José María León Lara

Días antes de que Hugo Chávez fuera electo presidente de Venezuela en diciembre de 1998, el periodista Jorge Ramos lo entrevistó. Hoy en día, esa entrevista que es conocida como “las tres mentiras de Hugo Chávez”, es sin lugar a dudas una joya histórica, que nos sirve tanto para recordar, como para hacer conciencia de lo que podría pasarnos en México.
Ni México es, ni será Venezuela, ni López Obrador es, ni será Hugo Chávez. Sin embargo, sirva este espacio de reflexión para analizar de manera somera, algunas similitudes que encontramos con el a partir del hoy tres veces candidato a la presidencia de este país, y el fallecido dictador venezolano.
Cuando Chávez llegó a la presidencia, existía el miedo real en una considerable parte de la población venezolana, sobre sus ideales izquierdistas, algo que hoy en día suena bastante familiar en México. En esa entrevista, Hugo Chávez habla principalmente del poder, de la democracia, del respeto a los medios de comunicación, de la libre empresa y se refiere a Cuba como una dictadura.
Su primera gran mentira hacía referencia a entregar el poder en cinco años o menos; esto a través de una argumentación mesiánica, que si no es digno de permanecer por sus acciones, dejaría la presidencia. En la realidad duró 14 años en el poder y a la fecha permanece su régimen autoritario y absurdo bajo el comando de Diosdado Cabello y del títere de Nicolás Maduro.
También dijo que no tomaría el control de los medios de comunicación privados, que únicamente haría uso de los medios oficiales del gobierno venezolano, algo sobre lo cual mintió rotundamente. Basta con recordar el caso de Globovisión, cuando el régimen bolivariano tomó el control del principal medio privado opositor a su dictadura.
Al hablar de Cuba, aquel Chávez de 1998 decía firmemente que se trataba de una dictadura, pero no era él quien debía juzgar, además de utilizar el argumento de la autodeterminación de los pueblos, para salir librado de aquella encrucijada. Curioso resulta, que unos de los principales aliados de su gobierno, fueron los hermanos Castro, además de haber sido precisamente en la isla caribeña, dónde fue tratado médicamente por el cáncer que padecía.
Dos años más tarde de aquella entrevista, Jorge Ramos regresa a Venezuela a entrevistar de nueva cuenta al ya presidente Hugo Chávez. En comparación con la primera, el comandante Chávez que vestía de civil y al menos parecía empático, paciente y condescendiente con su entrevistador, en la segunda entrevista, es completamente lo opuesto. Ahora vestido de militar, rodeado de soldados, tomándose el tiempo para contestar, pero sobre todo con un semblante propio de un dictador autoritario e intolerante.
Volviendo a México, en repetidas ocasiones el propio López Obrador pide que no se le compare con Chávez y que es precisamente la mafia del poder, la que pretende hacernos creer lo opuesto. Sin embargo, las similitudes de discurso en el antes del llegar al poder, son demasiadas; y aunque el tabasqueño aún no es presidente, la intolerancia que demuestra hoy en día, para con aquellos que no piensa lo mismo que él, permite ver el carácter y el tipo de persona que es.
Hoy comienzan las campañas, y aunque nada está escrito aún, tal parece que el resultado ya es conocido por muchos. Basta con ver, que con el amplio margen que tiene sobre sus oponentes, se estará dando el lujo de ya no pedir que voten por él, sino por los candidatos de su partido, para lograr una mayoría en el congreso, y así poder lograr todas sus “propuestas”.

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