Jorge Ricardo
Agencia Reforma

VILLAHERMOSA, Tabasco.- Apenas entró el Presidente Andrés Manuel López Obrador, un hombre se levantó de su asiento y fue hasta atrás del avión.
«Me voy a bajar, es que viene el Presidente», le dijo a la azafata.
Al ocupante del asiento 12B no le pareció bien que en el mismo avión, seis filas delante de él, con destino a la capital de Tabasco, viajara el hombre más amado y más odiado desde hace varios años.
La azafata le explicó que tendría que comprar otro vuelo. Su mujer, lo miró con cara de reproche, pero él estaba decidido. Levantó a sus dos hijos, a su esposa, buscó las maletas de la familia Quiroz Díaz cuando la nave estaba a punto de moverse para tomar pista y sin que el Presidente se diera cuenta de lo que pasaban a sus espaldas.
«¿Por qué se va a bajar?», preguntaron los reporteros que habían quedado cerca. «Porque es inseguro», dijo.
-¿Es inseguro porque va el Presidente?
-Sí, porque es una irresponsabilidad que él viaje así, para eso hay aviones especiales.
Desde que era candidato, López Obrador prometió vender el avión Presidencial, comprado en 218 millones de dólares, así como Jets, helicópteros y autos de lujo, y viajar únicamente en vuelos comerciales.
López Obrador salió ayer en su gira nacional número 303 como Presidente. Aferrado a su imagen de austeridad que impone incluso recortes en los programas sociales, es comúnmente el último en subir a los aviones comerciales y ha causado algunas protestas.
El 23 de diciembre de 2018, por ejemplo, cuando regresaba de Oaxaca, la tripulación del vuelo Y4779 de Volaris le apartó diez compartimentos para el equipaje de él y de su equipo a pesar del enojo de los pasajeros.
En todos los vuelos en que los que él va, se agotan los boletos y los compartimentos. A veces el Presidente viaja con más miembros de su equipo. El 7 de junio de 2019 voló en el mismo avión con Claudia Sheinbaum, Olga Sánchez Cordero, Miguel Torruco y Alejandra Frausto.
Es frecuente también que integrantes de la ayudantía, además, negocien cambios de lugares. El 15 de noviembre del año pasado, en el vuelo 2468 de Aeroméxico con destino a Durango, la nave fue cambiada por una más pequeña y 14 pasajeros, incluido el Presidente, perdieron sus asientos. El nombre de «Manuel López» fue voceado junto con el grupo que se había quedado fuera. Cuando el personal notó quién era, lo sacaron de la lista. Finalmente, la aerolínea ofreció un bono de 5 mil 500 pesos y un vale para la comida a quienes decidieran ceder sus asientos para la comitiva presidencial y los reporteros.
El 12 de octubre pasado, el Presidente retrasó 30 minutos un vuelo de Los Mochis a Tijuana. Un mes después, el 15 de diciembre, en su vuelo de regreso de Minatitlán, Veracruz, a la Ciudad de México, su asiento había quedado a dos filas del exgobernador oaxaqueño Ulises Ruiz. El personal de la ayudantía trató de convencer a algunos pasajeros para que les cedieran sus asientos, y cuando no lo lograron, la tripulación impuso los cambios y el Presidente y el priista quedaron muy apartados.
El 8 de noviembre de 2019, el piloto del vuelo 533 de Aeroméxico con destino a Mérida le dio la bienvenida por el audio y trató de convencerlo de que no cancelara el aeropuerto de Texcoco, una obra tachada de faraónica por Lopez Obrador. El 22 de diciembre pasado, un ciudadano en el aeropuerto de la Ciudad de México le reclamó por lo mismo.
A pesar de eso, López Obrador disfruta de su popularidad incluso en el aire. Algunos incluso se sienten más seguros por viajar con el Presidente. «El pueblo me cuida», dice él por su parte. El 28 de mayo, una admiradora le dedicó una canción en pleno vuelo: «Presidente de gran corazón/, la gente lo aclama y lo respeta porque no quiere ya más corrupción». Después, al llegar a Tepic, Nayarit, el avión tocó tierra y tuvo que volver a tomar aire. Entonces se informó que el espacio de la pista había quedado muy corto.
La familia que se bajó ayer del avión revivió la polémica sobre si es adecuado que un Presidente vuele como si fuera un ciudadano más. Si eso es poner en riesgo a la población, si no sería mejor que utilizara el avión presidencial que ha decidido malbaratar en una rifa.
«¿Por qué es inseguro, si sí tiene cinturón de seguridad, papá?», le dijo su hijo al hombre que ayer decidió bajarse.