Por J. Jesús López García

La forma de las calles es resultado de circunstancias tan variadas como desde el punto de vista natural, el clima, la topografía, la magnitud del asoleamiento, la flora, la fauna o, desde el punto de vista antropológico, la religión, la belicosidad de un grupo humano, la manera de producir una economía, la tecnología y un muy grande etcétera que va definiendo una morfología urbana pero también una manera de ser de los asentamientos humanos que al mismo tiempo moldean y son moldeados.

Calles famosas como es el caso de los Campos Elíseos en París, o el Paseo de la Reforma -antes Paseo de la Emperatríz- en la Ciudad de México, fueron configuradas a partir de una arboleda preexistente; otras de acuerdo a una topografía intrincada que fue superponiendo edificaciones en una estructura compleja resultando en rincones extraños como el “Callejón del Beso” en Guanajuato. Calles de renombre literario como la “Nevsky Prospect” en San Petersburgo permanecen en la memoria local como otras de nombres dudosos y extraños como nuestra calle Del Terror o la del Niño Perdido en la Ciudad de México. Cada uno de los ejemplos mencionados posee características que le hacen particular, y si no por su presencia física, al menos por su historia, sus leyendas o por un complejo entramado de recuerdos individuales que van componiendo uno colectivo.

De hecho cada calle tiene el potencial de significar algo. Un quiebre, un edificio especial, un evento positivo o negativo de cierta magnitud, es suficiente para echar a andar los recursos de la mnemotécnica urbanística. En la capital aguascalentense encontramos muchos tipos de calles, más allá del catálogo técnico municipal. Calles que poseen una traza que obedece aun a condiciones topográficas primitivas que ya no existen, calles que fueron abiertas para permitir un acceso estratégico al centro de la ciudad, como la Francisco I. Madero, calles de tradición comercial textil o calles simples que nos remontan a nuestra infancia, significativas para nosotros y para nadie más.

Entre las calles particulares de nuestra ciudad se encuentran las que fueron obteniendo terreno urbano a lo que inicialmente fueron huertas, corrales, establos o lotes baldíos en un tiempo en que la especulación de la tierra insertada dentro del asentamiento humano no cundía en nuestra metrópoli. Ese campo relativamente libre ganado a los usos de suelo tradicionales de la provincia preindustrializada fue paulatinamente lotificado subdividido y urbanizado para un uso casi exclusivamente habitacional. El resultado urbano de este fraccionamiento incipiente fueron las llamadas “privadas”. Una privada no es que aludiera a un coto cerrado y de naturaleza exclusiva -o excluyente- si no que era simplemente un conjunto cuyas calles, merced a no poder continuar, terminaban -y terminan-, en un paso cerrado -usualmente por una casa y no por un muro, como acontece hoy en día. Por lo mismo a las privadas se les puede llamar “cerradas” -como en “Primer Cerrada de tal”.

Las privadas en la ciudad de Aguascalientes corresponden a un segundo momento de la expansión urbanística de la historia industrial de nuestra ciudad. El primero fue el ordenamiento de las colonias en que se estructuraba la vivienda de los trabajadores de los grandes centros industriales y la de los vecinos más acaudalados en una ciudad entonces -hace más de 100 años, en pleno despegue productivo y económico. Las privadas fueron un fenómeno que empezó a rellenar el hueco baldío que iba dejando el abandono del casco antiguo de Aguascalientes, de las actividades agropecuarias que eran la cotidianidad en la ciudad preindustrial.

Hay privadas con un sabor arquitectónico derivado de fincas similares en tiempo y en condiciones estilísticas como la Privada “Agustín R. González”, y hay otras que poseen una interesante diversidad en sus construcciones derivada de la pluralidad de sus moradores, como la Privada “Arquitectos” con casas de diferentes tamaños y etapas constructivas heterogéneas, donde se aprecian edificios multifamiliares -con sistema dúplex incluido-, casas unifamiliares y dentro de ello, edificios modernos racionalistas, chalets de reminiscencias afrancesadas y algún ejemplar colonial californiano.

Casi al inicio de la Privada “Arquitectos” se encuentra ubicada una finca moderna con un porche al acceso que se repite en el segundo nivel como una terraza rematada por una losa horizontal. Los vanos son enmarcados en un sencillo ribete de concreto, sus muros con mosaico de pasta de cemento en un aparejo “a petatillo” se unen a los aplanados sencillos de las jardineras. Es una casa que pese a lo simple de su composición parece ser complejo, tal vez por lo heterogéneo de sus edificios contiguos y lo constreñido de su situación. En un conjunto de edificaciones variopintas de diversas calidades; esta casa es un buen modelo de arquitectura de mediados del siglo XX. El tipo de arquitectura hace más interesante la ya atractiva morfología de esta privada.

Sin duda alguna que la Privada Arquitectos nos ofrece una multiplicidad de fincas con diversos estilos, sistemas constructivos, partidos y esquemas arquitectónicos, que nos permite apreciarlos con sólo llevar a cabo un recorrido y apreciar el patrimonio edificado moderno con el que contamos los aguascalentenses.