RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En el año de 1977, cuando se hizo aquella gran reforma política que permitió la pluralidad; había un temor que fue el que se quiso salvar con la concurrencia de varias fuerzas políticas, y eso fue evitar en México que se repitiera el modelo estadounidense del bi-partidismo, lo que se quería era evitar que solamente hubiera o A o B, o Blanco o Negro, y entonces eso permitió la llegada de muchas corrientes ideológicas y políticas que de alguna manera simplemente permitieron un cambio en la estructura del juego político mexicano. Hoy estamos viendo una estructura que es como un triangulo. Si pusiéramos en la base de ese triangulo, cuyos lados no son iguales, o sea un triangulo escaleno, en este caso porque no tienen el mismo volumen electoral pero imaginemos que es un triángulo, tendríamos por un lado al PRI al Partido Verde y posiblemente al Panal, en otro de los lados del triángulo tendríamos a lo que ahora se llama “Por México al Frente” cuyo convenio de coalición se firmó el viernes por la tarde entre el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano; y por el otro lado del triángulo estarían MORENA, el PT, el Partido Encuentro Social y un grupo importante del magisterio mexicano que no conforma un partido político pero que está agrupado en las disidencias dentro del propio sindicato nacional y fuera de él a través de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación –CNTE- que es la única organización formal que ha firmado un pacto con MORENA; no un pacto electoral pero sí un pacto político.

¿Qué es lo que entonces estamos viendo? Estamos viendo que el voto será muy difícilmente diferenciado en tanto las elecciones para el Poder Ejecutivo Federal o para los gobiernos estatales o para las legislaturas locales y para la legislatura federal. Posiblemente esta pluralidad que hay en los lados del triángulo vaya a “jalar” al mismo grupo de personas que de otra manera no podrían pensar igual ni votar igual. ¿Entonces hoy que tenemos? Hoy tenemos una victoria aparente de quienes buscaron en el Frente lo que ellos llaman “el freno al autoritarismo”. ¿A cuál autoritarismo? A cualquiera de los dos. Al que llama Enrique Ocho, presidente del PRI, el autoritarismo de Andrés Manuel López Obrador y al que el PAN siempre ha llamado el “autoritarismo priísta presidencial”. De tal manera que entre el presidencialismo autoritario y el autoritarismo populista han encontrado en este Frente la cuña que abre todo y lo divide en tres grandes papeletas, aunque estén distribuidas de otra manera, pero por lo pronto habrá tres opciones electorales. Y eso, si las cosas no cambian porque en este clima, que se parece un poco al clima de nuestra geografía, antier esto era totalmente diferente y nada nos garantiza que mañana no pueda haber otro de estos cambios repentinos y los vientos soplen para otra parte. Por lo pronto Ricardo Anaya, con muchas posibilidades de triunfar, conformará la triada de candidatos al Poder Ejecutivo junto con López Obrador y Pepe Meade.

 

CONTROVERSIAL LA LEY DE SEGURIDAD INTERIOR

 

Muy controvertida ha sido la Ley de Seguridad Interior, al grado de que provocó una pequeña manifestación la semana pasada sobre Paseo de la Reforma de parte de los grupos de las organizaciones civiles, de la Izquierda sobre todo. Aunque hay que decir que las manifestaciones y las opiniones en contra no deben de extrañar porque siempre hay manifestaciones en contra de cualquier cosa. Y las organizaciones de la sociedad civil especializadas en temas relacionados con la seguridad y con el ejercicio de la fuerza, tienen por obligación que protestar. Si hay una ley que regule la presencia del Ejército en la calle, van a protestar. Y si no la hay, también van a protestar. Esa es su función.

Hoy me gustaría analizar qué es lo que viene con esta Ley de Seguridad Interior. Desde el punto de vista de la técnica jurídica y la técnica legislativa me parece que tiene deficiencias en su redacción y que debería sufrir un proceso de profunda revisión legislativa y jurídica porque hay muchas ambigüedades en la ley, sobre en lo que tiene que ver con el uso de la fuerza, sobre las capacidades del Presidente, que en un artículo puede disponer bajo su propia responsabilidad de la llamada a las Fuerzas Federales y en el otro tiene que hacerlo del conocimiento de un Consejo y también avisarle a la Comisión de los Derechos Humanos. Por eso hay una serie de ambigüedades que se pueden corregir, pero la naturaleza del ordenamiento creo que no solo es conveniente sino que también era muy necesario.

¿En qué punto están ahorita?  En el mismo en que se estaba hace un año. ¡No ha pasado Nada! Esto no es nada todavía. ¿Por qué? Pues porque le falta la parte terminal del proceso legislativo en la Cámara revisora que viene a ser el Senado de la República. Ahí se le podrán hacer ajustes, cambios, y será la parte más complicada en cuanto a lo técnico, jurídico y legislativo. Pero ya que la saquen y se promulgue todavía no va a poder entrar en operación, porque viene el otro paso que es la controversia constitucional. No la va a presentar el Congreso. Aunque puede hacerlo, lo han dicho los partidos de oposición siempre y cuando tengan las firmas requeridas. En el Senado hacen falta 43, otras tantas en el Congreso de San Lázaro. Pero resulta un poco contradictorio que la misma que lo aprobó lo impugne. Ya lo aprobó la Cámara de Diputados, con las omisiones, las abstenciones, las negativas y las observaciones y reservas correspondientes. Como institución la Cámara de Diputados quizás no camine por ese lado, pero no lo va a necesitar, porque quien va a presentar la controversia constitucional va a ser la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. En cuanto la terminen la Comisión la empieza a revisar pero no para decir que qué bien está, no, la empieza a revisar porque hay inconsistencias que llaman la atención en materia de Derechos Humanos y que tienen que ser objeto de una dictaminación final por parte de la Suprema Corte de Justicia. Entonces quien va a la larga a responsabilizarse de que esta ley opere, funcione o tenga parcialmente artículos que se declaren inconstitucionales y se tengan que volver a elaborar será la Suprema Corte de Justicia y para ese asunto todavía se tiene un tramo temporal más o menos considerable. Este es el primer avance. Es un tema muy complicado, muy difícil. Cuando lo leí me pareció una tienda de ambigüedades porque hay artículos que se contraponen, uno con el otro. O la interpretación de los artículos se contraponen una contra la otra, y entonces hay un momento en que se va a requerir la definición absoluta y la claridad total. Sobre todo en lo que tiene que ver con Inteligencia y con recopilación de información. Todo lo que se haga al amparo de esta ley pasa a ser materia reservada para fines de transparencia, lo cual me parece bien, pero a las ONG’S y a la Comisión de Derechos Humanos a la mejor no les parece bien. Entonces habrá que ver qué es lo que opina la Corte y cuando la Corte opine habrá un ordenamiento blindado. Tendrá el blindaje del Supremo Tribunal Constitucional de este país, y entonces ya no se podrá atacar el ordenamiento, y la ley se tendrá no que atacar, sino que acatar, que no es lo mismo.