RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La victoria de Marko Cortés la semana pasada era sin duda la crónica de un triunfo anunciado. A partir de que varios panistas de “peso”  se unieron a la campaña de Cortés, entre ellos el poblano Moreno Valle, se veía muy difícil que alguien les pudiera arrebatar el control del panismo a nivel nacional. Lo anterior a pesar de que el candidato opositor era el nieto de Manuel Gómez Morín, fundador e ideólogo de ese Partido. Pero ese lazo no fue suficiente, las alianzas entre grupos fuertes al interior del PAN era la clave para asegurar el triunfo. La victoria de Marko Cortés fue el último clavo en el ataúd del ex presidente Felipe Calderón que mas tardó en enterarse del resultado de la elección el domingo por la noche, que él en mandar una carta de renuncia a su militancia de 30 años en el Partido Acción Nacional. La verdad es que Calderón ya se había ido del Partido el mismo día en que su esposa Margarita renunció al PAN, en octubre del año pasado luego de 33 años de militancia, al no haber obtenido la candidatura a la Presidencia de la República.

Con la renuncia de Calderón los panistas se quitan un lastre, pues el ex presidente le había causado al PAN un gran desprestigio a raíz de su guerra contra el crimen organizado, declarada en la primera quincena de diciembre de 2006, pues el monto estimado de muertos en su sexenio fue de más de 103,000. Obviamente que no todos ellos eran narcotraficantes, muchos de esos miles eran parte de la sociedad civil que tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino de la guerra contra el narcotráfico. Al finalizar su sexenio se marchó como si nada, no hubo protestas ni cargos por su mala decisión sobre el mal manejo de la lucha contra el crimen organizado, eso lo envalentonó para fraguar en su hogar la llegada de su esposa a la Presidencia de la República, para lo cual debería primero allanarle el camino para obtener la candidatura en el partido en el que militaban. Felipe Calderón estaba muy echado para adelante con ese proyecto pues ya una vez le había cuajado su estrategia, cuando en el sexenio de Vicente Fox siendo secretario de Energía comenzó a trabajar su candidatura, ante la molestia del presidente Fox, quién públicamente lo amonestó  por hacer actos de proselitismo buscando la candidatura siendo aún funcionario. El regaño no le cayó nada bien a Felipe Calderón, quién dicen es de “mecha corta”, y muy digno renunció a su cargo. Francisco Ramírez Acuña, en ese tiempo gobernador de Jalisco fue quién le organizó el acto de campaña allá en su estado, en donde dando un albazo destapó a Felipe Calderón como candidato a la presidencia. La molestia de Fox fue evidente, y de acuerdo a su manera de ser el ex presidente no se aguantó las ganas para regañar al gobernador jalisciense, quien de manera insólita le contestó que a él solo lo regañaban los ciudadanos jaliscienses. Ahí empezó el choque entre Fox y Calderón. Ya en la contiende interna del PAN a Felipe Calderón le sirvió el madruguete, logrando dejar en el camino en la lucha interna panista por la candidatura, al candidato de Fox, Santiago Creel Miranda así como al ex gobernador de Jalisco Alberto Cárdenas, quién también se había sumado a la contienda interna. Lo que siguió ya es del conocimiento de todos.

Julio Scherer propone un retrato completo en su libro “Calderón de Cuerpo Entero” de cómo es el verdadero Felipe Calderón. El libro cuenta con las versiones sobre el ex presidente de gente cercana, muy cercana a él. Consigna que: “Felipe Calderón tuvo la cercanía de dos personalidades recias y sobresalientes: Luis Calderón Vega, su padre biológico, y Carlos Castillo Peraza, el padre político. En el caso de Castillo Peraza, Calderón fue un mal hijo”. Luis Correa Mena, que fue coordinador de la campaña de Castillo Peraza en la lucha política por el gobierno del Distrito Federal en 1977 se refiere a la relación de Calderón con Castillo Peraza: “El trato que Felipe Calderón le dio fue indigno, injusto, inmerecido y mucho más. Felipe debió haberle guardado respeto y agradecimiento por siempre. Tenía muchas razones para que así hubiera sido, en el mejor sentido de las palabras: la cercanía, el respaldo, la confianza, el apoyo, la promoción, la enseñanza, la orientación, la guía. No creo que se deba de tratar con faltas de respeto a una persona que te da todo. No me desdigo del mal trato que Calderón dio a Castillo Peraza, desastrosos los resultados para él. Un hombre sin amigos es como un árbol sin hojas, sin ramas renovadas ni flores”.

Alfonso Durazo, que fue secretario particular y vocero del presidente Fox de 2000 a 2004, comenta entre otras cosas, en el mismo libro, sobre Felipe Calderón: “Un día cualquiera, después de una reunión informal que había tenido Fox con Calderón, me dijo el presidente:

-“Es un tipo muy pesado”.

No era casual que los propios diputados que coordinó Felipe Calderón en la Cámara Baja lo haya apodado el Erizo.

Y continúa Durazo: La biografía política de Felipe Calderón lo ubica como un hombre desconfiado y arrogante que subordina su inteligencia a lo visceral y a lo inmediato. Contrario a la opinión pública de que es un hombre de “mecha corta”, siempre he tenido la impresión de que no tiene mecha. Es un sujeto de temperamento primario, se conduce por impulsos, no por razonamientos”. Durazo concluye su entrevista con Scherer diciendo: “Calderón es un hombre sin código. En su objetivo de derrotar al adversario político no caben racionalidad ni un mínimo de juego limpio. El “haiga sido como haiga sido” en estado puro”.

Ese es el lastre que se han quitado los panistas. Un Felipe Calderón que traiciona incluso a quienes lo formaron políticamente con tal de lograr sus fines. Hoy Calderón Hinojosa está fraguando, conformar un nuevo partido político. ¿Lo logrará?

 

EL ENAMORADO PANCHO VILLA

 

El día de mañana celebraremos el aniversario número 108 del inicio de la Revolución Mexicana, por ello hoy me permito platicar una anécdota de uno de los pilares de la lucha armada: Francisco Villa.

A Pancho Villa el pueblo lo idealizó por valiente, pero también por mujeriego. En abril de 1914, el famoso revolucionario destrozó a la flor y nata de las tropas huertistas en las afueras de San Pedro de las Colonias, Coahuila, ocupando luego la población. El día de su victoriosa entrada al lugar, vio en la plaza de armas a una preciosa muchacha como de diecisiete años, acompañada de una mujer madura, al parecer la madre de la chica. A Villa le encantó la joven y dio instrucciones a su asistente: Averíguate quién es y dónde vive esa chulada de potranca, y me buscas como de rayo.

La muchacha se llamaba Lolita y era la hija menor de una viuda de condición humilde. Esa misma noche Villa le requirió de amores. Pero la chica puso algunas objeciones.

-Es para mí un honor que se haya fijado en una muchacha humilde como yo siendo usted un hombre famoso. Sin embargo le prometí a mi padre, que en gloria esté, que me casaría de blanco y en la iglesia.

Villa Respondió: -¡Válgame, mi alma, usted no se preocupe, se casa conmigo de rojo, blanco o de azul, del color que le guste! Aquí tiene este dinero para que se vaya comprando el ajuar que más le guste y para que vaya escogiendo el templo en el que será el casorio el próximo domingo.

Grande fue el júbilo de la linda muchacha al contraer nupcias con el general Villa. Tan grande como su desencanto al enterarse, no mucho tiempo después, que era la novena esposa “legítima” de Villa, quién estaba igualmente casado con Luz Corral, Cristina Vázquez, Manuela Casas, Juana Torres, Austruberta Rentería y tres señoras más. Y es que Pancho Villa acostumbraba decir, más con ingenuidad que con cinismo: Yo del amor soy muy respetuoso. Nada de amasiatos. Por eso, tan luego me enamoro, me caso por la ley y por la iglesia, ¡no faltaba más!