. A estos males se sumaron las enfermedades que llegaron de Europa, provocando un descenso de la población mesoamericana de 25 millones a 2 millones en menos de un siglo.

Por último, la organización del gobierno estuvo siempre en manos de los peninsulares y criollos. Hernán Cortés se convirtió en el primer gobernante de la Nueva España, pero el gobierno del imperio siempre estuvo en manos del monarca español. En 1527 fue creada la Real Audiencia de México y en 1535 se introdujo el régimen de los virreyes. El virreinato fue dividido en varias regiones, entre las que destacaban los reinos y las provincias, encabezadas por gobernadores. Cada región tenía alcaldías mayores y corregimientos. Por último, los municipios constituían las entidades menores y estaban encabezadas por los cabildos o los ayuntamientos.

Finalmente, los abusos cometidos por los españoles provocaron el estallido de varias rebeliones indígenas entre los siglos XVI y XVIII. Entre ellas, destacan las que fueron protagonizadas por los mayas en el sur y los yaquis, mayos y tarahumaras en el norte. Todas las luchas acabaron en fracaso para los naturales americanos, sin embargo éstas no representaron más que el comienzo de una larga guerra, la cual desembocaría en la Revolución de 1910, acontecimiento que analizaremos con más detalle en la columna “Pensando la Historia”.

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