Con el proceso de envejecimiento suceden cambios significativos en el estado nutricional de los ancianos; influyen muchos aspectos que tienen que ver con las enfermedades, el uso de medicamentos múltiples, depresión, demencia, etc.
Así lo estableció el geriatra Juan Antonio Vidales Olivo, quien explicó que el estado nutricional en los ancianos es sumamente vulnerable, se afecta de manera muy rápida y lamentablemente la recuperación suele ser muy lenta. El 30% de los adultos mayores puede llegar a tener riesgos de una mala nutrición y solamente el 10 al 15% se encuentran realmente desnutridos.
Refirió que los médicos geriatras, con apoyo de nutriólogos, “utilizamos un instrumento que nos permite estimar el riesgo de malnutrición, pero sobre todo identificar los factores asociados”.
Lo esencial en la prevención y el tratamiento de la mala nutrición en los ancianos es precisamente limitar los factores de riesgo, al disminuir los medicamentos, especialmente analgésicos o que tienen como efecto secundario la reducción del apetito o producen náuseas.
“Se requiere del apoyo de nutriólogos para recomendar una guía dietética adecuada a cada situación”.
Apuntó que de manera general se recomiendan dietas fraccionadas, es decir, que el anciano se alimente tres, cuatro o hasta cinco veces al día en porciones más pequeñas. “Si no tiene dentadura completa se deben preferir las dietas molidas o en papilla, y adicionar a los alimentos nueces, almendras, coco rallado y papa; así como mezclados en leche, atoles, frutas o guisados. Estos alimentos incrementan el valor energético”.
Finalmente, insistió en la importancia de cuidar la alimentación de los abuelos, porque si caen en desnutrición pueden surgir complicaciones adicionales a las enfermedades que padecen.

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