Silvia Guerra

relojCon algo de risa y mucha frustración, me doy cuenta que es una manera corta y distinta de decir: “nos vemos al rato”, “ya no me tardo”, “ya mero salgo”, etc.; toda esa versátil, creativa y mentirosa cantidad de expresiones que utilizamos para no comprometernos a especificar una hora de llegada y mucho menos responsabilizarnos en cumplirla. Es esa descripción ambigua del tiempo, en voz de un mexicano.

Lo que no entiendo es, ¿por qué sí sacamos a tiempo un pastel del horno que hicimos para un amigo? o ¿por qué sí cobramos puntualmente un sueldo? Desgraciadamente la respuesta única a estas preguntas es: Porque eso nos importa, ya que nos afecta directamente.

Entonces partiendo de esa base, ¿cuándo dejaron de importarnos nuestros semejantes? ¿cuándo nos pusimos en primer lugar en el “Yo-Yómetro” de la vida, anteponiéndonos al resto del mundo y atendiendo sólo nuestras egoístas prioridades? o ¿será a caso que seremos ya muy apáticos?

El ser puntual hablará bien de una persona siempre. Nicolás Boileau-Despréaux, un famoso poeta y crítico francés del siglo XVIII, hablaba hábilmente acerca de la puntualidad diciendo lo siguiente: “Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien espera“; ingenioso, ¿no?

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