Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

En estos días se cumplieron 50 años de que el Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnologías (IACT) decidiera crear dos carreras profesionales, Contador Público y Administración de Empresas; las primeras que hubo en nuestra ciudad, en lo que fue un avance indiscutible hacia la fundación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, a principios de 1974.

Ambas carreras comenzaron a trabajar hace 50 años, y quedaron encuadradas en la Escuela de Comercio y Administración, popularmente conocida como la Eca, que funcionó toda su vida frente al Parián, donde hoy es el Centro Cultural Universitario, y antes de la ECA la escuela Miguel Alemán. Decir toda su vida significa hasta la construcción de los primeros salones de clases del campus universitario. Por cierto que mi esposa, Armida Alonso Gómez, estudió la carrera de contador público, habiendo formado parte de la generación 1975-1980, y recuerda que la carrera pasó a Ciudad Universitaria en 1976.

Las inscripciones para estudiar estas disciplinas tendrían lugar en los días siguientes, para iniciar clases el martes seis de febrero, mañana serán 50 años. En cuanto a las autoridades, en ese entonces el IACT estaba encabezado por el ingeniero Carlos Ortiz González, que era el Rector, en tanto que el secretario general lo era el abogado Gabriel Villalobos Ramírez. Por su parte el contador Humberto Martínez de León encabezaría la flamante escuela. Ellos son; ellos fueron, junto con otros, los padres fundadores de la UAA, por cierto todos vivos.

Aunque quizá me equivoque y en realidad el primer paso para la instauración de carreras profesionales ya había sido dado, con el establecimiento de una serie de carreras que en su momento se ofrecieron como técnicas. Lo digo porque en marzo de ese año de 1968 se graduó la primera generación de enfermeras.

Sin duda la generación de ambas profesiones constituyó un acto de la mayor trascendencia, que abrió camino hacia otras metas. Además, como afirmaba El Sol del Centro del 7 de enero, “la creación de estas carreras significa amplia oportunidad para los estudiantes, que ahora no tendrán necesidad de emigrar para dar cauce a la vocación”, algo que seguramente lamentó más de alguno, en función de la libertad que obtenían en otras ciudades, considerando que el clima que imperaba entonces en esta noble Suave Matria era un tanto asfixiante, aunque esto no evitó el éxodo hacia otras universidades, que siguió dándose hasta casi cesar, con el incremento de la oferta universitaria, no sólo de la UAA, sino también de otras instituciones.

Por cierto que este hecho, el establecimiento de las primeras carreras universitarias y su paulatino incremento hasta conformar una abundante oferta, habría sido el principio de ciertas transformaciones culturales en la ciudad, que volvieron a la urbe, digamos que más ruidosa y diversa, en función de que los flamantes estudiantes universitarios hacían su vida aquí. En este sentido, uno de los valores agregados de quienes hacían carrera fuera de aquí era, precisamente, esa libertad de que disfrutaban, que de entrada significó estar lejos de la mirada y tutela de los padres. En este sentido, basta conversar con profesionistas que adquirieron su grado académico en otras ciudades –y quizá hasta estudiaron un poco-, para enterarse de fiestas legendarias, que casi terminaron en orgías (usted sabrá si se deja o no el “casi”).

De regreso al tema que me ocupa, El Heraldo de Aguascalientes publicó el 7 de enero de 1968 un desplegado en el que detallaba el programa de estudios de ambas licenciaturas e informaba que el Consejo Directivo del Instituto había decidido la creación de estos estudios en su sesión del 15 de noviembre anterior.

Pero había más. En el cintillo de la edición de El Sol del Centro de ese día, se anunciaba lo siguiente: “Piden los industriales nuevas carreras en el IACT”. Luego, en el subtítulo se afirmaba que estas nuevas profesiones complementarían las existentes en el entonces llamado Instituto Tecnológico Regional de Aguascalientes que, como se recordará, fue anterior a la UAA.

La petición procedía de la delegación local de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, aunque no se especificaba a qué clase de carreras se referían los industriales agrupados en la CANACINTRA. Por cierto que también ese año, los industriales clamaban porque el gobierno impulsara la industrialización del estado, situación que todavía tardaría buen rato en llevarse a cabo.

También en 1968, abril y junio, respectivamente, fueron asesinados dos estadounidenses muy apreciados entre nosotros que somos, como diría Checho Dávila, “gente de pax”: Martin Luther King y Robert F. Kennedy. En verdad que la violenta desaparición de ambas figuras nos trastornó unos días dado que, como digo, ambos personajes gozaban de nuestro contento, uno porque buscaba la igualdad racial en paz, y el otro porque era católico.

Entonces, los diarios de esos días se llenaron de notas, reportajes, fotografías, reflexiones, lamentos, y un clamor que se elevó al cielo: ¡¿por qué?! Incluso una persona de nombre Juan Francisco Acosta Hernández, escribió un poema de nombre Levántate libertad, que vio la luz en las páginas de este diario, en el que decía cosas como esta: “el cortejo fue de estrellas/que se apagaron de pronto/en señal de negro duelo./Sólo la llama votiva/que cuida siempre al hermano/lo esperaba en el panteón”.

Por cierto que Kennedy murió baleado en un hotel de Los Ángeles, luego de ganar las elecciones primarias demócratas en California, en busca de la candidatura presidencial. Ese año ganó las elecciones el siniestro republicano Richard Nixon, de infeliz memoria. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).

 

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