En los últimos días, nuestras autoridades han determinado comenzar con la Fase 2 del protocolo de contingencia ante la pandemia del coronavirus; sin embargo, como lo mencionaba en la columna anterior, a la fecha el Gobierno mexicano no ha tomado cartas en el asunto sobre el tema económico. Hace unos días, se publicó un interesante reportaje sobre la factibilidad de la iniciativa #QuedateEnCasa, en la que se describe cómo más de treinta millones de mexicanos subsisten prácticamente al día con su comercio o actividad económica diaria en la que alimentan a su familia y logran pagar algunos gastos educativos y/o gastos de casa.

Lo anterior pone en evidencia que casi ninguna experiencia mundial podrá asimilarse a los efectos económicos y legales que se desatarán en el país en las próximas semanas. Comencemos por analizar que el grueso de los microempresarios y los participantes del comercio informal se encuentran a unas pocas semanas de que la poca actividad económica ponga en riesgo el trabajo de sus empleados, y en el peor de los casos se estima que la gran mayoría tomarán la decisión de cerrar ya que no podrán continuar con el pago de empleados, sistemas, permisos o simplemente insumos.

Resulta más que alarmante, que al día de hoy el Gobierno Federal no se haya preocupado por emitir la más mínima señal de generar incentivos para la población y su única preocupación sea el depositar más a los adultos mayores y a los jóvenes que forman parte de su política partidista. Siendo que podrían estar emitiendo decretos para promover incentivos fiscales, desde aplazar la presentación de declaraciones anuales y/o buscar la manera de permitir un mayor número de deducibles o reducir considerablemente la tasa del impuesto sobre la renta de las personas durante los meses de contingencia, entre muchas otras acciones que podrían permitir dar un respiro a la vida económica del país.

Lo peligroso de no actuar a tiempo es que la catástrofe puede ser aún más grave, ya que las consecuencias de una economía formal e informal sin flujo, podrían doblar o triplicar los efectos económicos de la famosa “cuarentena”. Aunado a los efectos que tendrá el paro de relaciones laborales y la transformación de millones de acuerdos y contratos que se verán terminados debido a la existencia de clausulas que contemplen circunstancias extraordinarias o simplemente debido a la insolvencia de miles de mexicanos.

Considero que es momento de que los ciudadanos comencemos a exigir a nuestros gobernantes dejar de pensar en el robustecimiento de sus votantes para dar prioridad al establecimiento de medidas que permitan pensar en la recuperación de TODO un país que necesitará el apoyo de todos para la reactivación del comercio informal y también de las grandes empresas.

David Reynoso Rivera Río.

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