Luis Muñoz Fernández.

 Al definir el tipo de relación humana que el médico –y el sanitario en general– ha de establecer con su paciente, es usual afirmar que tal relación debe hallarse basada en el “servicio”. El médico debe estar al servicio del paciente. Pienso que es un grave error. La vieja figura social y jurídica del servilismo no puede ser ya el ideal de las relaciones humanas. Estas no deben basarse en el “servicio” sino en la “amistad”. La amistad es la virtud por excelencia de las relaciones humanas. Quizá por eso dijo Aristóteles de ella que era “lo más necesario de la vida”. Y añadía: “Sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; hasta los ricos y los que tienen cargos y poder parecen tener necesidad sobre todo de amigos… En la pobreza y en los demás infortunios se considera a los amigos como el único refugio”. Sin embargo, es entonces cuando resultan menos frecuentes.

 Diego Gracia. El médico perfecto en Ser médico. Los valores de una profesión, 2014.

En el ámbito de la bioética –campo del conocimiento de patente actualidad y gran importancia– existen centros de mucho prestigio en varios países del mundo que publican periódicamente documentos sobre los temas de interés de esta disciplina con el propósito de servir como referencias para la consulta y, sobre todo, para formar a la opinión pública e influir en el trabajo legislativo.

Uno de estos es The Hastings Center de Nueva York, que en 1996 publicó un documento que ha tenido una influencia considerable en las reflexiones que se hacen en torno a la profesión médica. Este informe se titula Los fines de la medicina (The Goals of Medicine) y fue traducido en 2005 al español y al catalán por la Fundación Víctor Grífols i Lucas de Barcelona, otro de estos centros prestigiosos dedicados a la bioética.

En la presentación de la versión en español y catalán, Victoria Camps, filósofa, consejera permanente del Consejo de Estado, catedrática emérita de Filosofía Moral de la Universidad Autónoma de Barcelona y, en aquel momento, presidenta de la Fundación Víctor Grífols i Lucas, señala lo siguiente:

Los fines de la medicina, el documento que elaboró el grupo de investigadores del Hastings Center, y que ahora traducimos al castellano, es un intento de desmitificar la medicina, a fin de que el ejercicio de la misma constituya efectivamente un progreso para la humanidad. Para ello, será preciso que la medicina se conciba a sí misma como una actividad que está al servicio de todos, lo que implica que ha de enfrentarse a decisiones complejas y difíciles, muchas veces, trágicas. La medicina está al servicio de todos y no sólo de los ricos ni de las enfermedades minoritarias. Ha de estar motivada no por el orgullo profesional, sino por el beneficio del paciente. Tiene que procurar ser fiel a sí misma y mantenerse como algo viable y sostenible, no dejarse arrastrar por un desarrollo tecnológico imparable.

Es un llamado a replantearnos cuáles son verdaderamente nuestros objetivos como médicos, un llamado a la cordura, a la racionalidad y una seria advertencia sobre la degradación de la profesión dominada por la codicia y por la adopción acrítica del credo tecnológico. Como dice Victoria Camps: “Si tales metas significan una cierta desmitificación de la medicina es porque exigen de ella una cierta modestia. Redefinir la medicina en el sentido propuesto pasa inevitablemente por no cerrar los ojos ante los problemas sociales, políticos y éticos que provoca un uso inadecuado y una concepción equivocada de la misma”. Y más adelante, plantea:

Las sociedades también han cambiado y solicitan de la medicina servicios que eran impensables e inauditos hace no muchos años. Pero no todas las demandas sociales, o de los sectores más poderosos de la sociedad, merecen ser atendidas por igual. Ninguna ciencia, y la medicina no es una excepción, debe ser puesta al servicio de fines intrínsecamente malos. La medicina no puede emplearse en usos moralmente inaceptables, como la tortura o la pena de muerte. Ha de tener cuidado de no utilizar a los seres humanos para sus propios fines y sin recabar su consentimiento. Ha de ser cauta a propósito de ilusorias mejoras de la naturaleza humana. Ha de impedírsele utilizar nuevos conocimientos, como los genéticos, para estigmatizar a las personas.

Al tiempo que hay que excluir la utilización de la medicina para fines incorrectos, nos damos cuenta de que otros objetivos, como la planificación familiar o la reducción del dolor y el sufrimiento, han podido beneficiarse de las innovaciones médicas y tecnológicas. Pero las novedades se introducen con dificultad, y muchos de dichos objetivos son, en estos momentos, parte de un debate social que parece no tener fin. Las diferencias culturales, religiosas, ideológicas, hacen que el tratamiento de la enfermedad y las opciones sobre el nacimiento y la muerte no puedan ser contempladas ni discutidas con neutralidad, sino desde puntos de vista marcados por creencias y sentimientos muy arraigados y profundamente discrepantes.

Los fines de la medicina es un documento fundamental y de lectura obligada para todos los médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y demás personal sanitario. Incluso para el personal administrativo que trabaja en el ámbito sanitario. Se puede obtener de manera gratuita en:https://www.fundaciogrifols.org/es/web/fundacio/-/11-los-fines-de-la-medicina-the-goals-of-medicine-). Además, su conocimiento es indispensable para todos aquellos que se dedican a la educación médica, formando en las universidades y escuelas de medicina a todos los profesionales de las llamadas “ciencias de la salud”. Debería ser analizado y discutido a profundidad en las aulas universitarias y hospitalarias.

Si el documento está preñado de conceptos indispensables, la presentación que de él hace Victoria Camps no se queda a la zaga. En ella, añade:

La novedad fundamental del texto que traducimos es haber podido formular unas nuevas prioridades en la práctica de la medicina. Los fines de la medicina, a finales del siglo XX, deben ser algo más que la curación de la enfermedad y el alargamiento de la vida. Han de poner un énfasis especial en aspectos como la “prevención” de las enfermedades, “la paliación del dolor y el sufrimiento”, han de situar al mismo nivel el “curar y el cuidar”, y advertir contra la tentación de “prolongar la vida indebidamente”.[…] A medida que la capacidad de curación de enfermedades antes incurables se hace mayor, es importante que nos convenzamos de que el poder de la medicina no es absoluto. Su ámbito propio –se lee en el texto- “es el bien del cuerpo y de la mente, y no el bien completo de la persona, al que sólo puede contribuir como un factor más, e incluso en ese caso, únicamente en determinados aspectos de la vida”. La tendencia, evidente en las sociedades desarrolladas, a medicalizar todos los problemas debe ser corregida. Como también hay que entender que el debate de la sanidad no debe limitarse a un debate sobre los sistemas sanitarios.[…] Qué hay que hacer y cómo hay que actuar para que la medicina no se traicione a sí misma, pues “una medicina que procura ser al mismo tiempo honorable, moderada, asequible, sostenible y equitativa debe reflexionar constantemente sobre sus fines”.

En las siguientes partes analizaremos lo más relevante de Los fines de la medicina. Bien termina Victoria Camps al decir que “el ejercicio reflexivo sobre las propias prácticas no es un hábito de nuestro tiempo caracterizado por el pragmatismo y la rentabilidad económica, pero es una condición necesaria para poner el conocimiento al servicio de la sociedad y de las personas”.

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