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Hace algunos años, un especialista en políticas públicas mencionaba que, a pesar de las múltiples evaluaciones en las que el Programa Oportunidades había obtenido buenos resultados, aún no era posible demostrar que cumplía de forma cabal con su objetivo principal que era –desde la perspectiva de este notable experto- generar la movilidad social de sus beneficiarios.

En torno a este tema, se señalaba que no existía todavía una generación de niños dentro del programa que pudiera dar constancia respecto a su transición de un nivel de pobreza específico hacia uno con mejores condiciones de vida. El reto principal era observar que, después de haber recibido los apoyos desde su niñez, los beneficiarios lograran por lo menos tener mejores oportunidades laborales y de ingresos que las que hubieran podido alcanzar sin la existencia de Oportunidades.

El planteamiento de la transformación del Programa Oportunidades en el Programa PROSPERA, realizado por el Presidente Enrique Peña Nieto, durante el mensaje con motivo de su Segundo Informe de Gobierno, se dirige precisamente a atender dicha inquietud. Al establecer que con este cambio los beneficiarios recibirán, además de los apoyos que hoy tienen, mayores alternativas para su incorporación a la vida laboral, se respalda el objetivo de que estos logren la transición deseada.

En el Programa PROSPERA se incluyen aspectos tan importantes como el otorgamiento de becas, educación financiera, acceso a 15 programas productivos, facilidades para la obtención de créditos y seguros, incentivos para generar ahorro y la inclusión prioritaria de quienes pertenecen al programa en el Sistema Nacional de Empleo.

Este planteamiento puede ser observado como un cambio positivo, en función de los resultados que podría tener para los objetivos que Oportunidades mantuvo durante sus años de operación; sin embargo, requiere ser definido con mayor claridad para que pueda existir certidumbre en torno a sus alcances y sus riesgos.

Al día de hoy, todos los aspectos mencionados se han planteado de manera general y tan solo se conoce oficialmente el Decreto por el que se crea la Coordinación Nacional de PROSPERA, sin que se especifiquen las particularidades que habrán de regir el otorgamiento de los apoyos en cuestión. Esta falta de claridad genera preocupación, ya que sin una planeación correcta los beneficios anunciados podrían no lograrse y afectar el buen funcionamiento que había mostrado el anterior programa.

Antes de celebrar los alcances de PROSPERA será necesario contar con información clara y exacta respecto a los mecanismos que le darán forma. Por el momento podremos agradecer con escepticismo la buena voluntad y vigilar que lo novedoso no perjudique lo que se ha logrado en todos estos años.

 

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