Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Después de 6 años de primaria, 3 de secundaria y 3 de preparatoria, los docentes se lamentan: “¡Los alumnos no comprenden lo que leen!”; ¿por qué será?

Felipe Garrido, en el Taller de Lectoescritores del SNTE, considera que la auténtica lectura, la de a de veras, es la que se hace por gusto, por placer, por interés, por voluntad propia; de manera que se convierte en un hábito, en parte de la vida de una persona. Y el interés por la lectura es para que la persona se conozca mejor a sí misma y para que pueda encontrar las mejores satisfacciones y soluciones de sus necesidades en todos los campos de su vida. En un grupo de 100 estudiantes, 100 docentes, 100 padres de familia, 100 funcionarios, 100 profesionistas, 100 empresarios; ¿cuántos leerán por gusto?, ¿cuántos serán auténticos lectores?, ¿cuántos tendrán el hábito de la lectura? Alguien dirá que todos los estudiantes diariamente leen libros de texto, igual los docentes; que los funcionarios, los profesionistas y los empresarios, leen cantidad de documentos inherentes a sus responsabilidades. Según Garrido, estas lecturas son por obligación, pero no por placer. . . “millones de estudiantes leen todos los días y consultan libros de texto. . . pero en realidad no son lectores auténticos. Los libros de texto se leen casi siempre sólo por obligación, y por lo mismo se leen mal. Por eso la mayoría de los estudiantes, aunque pasen muchos años en la escuela y consulten o lean muchos libros de texto, terminan por no aprender mucho ni se hacen lectores. . . los estudiantes pueden repetir las palabras del texto, pueden memorizarlas; pero no comprenden ni sienten lo que leen”.

En los últimos años, tanto en Aguascalientes como en todo el país, se ha intensificado la lectura obligatoria, en el marco de la Ruta de Mejora; sin embargo, no hay avances palpables en la comprensión lectora, como tampoco en los aprendizajes. Se pueden esgrimir varios factores que limitan la comprensión lectora. Ahora habría que pensar seriamente y cuestionarse, ¿en qué medida, la obligatoriedad, dificulta la lectura? ¿Qué pasaría si se diera prioridad a la lectura por placer?

¿Qué se requiere para impulsar el gusto por la lectura? Garrido, como tantos otros estudiosos, sugiere que los padres lean en voz alta con sus hijos, diariamente durante quince o veinte minutos; que los maestros, desde preescolar, lean quince o veinte minutos con sus alumnos, no temas de estudio, sino textos interesantes, emocionantes, que los haga reír, que despierten curiosidad, que hagan gozar momentos agradables a los estudiantes; para ello, deben darse distintos ritmos a la lectura: dramatizar los diálogos; subrayar, con el tono de la voz, los sentimientos para que se comprenda el sentido de la lectura; marcar los signos de puntuación; y en los momentos más emocionantes, leer más despacio o más rápido o más fuerte o hacer pausas, según se requiera, para crear un ambiente de suspenso y acrecentar el interés. Si un texto aburre, dejarlo, no seguir leyéndolo y buscar otro en los cuentos, novelas, ensayos, teatros y poesías, que llame la atención y que se comprenda. Después de una lectura, que los alumnos identifiquen y caractericen a los personajes, discutan la trama del texto, los distintos momentos de la narrativa y que lleguen a conclusiones. Gradualmente se puede pasar a temas más académicos pero de fácil comprensión, hasta llegar a cuestiones más complejas. Se llega a éstas cuando ya existe el hábito de la lectura y la inteligencia está más desarrollada.

Leer sin comprender el texto es una lectura mecánica, que puede ser el caso de la mayoría de los estudiantes; y se trata que lo leído se comprenda; para ello, primero habrá que propiciar la lectura por placer y lo demás viene por añadidura. ¡Este es el gran reto de los maestros!

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