Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Las películas de superhéroes ya no son la rareza que todavía hace una década fueron. El público masivo, que anteriormente consideraba la lectura de cómics y todo lo relacionado al respecto como una actividad para nerds, ahora conoce todo lo referente al origen de El Hombre Araña, la procedencia de Superman e incluso sobre personajes desconocidos para los neófitos de la historieta pero que rondan los 50 años de existencia como Dr. Strange y Pantera Negra como parte de su formación integral en cultura popular. Su validación global es tal que lo actual es leer cómics y todo lo relacionado al respecto. Y esto no solo marca el paradigma cultural e ideológico del nuevo siglo, también es la base con que “Los Jóvenes Titanes en Acción: La Película” construye una de las sátiras más hilarantes del año, pues todas las bromas y gags visuales están realizadas bajo la premisa de que todos conocen lo necesario sobre el amplio universo del cómic y sus personajes.
Desprendida de la exitosa y muy divertida serie para Cartoon Network, “Los Jóvenes Titanes en Acción: La Película” es una atinada concatenación de bromas que avanzan a ritmo frenético pero cuidando el desarrollo de su hilo argumental para que la cinta no se perciba como un capítulo extendido. En este caso, la agrupación de metahumanos adolescentes conocida como Los Jóvenes Titanes, integrada por Robin -el líder de facto-, Starfire, Chico Bestia, Raven y Cyborg buscan ser tomados en serio por la comunidad superheroica aún si no pueden evitar cometer tonterías y disparates constantemente. Inspirado por la más reciente película sobre Batman, Robin cree que la única forma de sobresalir es si estelarizan su propio filme, pero una aclamada cineasta llamada Jade Wilson, directora de cabecera de los demás héroes, les informa que nunca lo lograrán a menos que se hagan de un buen archienemigo. Los Titanes deciden que ese papel recaerá en Slade, un ladrón y asesino maestro muy parecido a Deadpool (algo que le inquieren en varias ocasiones), pero simplemente no logran vencerlo, por lo que tratarán de realizar su película de diversas (y muy jocosas) formas.
Entre las acribillantes referencias a películas, cómics y cultura pop en general, se construye una historia bien estructurada donde la búsqueda de los procesos de identidad será el leitmotiv de los protagonistas, particularmente Robin quien deberá decidir cuál es su prioridad: sus amigos o la validación superheroica. Por supuesto el tema se aborda con ligereza, ya que entre los conflictos existenciales y emocionales del Chico Maravilla, también hay chistes sobre flatulencias, excremento y demás escatologías, pero curiosamente sin que éstos dominen el rumbo narrativo ya que la intención de los directores Aaron Horvath y Peter Rida Michail es urdir una sátira sobre la fascinación que los personajes disfrazados ejercen sobre la generación del milenio debido a su presencia mediática y no por sus acciones benévolas. Aun así se sugiere ingerir una dosis moderada de Ritalín para darle correcto seguimiento a la avalancha de humoradas que conforman la película, casi todas muy logradas por su inteligente construcción e incluso uno no logra asimilar la acidez y relativa mala leche en alguna de ellas por lo vertiginoso del viaje argumental, como el evitar y luego procurar la muerte de los padres de Batman para que éste exista.
“Los Jóvenes Titanes en Acción: La Película” definitivamente nos es PIXAR, pero su naturaleza desenfadada, su cáustico sentido del humor es tan honesto y los diálogos lo suficientemente afilados que la hacen una de las mejores cintas sobre superhéroes de los últimos años. Baste decir que uno ríe más con este filme que con “Deadpool 2” ¡Excélsior!
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