Por: Itzel Vargas Rodríguez

No hace mucho tiempo una diputada del partido Morena indignó por escandalosos videos en los que recibía cuantiosas cantidades de dinero. Se trataba de Eva Cadena, una mujer que fue cesada por su propio partido y que hasta hoy en día, con una extraña amplísima sonrisa con la que aparece en las fotografías de los medios, presenta cargos en contra de las difamaciones que ese escándalo provocó en su persona (o al menos eso dice).

Y bastó un video para que partidos como PRI, PAN y PRD se volcaran con todo lo que tenían (ruedas de prensa, declaraciones, publicidad, videos en redes sociales, memes…) en contra de este partido, que cabe destacar está encabezado por el personaje-candidato casi permanente a la Presidencia de la República: Andrés Manuel López Obrador. Lo curioso es, que las reacciones fueron encabezadas precisamente por los presidentes de los partidos, como una forma de denuncia totalitaria y agresiva, pero viniendo de distintos frentes, obviamente, porque López Obrador ha logrado ser puntero en preferencias… otra vez.

Pero antes de ello, un exgobernador había sido capturado en Guatemala por incontables actos de corrupción, que lo colocaron en el papel de villanía más canalla, cobarde y vil de la política Mexicana: él era Javier Duarte, quien hasta hace 5 años era nombrado por el Presidente como uno de los conformantes de la “nueva política priísta”, y quien más tarde estaba dejando ver, lo más criticado de su partido sobre la historia prehistórica con prácticas deleznables que tanto caracterizaban: corrupción, impunidad, nepotismo… y ese hecho, también fue un nuevo pretexto perfecto, para que tanto PAN como PRD salieran inmediatamente a posicionarse. Naturalmente, algo propio de la oposición partidista, pero también de su propia santificación al estilo Poncio Pilato.

Lo curioso esa vez fue, que el PRI también se posicionó al respecto, y achacó que Duarte, efectivamente era el mismísimo demonio que había hecho ligas con López Obrador… y ahí es donde uno se cuestiona sobre las lealtades partidistas en los más altos rangos y también… en el surrealismo de alianzas y reacciones… todo con el fin de tratar de “salvar”, lo que por ende actualmente está perdidísimo: la confianza y percepción pública.

Y lo más “new” en esta ola de dramas que se “suben al tren” de modas en posicionamientos, ha surgido con el caso resumido en el hashtag #GobiernoEspía, en donde la agrupación Artículo 19 realizó una investigación posteriormente publicada por el New York Times, donde se hacía mención de cómo el Gobierno Federal había gastado cantidades estratosféricas de dinero público, en investigar a periodistas y activistas sociales con el más sofisticado software, en vez de realizar seguimiento detallado a narcotraficantes o criminales… o sencillamente en invertir en proyectos sociales. Como contestarían al “estilo” de las redes sociales una pregunta personalizada a este tema en específico: ¿Y por qué ocurren este tipo de cosas en el país?, Pues porque… México.

Pero el oportunismo aquí se dejó relucir cuando hace unos cuantos días, el Presidente del PAN, Ricardo Anaya declaró cómo él y otros funcionarios de ese partido también habían sido investigados por ese mismo software al más puro estilo del personaje “Kiko” en “El chavo del Ocho” cuando iba con su mamá a quejarse de los maltratos del Chavo…

Y es que, así como hay herramientas y prácticas que en política evitan o persuaden las crisis situacionales hacia un político o un partido, también existen éstas prácticas de “oportunismo contextual” visto desde a praxis más como una táctica política que como una estrategia de comunicación asertiva, pero en realidad, se conforma más como esto último… Es decir, las debilidades de los contrincantes y aún las propias en política, pueden dárseles la vuelta con una fórmula sencilla: inventándose un cuento salido del surrealismo, pero con altas posibilidades de presentarse como cierto, o en pocas palabras, usar el tema de “moda” y apropiarse del discurso con mejores argumentos.

Y eso, que la competencia hacia el 2018 apenas empieza. La verdad es, que se anticipe acabaremos hartos con tantos cuentos, dimes y diretes, pero, dirían coloquialmente: “Así es la cacahuata”.

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