El último año ha sido un calvario para Brenda Martínez García, de 23 años de edad, quien afectada en su salud por una enfermedad que a la fecha no ha sido diagnosticada, pasó los peores días de su vida; sin embargo, gracias al apoyo del DIF Estatal y el Instituto Nacional de Neurología, comienza ver la luz al final del túnel, para encargarse del cuidado sus hijos Íker Iván de un año y Vania de tres años.

BUSCANDO RESPUESTA. Hace cerca de nueve meses, comenzó a presentar hipo y vómito de manera constante, por lo que acudió con médicos generales, naturistas e incluso a que la sobaran; le comentaron que lo más probable era que se trataba de una gastroenteritis, pero no paraba de devolver la comida y su condición física menguaba por el reflujo constante en el diafragma.

Médicos del Hospital Tercer Milenio le realizaron diversos estudios, tras los cuales concluyeron que lo más probable es que tuviera un tumor en el cerebro; con el transcurrir de los días su salud se deterioró y comenzó a tener convulsiones, por lo que fue internada en el nosocomio y la canalizaron con especialistas del Hospital Hidalgo.

MALAS NOTICIAS. Brenda recuerda que en dicho nosocomio los doctores le explicaron que era probable que tuviera un tumor en el tallo cerebral, una zona muy complicada de operar, y para la cual no existe un tratamiento con base en medicamentos o quimioterapias que pudiera ayudarle, dándole pocas esperanzas de vida.

La noticia la asustó, decayó su estado de ánimo y se puso muy triste, además, su salud empeoraba, ya no podía caminar y su vista estaba muy deteriorada, “veía rayas, como un televisor descompuesto”; los vómitos continuaban a pesar de que le suministraban la alimentación por medio de sondas, pero ella le pedía a Dios que no le confirmaran el diagnóstico del tumor.

Como última opción, la enviaron al Instituto Nacional de Neurología con sede en la Ciudad de México, donde estuvo internada por un periodo de tres semanas y le suministraron unos fármacos conocidos como “bolos”, los cuales le ayudaron a mejorar su salud, pues se le quitó el vómito, comenzó a caminar y comer.

Como parte de su tratamiento le recetaron un medicamento llamado Rituximab, la primera dosis la cubrió el Instituto Nacional de Neurología, pero posteriormente requeriría una segunda dosis, sin embargo, ya no le proporcionarían el fármaco, por lo que Brenda tendría que adquirirlo por su propia cuenta.

UN APOYO EN BUENA HORA. Fue entonces que su madre acudió al DIF Estatal para que la apoyaran en la compra del medicamento, que tiene un costo aproximado de 50 mil pesos. La respuesta de la presidenta del voluntariado, Yolanda Ramírez de Orozco, y su equipo fue inmediata, por lo que recibió el fármaco para que le suministraran una segunda dosis.

Ahora Brenda tiene la esperanza de que los siguientes estudios, que le realizarán en el mes de junio en el Instituto Nacional de Neurología, le den un diagnóstico positivo, pues con la salvedad de una secuela en el habla a causa de una desviación en la lengua, el resto de los síntomas han desaparecido; los especialistas le han descartado un tumor cerebral, pero podría ser una esclerosis múltiple o neuromielitis.

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