calladosItzel Vargas Rodríguez

#TodosSomosKarlaSilva fue tanto un hashtag usado en redes sociales, como un grito que por más de un centenar de periodistas y comunicadores en Silao, fue usado para repudiar la cobarde acción de tres hombres, de golpear a la periodista Karla Silva en las oficinas de redacción de El Heraldo de León en Silao, pues al parecer sus notas provocaban malestar al gobierno municipal…

Hace dos días, un cúmulo de integrantes del gremio periodístico, entraron al Palacio Municipal a encarar al Presidente Municipal para exigirle investigación seria del asunto, quien por cierto, en propias palabras de la periodista atacada, un día le llegó a advertir a esta última que “ya no le tirara tanto”, pues ella en su labor, mencionaba las carencias en los servicios públicos y la presente inseguridad en las calles. Curioso porque, rabiosos los periodistas encerraron al alcalde en un círculo crítico, con aquellas preguntas ácidas e incómodas que tan hábilmente los periodistas aprenden a formular, y en donde el alcalde, viéndose en una incómoda encrucijada, sacó palabras repetitivas, nerviosas, constantemente negadoras de los hechos, “aquí estamos abiertos a la libertad de expresión”, él aseguro. Quién sabe si aquellos periodistas presentes le creyeron, y quién sabe si la gente también, pues finalmente el juicio crítico personal es eso, muy subjetivo, pero mientras ellos exigían justicia para Karla dentro del Palacio Municipal, en el país y en varias partes del mundo, los periodistas encontraron una razón más para solidarizarse y denunciar el lamentable riesgo latente de enfrentarse a la muerte en aras de publicar la verdad.

En México, un país en donde la praxis del periodismo sigue siendo de las más riesgosas a nivel mundial, es común encontrar que el respeto a la vida de los periodistas, tiene mucho tiempo de ser vulnerable ante incomodidades surgidas entre personajes con cierto poder político, económico o social, que encuentran en las amenazas, represión o la misma muerte, un modo de “venganza” o “desquite”, una forma de canalizar su coraje ante el hecho de ser parte del escrutinio público, de las críticas, de encontrar herido el orgullo después de una larga construcción de intereses personales…

“Bájale de huevos a tus notas”, seis palabras que encierran tantos significados: 1. El malestar de un personaje que se siente con el poder suficiente para dañar alevosamente, 2. La amenaza latente de realizar una acción potencialmente lacerante, 3. La imposición de demostrar quién es el que tiene el mando real, 4. El lenguaje coercitivo y ofensivo que muestra el enorme vacío de respetar la libertad de expresión, 5. Una muestra más de represión, en todo su esplendor.

Un caso así en la región bajío causa también sorpresa porque el hecho per se no suele presentarse tan comúnmente como en otros sectores del norte del país (por ejemplo, en Ciudad Juárez, Chihuahua), lo que socialmente en la región también nos muestra que somos vulnerables de la violencia social, esa que ya por tantos años nos ha lacerado con tantos tristes casos de los que ya hemos sido víctimas.

La libertad de expresión acumula anhelos utópicos de perfección social, matizada de muchas ideologías y variantes del pensamiento. Se ha convertido ya en un bien atesorado por las sociedades, y su presencia totalitaria sigue siendo rara de encontrar. Es una garantía de cuya presencia es compromiso responsable de actores multisectoriales.

En México queda la duda al respecto: ¿Estamos perfeccionando el camino para alcanzar una verdadera libertad de expresión? O ¿Se están construyendo cada vez más murallas de represión?

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