Saúl Alejandro Flores

Al mirar las noticias impresas o en medios electrónicos nos encontramos como notas destacadas aquellas que refieren a asuntos de un interés demasiado mediatizado y de bajo impacto para lograr la sustentabilidad, se resaltan más aquellas que afectan de manera inmediata a los bolsillos.

Destacan el tema de pozos, derechos, tarifas en sí lo que impacta en el aspecto económico, en el bolsillo del usuario, o en donde el interés económico establece condiciones. Los grupos de usuarios organizados principalmente del uso agrícola ponderan y pelean por su modo de vida que es entendible, algunos son pequeños productores que padecen no solo las consecuencias de los fracasos de la política populista de hace unos sexenios con una concepción del campo que es de un pasado nada halagador, pero que sigue vigente en muchas de las discusiones actuales como es el caso del malentendido nacionalismo del petróleo.

Lo mismo sucede con el agro, en que ese discurso solo ha beneficiado a los grandes productores, que son magnates e intocables. Tal es el caso, por ejemplo de muchos productores de Guanajuato en la cuenca del Lerma, en que aluden la productividad alta, exhiben sus campos como éxito, pero el costo es muy alto, porque el agua que dejan pasar a Chapala viene contaminada de fertilizantes y desechos procedentes de excremento de cerdo, residuos industriales, y la sustentabilidad queda en un último grado de interés. Porque importa más la producción y el bolsillo. Se reclaman las pérdidas de dinero no las pérdidas del hábitat.

Se alegan fuentes de empleo, pero los únicos grandes beneficiarios son los dueños del capital, pues los empleados en un modelo productivo mexicano perciben salarios que rondan el mínimo, y de hecho si se revisan los números de la supuesta productividad económica no se comparan con los daños al ambiente y la merma a la sustentabilidad del agua, desgraciando el futuro del planeta y a la vida misma; además se pueden mirar números comparados y resulta más económico producir en otros lugares, determinados cultivos que se están convirtiendo en un problema para la sustentabilidad.

Peor aún nos encontramos con autoridades sin o con atribuciones débiles, o en su defecto corruptas, pero la organización de todo tipo de usuarios de agua no tiene presencia, porque no existe organización, sólo de los grandes productores que están organizados para presionar a la Conagua, por ende a los productores débiles.

Los otros usos del agua quedan relegados, y en segundo lugar tenemos a urbanizadores que junto con algunos agrícolas trafican con derechos de agua, y ahí viene otra joya de lo peor, me refiero al más triste escenario futuro que se dibuja y se vislumbra, dice el dicho “a río revuelto, ganancia de pescadores”, el no haber idea clara de la problemática y de las necesidades más allá de lo que menciono en esta columna de lo que se considera inmediatista, generando más allá de nuestra vista un verdadero caos futuro. Por ello, es que tantas veces he mencionado la importancia de construir en nuestras entidades federativas una política hídrica real, incluyendo a los municipios, que exhiba organización, visión y mecanismos de transparencia con su correspondiente rendición de cuentas. Pues hasta el momento es escueto el soporte institucional.

Recordarán mis amables lectores la importancia que les he mencionado de construir una arquitectura institucional del agua. Con una serie de componentes que también ya les he citado en otras ocasiones, tales como marco legal, política regulatoria, gobernanza, planeación y la adopción de modelos sistemáticos de gestión.

La semana pasada un lector a propósito de la colaboración titulada: “la memoria corta sobre el agua”, amablemente me escribió: “¿…y qué propones?, aquí debo responder que no se trata de descubrir el hilo negro, ni de recetas de cocina, ni de portar o sacudir una varita mágica, el problema es delicado. Puede pensarse que ya se han hecho diversas propuestas, proyectos, estudios, etc. Cierto por eso deben retomarse en un historial, porque lamentablemente esos estudios fueron hechos hace décadas o años y el problema no fue atendido, es más ni siquiera el estudio fue aplicado o considerado en una grave omisión, se pagó o generó un costo ese diagnóstico o estudio y ni siquiera se aplicó, ni se le permitió evaluarse.

Por ello, vale la pena retomar estudios realizados y generar un historial, como manera de comenzar, siempre y cuando existan esos estudios, diagnósticos, proyectos, porque suelen desaparecer de las oficinas públicas cuando se van los funcionarios, “se llevan hasta las macetas”.

La respuesta es muy simple ¿qué se debe hacer?: “trabajar”, en efecto pero siempre se ha trabajado, se han hecho esfuerzos, se han tenido logros y avances, pero no los esperados, los esfuerzos han permitido sacar el día a día en el mejor de los casos y las historias de éxito en México que sí las hay, han sido precisamente aquellas en que se rompen paradigmas y se realiza innovación, siendo prácticos sin tanto burocratismo, ni barroquismo en mecanismos. Son trabajar con corresponsabilidad e involucramiento en ejercicios de gobernanza y profesionalización de los cuadros que conforman el personal administrativo, técnico y operativo en el sector agua, pero un compromiso transparente es básico con perfiles directivos de comprobado conocimiento y compromiso, con matices de innovación, eso es básico para avanzar y lograr que en México y en Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: [email protected] twitter: @saul_saalflo