Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

La primera tarea que se fijó la Sociedad de Padres del Instituto Aguascalientes fue obtener de las autoridades la ampliación de “la pavimentación de la calle 21 de Agosto hasta las puertas del colegio”, es decir, de la Aquiles Elorduy, cosa que desde luego logró.

No está por demás recordar que tanto el Marista como el Portugal eran -a lo mejor lo siguen siendo, no sé- colegios católicos; confesionales, lo cual implica la celebración de misa de viernes primero, oración al comenzar la jornada escolar, retiro en cuaresma, clases de catecismo como una materia más de la currícula, etc. Ya después cada quien tomaría su camino y posiblemente distancia de todo lo aprendido en esta materia, pero este fue el principio básico.

Por otra parte, visto desde otra perspectiva, el Marista implicaba una segregación social: la educación privada para los hijos de quienes integraban las élites, la pública para los demás, los hijos de obreros y empleados, etc., aunque ciertamente esta separación no era extrema y/o agresiva.

A lo que voy; lo que me interesa destacar, es que las Memorias del Marista ofrecen un material inapreciable para el estudio de las élites locales, una dimensión del trabajo académico sobre la política, la economía y la sociedad locales que permanece prácticamente virgen, y cuyo estudio nos ayudaría a comprender el porqué de determinadas situaciones, dinámicas y/o asociaciones.

En verdad os digo que me resulta curioso que nuestros investigadores sociales -aquí debo incluirme- se hayan ocupado tan poco de la política en general, y de las élites en particular -también nos hacen falta estudios de cultura política-. Quizá se trate de un terreno un tanto etéreo, pantanoso, que ofrece múltiples dificultades, no sé, y no hablo de la charla de café, que si bien sigue existiendo, ha sido superada ampliamente por el Facebook y el WhatsApp; los comentarios a vuelo de pájaro, la conversación obligada en cualquier parroquia, sino a los análisis detallados, profundos, debidamente enfocados con una buena teoría y con una visión de mediano y largo plazo, la versión local de lo que ha hecho el investigador estadounidense Roderic Ai Camp. Salvo algunas excepciones, a lo más que se ha llegado es al análisis electoral, y un poco sobre la calidad de nuestra democracia, y no más; prácticamente nada sobre las élites.

Las Memorias constituyen una especie de “Quién es quién en Aguascalientes”, y aunado a lo anterior, estirando un poco el asunto, también daría para un “Quién con quién, y quién contra quién”. Otra fuente valiosa de información para este tema sería las nóminas de participantes de los torneos de golf del Club Campestre.

En fin. La importancia de estos años escolares radica en el hecho de que son años formativos. Va delineándose la personalidad, definiendo los valores, los gustos. Los compañeros, algunos compañeros, se convierten en amigos, y entre ellos se forman grupos de relaciones que posiblemente duren toda la vida, y que vayan más allá de juntarse la noche de viernes a jugar dominó, o los domingos a ver un partido de futbol y luego compartir una carne asada… Desde luego me refiero a las relaciones políticas y/o económicas, los proyectos que se estructuran alrededor del poder y el dinero.

Esto me recuerda algo que escribió Enrique Krauze en su volumen La presidencia imperial… En el capítulo dedicado a Miguel Alemán Valdés, habla de la formación de un grupo denominado H-1920, estudiantes universitarios que adquirieron el compromiso de “ayudarnos en la lucha tremenda de la vida, etc. Krauze señala que “el grupo no se constituía para servir al país o al prójimo, sino a sí mismo”.

En el caso de Aguascalientes, de entrada hubo que esperar a que las generaciones más antiguas del marista llegaran a la edad de hacerse cargo de todo, para comenzar a verlos figurar aquí y allá, principalmente como empresarios y políticos, en ese orden, porque habría que decir que quizá fueran las élites políticas las últimas a las que llegaron estos personajes, y en todo caso quienes encabezaron las principales posiciones fueron, -orgullosamente, hay que decirlo- fruto de la escuela pública, primaria, secundaria, Instituto de Ciencias y luego alguna universidad pública, la UNAM principalmente o una escuela normal.

Esta fue la carrera del funcionario promedio, aunque ciertamente no faltaron quienes tuvieron una corta carrera académica (el señor Felipe González bromeaba con el hecho de ser egresado del MT, no en referencia al tecnológico de Massachusetts, sino al Mercado Terán). Otto Granados hizo una parte de su trayectoria académica en el Colegio Portugal, al igual que Jesús Orozco Castellanos, que actuara en su administración como secretario general de Gobierno, en tanto que los gobernadores Luis Armando Reynoso Femat y Carlos Lozano de la Torre egresaron del Marista, al igual que el candidato priísta al que se enfrentó Reynoso en 2004, Óscar López Velarde, y su antecesor, Óscar González, que renunció a la candidatura casi apenas después de haber sido nominado.

Por otra parte, un estudio de esta información revelaría que a final de cuentas, por encima de las trayectorias partidistas, en muchos casos se imponen las relaciones personales y/o familiares.En efecto, hay en Aguascalientes algunos apellidos notables cuyos miembros se mueven, igual, en un partido o en otro.

Uno recorre las páginas de estos volúmenes y quizá ocurra que vaya de sorpresa en sorpresa, y entonces, quizá le suceda lo que a nuestros primeros padres, luego del desgraciado encuentro con la serpiente, que se les abrieron los ojos en relación a algunos asuntillos, y comprendieron ciertas cosas. Pero insisto, ésta es sólo materia prima, y sería necesario que algún investigador la procesara para que las piezas encuentren su lugar y todo resulte comprensible. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).