Yanireth Israde y Lourdes Zambrano
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 21-Ago.- Para algunos significa ‘el fin de la era de Piscis, dominada por el ego, y la entrada de Acuario, donde imperará el amor’. Para otros es simplemente un regalo de la naturaleza, como advierte un chico de 20 años desde la Plaza de la República: ‘Me siento pequeñito: es imponente estar ante una gran estrella que se oculta’.
Y, para los más vivos, la oportunidad de hacer negocio: rentan sus telescopios a cambio de ‘cooperaciones voluntarias’ o venden filtros de soldador en 25 pesos cuando en las ferreterías están a 8, sin importar que los que ofertan son del número 12, no 14, como aconsejan los expertos.
Pero qué más da si hay quien decidió apreciar con los ojos pelones el fenómeno, que a las 13:20 horas ya alcanzaba un eclipsamiento del 30 por ciento. El cielo se nubla, pero no oscurece, lo que desilusiona a unos cuantos, pero igual se arman de sus filtros y miran.
“¿Cómo es posible que algo tan espectacular pueda dañar la vista?”, se pregunta una chica.
En Estados Unidos el fenómeno tocó en grado total a 11 estados a través de una franja de 100 kilómetros de ancho que cruzó de costa a costa.
En México la visión fue parcial. A esperar siete años -abril de 2024- cuando ahí sí, se verá en el País, un eclipse total.