Luis Muñoz Fernández

La bandera del Gonville and Caius College de Cambridge, del que Hawking fue alumno y luego docente, ondea este miércoles a media asta. Estudiantes, vecinos y turistas llegados de todo el mundo, en un fluir silencioso y constante, se acercan a firmar en el libro de condolencias dispuesto en el viejo college del que fue fellow durante más de 50 años. El nombre del profesor Hawking sigue pintado a mano, en blanco sobre la madera negra del marco de una puerta, en una de las dos salas de la planta baja en el bloque K, donde recibía a sus alumnos. […]

El profesor Stephen Toope, vicerrector de la Universidad de Cambridge, también le ha rendido tributo con estas palabras: «El profesor Hawking fue una persona única que será recordada con cariño y afecto no solo en Cambridge, sino en todo el mundo. Sus contribuciones excepcionales al conocimiento científico y a la popularización de la ciencia y las matemáticas han dejado un legado indeleble. Su personaje fue una inspiración para millones. Le echaremos de menos».

Pablo Guimón. Muere el físico Stephen Hawking a los 76 años. El País,14 de marzo de 2018.

Hasta donde sé, el último libro de divulgación que escribió Stephen Hawking, el famoso físico y cosmólogo inglés, fue El gran diseño (Crítica, 2010), donde expuso algunos de los avances del conocimiento sobre el origen y la evolución del universo. Lo escribió junto con su colaborador Leonard Mlodinow, físico como él, con el que ya había escrito la versión resumida de su célebre Breve historia del tiempo, el libro de divulgación científica más vendido de la historia publicado originalmente en 1988. Esta versión resumida, actualizada y bellamente ilustrada se tituló Brevísima historia del tiempo (Crítica, 2005).

Como era de esperarse, un científico tan productivo como Hawking, con un empeño tan marcado por hacer asequibles para el gran público sus complejas y con frecuencia ininteligibles investigaciones, dejó sin publicar varios textos que, por fortuna, sus colegas, amigos y familiares reunieron en un libro póstumo que contiene algunas de sus últimas reflexiones. Este libro se titula Breves respuestas a las grandes preguntas (Crítica, 2018) y en él Stephen Hawking responde diez preguntas sobre la vida y el universo. Iremos exponiendo las preguntas a algunas de estas preguntas.

En la introducción, el profesor Haking señala lo siguiente:

La gente siempre ha querido respuestas a las grandes preguntas. ¿De dónde venimos? ¿Cómo comenzó el universo? ¿Qué sentido y qué intencionalidad hay tras todo eso? ¿Hay alguien ahí afuera? Las antiguas narraciones sobre la creación nos parecen ahora menos relevantes y creíbles. Han sido reemplazadas por una variedad de lo que sólo se puede considerar supersticiones, que van desde la ‘New Age’ hasta ‘Star Trek’. Pero la ciencia real puede ser mucho más extraña, y mucho más satisfactoria, que la ciencia ficción.

Soy un científico. Y un científico con una profunda fascinación por la física, la cosmología, el universo y el futuro de la humanidad. Mis padres me educaron para tener una curiosidad inquebrantable y, al igual que mi padre, para investigar y tratar de responder a las muchas preguntas que la ciencia nos plantea.

Vamos ahora con algunas las grandes preguntas y las breves (aunque a veces no tan breves) respuestas de Stephen Hawking:

¿Hay un Dios? Ya en su libro anterior El gran diseño, Hawking y Mlodinow manifestaron que: “Algunos pedirían que se respondiese la pregunta de si existe un Dios que hubiese creado el universo de esa manera. […]Sin embargo, nosotros sostenemos que es posible responder a esa pregunta dentro del terreno de la ciencia, sin invocar ningún ser divino”. Como es natural, esta declaración trajo como consecuencia la inevitable controversia. En su libro póstumo, Hawking señala que el universo es una máquina gobernada por principios o leyes que la ciencia puede descubrir: “Creo que el descubrimiento de esas leyes ha sido el mayor logro de la humanidad, porque son esas leyes de la naturaleza, como ahora las llamamos, las que nos dirán si hace falta realmente un Dios para explicar el universo. Y para él esas leyes son inmutables y universales. Además, tienen tal poder que no pueden ser transgredidas y, por esa misma razón, suelen ser controvertidas desde la óptica religiosa:

Si se acepta, como yo hago, que las leyes de la naturaleza son fijas, no tardamos en preguntarnos: qué papel queda para Dios. En eso estriba gran parte de la contradicción entre la ciencia y la religión. […] Podríamos definir a Dios como la encarnación de las leyes de la naturaleza. Sin embargo, esto no es lo que la mayoría de las personas piensan de Dios. Dios significa para ellas un ser parecido a los humanos, con quien podemos relacionarnos personalmente. Cuando miramos la inmensidad del universo, y consideramos cuán insignificante y accidental es en ella la vida humana, eso parece muy inverosímil.

Aceptando que, de acuerdo a lo que ha descubierto la ciencia, el universo se puede crear a partir de dos ingredientes: energía/masa y espacio (Einstein demostró que la masa y la energía son equivalentes), la pregunta es: “¿De dónde vienen toda esa energía y todo ese espacio? La respuesta se encontró después de décadas de investigación científica: espacio y energía se inventaron espontáneamente en un acontecimiento que ahora llamamos el Big Bang”.

Utilizando el símil de que alguien puede construir una colina utilizando la tierra que obtiene al cavar un hoyo de la suficiente extensión y profundidad (la versión negativa de la colina), Hawking nos dice que la energía necesaria para dar origen al universo (energía positiva) produjo simultáneamente una energía negativa que hoy reside en el espacio en el que el propio universo existe. Este extraño concepto ha sido demostrado matemáticamente por los cosmólogos como Stephen Hawking:

La interminable red de miles de millones de galaxias atrayéndose las unas a las otras mediante la fuerza de la gravedad actúa como un dispositivo gigante de almacenamiento [de energía negativa]. El universo es como una enorme batería que almacena energía negativa. El lado positivo de las cosas, la masa y la energía que vemos hoy, es como la colina. El hoyo correspondiente, o el lado negativo de las cosas, se extiende por el conjunto del espacio.

Pero, ¿qué significa esto en nuestra búsqueda para descubrir si hay un Dios? Significa que si el universo no agrega nada, entonces no necesitamos un Dios para crearlo.

A pesar de lo anterior, la pregunta persiste: “Como sabemos que la energía positiva y la negativa suman cero, todo lo que tenemos que hacer ahora es averiguar qué –o me atrevo a decir quién– desencadenó todo el proceso. ¿Qué podría desencadenar la aparición espontánea de un universo? A primera vista, parece un problema desconcertante –después de todo, en la vida cotidiana las cosas no se materializan de la nada–. No podemos tomarnos una taza de café cuando nos apetece simplemente haciendo chasquear los dedos”.

Es entonces cuado aparece la respuesta que no necesita considerar la intervención de un dios creador: “Pero si nos adentramos en esa taza de café, a través de las partículas de leche, hasta los niveles atómico y subatómico, entramos en un mundo donde conjurar algo de la nada es posible”.

Es el mundo cuántico del que trataremos en la siguiente parte, aunque esto nos haga prolongar un poco más la secuencia original de esta reseña del libro póstumo de Stephen Hawking.

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