Resulta imposible no querer aprovechar este espacio para comentar los lamentables acontecimientos que en materia de seguridad han achacado a nuestro país en las últimas semanas. Me invade la tristeza tan solo el imaginar la angustia y el sufrimiento de miles de familias sinaloenses que observaban cómo el crimen organizado se encontraba sin miedo alguno en las calles, trepados en vehículos inclusive diseñados para un auténtico combate y levantaban una batalla a plena luz del día, para demostrar su poderío ante el gobierno mexicano que intentaba débilmente combatir al crimen organizado.

El resultado fue más que decepcionante, la angustia de todas esas personas no rindió frutos ya que se decidió suspender el operativo de captura; sin embargo, fue aún más decepcionante la postura del gobierno mexicano, que primeramente intentó hacernos creer que no tenían ni la menor idea de qué era lo que estaba sucediendo, para posteriormente “informar” y disfrazar un operativo fallido que evidenció una vez más la falta de capacidad y preparación.

Debo de admitir que transcurridos los acontecimientos anteriores, llegué a pensar que gran parte de la población despertaría y comenzarían a exigir más a nuestros gobernantes; sin embargo, para mi gran sorpresa, esto no fue así y pareciera ser que las bases votantes continúan arraigando su simpatía con el gobierno en turno. Comenzaré por desglosar algunas de mis grandes decepciones a lo largo de estos días; primeramente, observamos a una oposición política que no ha sido capaz de demandar adecuadamente los resultados al gobierno y mucho menos ha sido capaz de asumir el rol de una verdadera oposición; aunado a ello, pareciere que el grueso de la sociedad civil no ha logrado despertar de ese “adoctrinamiento” lopezobradorista en el que no se asumen las consecuencias y simplemente se pretende culpar a la “mafia del poder”.

Y mi mayor decepción, la constante ignorancia y desprecio a las instituciones del Estado Mexicano. Hace unas cuantas semanas, comentaba en este espacio sobre el proceso de designación del próximo Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, situación que al día de hoy continúan nuestros legisladores discutiendo el tema e intentando colocar perfiles políticos irrumpiendo así los plazos establecidos; siendo que además seguimos sin contar con un Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Hay quienes intentan hacernos creer que no hay ningún problema y todo se encuentra bajo control; pero quienes anhelamos un auténtico Estado de Derecho sabemos que nos encontramos muy lejos de ello, sin un tribunal constitucional fuerte y sin un eficaz organismo protector de los derechos humanos.

Finalmente y como cereza en el pastel de la decepción, observamos hace unos días cómo una mujer y varios niños indefensos fueron acribillados y calcinados. Ante todo lo anterior, no puedo expresar de otra manera la impotencia y la rabia que me da observar la realidad e imaginar el futuro en el que llegarán nuestras próximas generaciones.

A través de las presentes líneas, hago un llamado a la ciudadanía para despertar y considerar nuestra situación actual. Evidentemente no se trata únicamente de culpar al gobierno por su experiencia o inexperiencia, se trata también de que hagamos conciencia ciudadana y respondamos; se trata también de ser corresponsables de nuestras decisiones en las urnas, de entender que debemos de creer e impulsar un sistema político que deje de votar por el partido y se enfoque en las personas.

Aunque cada vez tengamos menos tiempo para reaccionar, considero debemos de hacer conciencia y pensar por el bien de nuestro país… estaremos listos?

 

David Reynoso Rivera Río.

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