Beatriz Esparza Reyes, mejor conocida por sus allegados como doña Bety, es una mujer de 80 años de edad y madre de seis hijos, quien a pesar de verse afectada por problemas de salud, lucha por salir adelante. Hace cerca de dos años, la señora comenzó a padecer los efectos del cáncer en el recto, y en su desesperación, acudió a un hospital con el fin de que le dieran morfina para aguantar los dolores.

UN DOLOROSO CALVARIO. Comenzó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad al tener problemas en sus funciones digestivas, por lo que acudió a diversos consultorios y con algunos yerberos del municipio de Jesús María –lugar donde vive–, pero ninguno pudo atender la enfermedad que padecía. En uno de estos consultorios le recomendaron acudir con un especialista de una clínica particular, quien le realizó algunos estudios y observó que la vesícula de la señora estaba a punto de reventarle, además de que tenía una hernia en la que se introdujo parte de su intestino.
Por ello, doña Betty fue sometida a una operación; sin embargo, después del procedimiento quirúrgico sus problemas continuaban y ella seguía sin poder obrar. El especialista le comentó que era una sugestión psicológica que tenía, pero al observar que no mejoraba, le mandó realizar otros estudios, entre ellos radiografías y una colonoscopía.
Tras conocer los resultados, el médico le comunicó a sus hijos que su madre padecía de cáncer en el recto; ellos a su vez, le transmitieron la desafortunada noticia a la señora Beatriz, quien confesó que para ese entonces ella ya lo presentía, por lo que no se asustó y dejó su destino en manos de Dios; incluso, recordó que algunas personas le recomendaron no someterse a tratamientos como las quimioterapias, al considerarlas muy agresivas para su edad.

BUSCANDO SOLUCIONES. Para escuchar la opinión de un experto en la materia, pidieron ayuda a la conocida de una de sus hijas, quien se desempeña como enfermera en el Hospital Hidalgo, y ella la canalizó con un oncólogo. Doña Betty recordó que al acudir a la cita, iba con la idea de pedirle morfina para sus dolencias, pero el especialista le dijo que estaba muy fuerte, que se veía muy bien y podía caminar por su propio pie, que ese medicamento era para “personas encamadas, que no se pueden mover”; ante ello, le dijo que se sometiera a quimioterapias en dosis muy bajas, y le recetó unas pastillas.
Sin embargo, el tratamiento era muy caro, y en su familia carecían de recursos económicos para adquirir los medicamentos, por lo que una de sus amistades les recomendó acudir al DIF Estatal para pedir apoyo.

UNA LUZ AL FINAL DEL CAMINO. Con el resto de las puertas cerradas, sus hijas acudieron al DIF Estatal, donde las atendió una trabajadora social, misma que las canalizó con la señora Yolanda Ramírez de Orozco, quien les brindó su apoyo facilitándoles cinco cajas de medicamento, con un valor aproximado de 55 mil pesos.
A cinco meses de iniciar su tratamiento, doña Betty asegura que se ha sentido mejor, que en estos días le van a realizar nuevos estudios, con base en los cuales el oncólogo les va a decir si ya le pueden extirpar el tumor; ella espera salir adelante con el apoyo de su familia para ver crecer a sus nietos.

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