NOÉ GARCÍA GÓMEZ

El peso del triunfo de Andrés Manuel en el actual sistema político mexicano todavía no se dimensiona, hoy a 30 días sin tomar posesión abruma la agenda política nacional y tiene resonancia internacional. La sola mayoría absoluta que tiene en el Congreso de la Unión, así como en 19 congresos estatales ya dan muestra de la nueva realidad.

Para muestra, desde la transición democrática, la oposición jamás había lucido tan débil, no solo en posiciones legislativas, sino en resultado electoral, la ventaja de AMLO sobre el segundo fue de más de 30 puntos porcentuales; aquí es donde me quiero centrar, en la oposición.

Las oposiciones enriquecen la deliberación pública son germen de vigilancia y contraste de proyectos, al demandar explicaciones y poner alternativas y así directa o indirectamente el gobernante se vea obligado a rendir cuentas.

El catedrático Fernando Barrientos del Monte, en su ensayo La oposición política: notas para una discusión teórica, describe “las oposiciones en la democracia no sólo son necesarias, sino que su permanencia es indispensable […] su existencia es lo que define o no a las democracias. Así como no puede existir democracia sin elecciones, habría que agregar que tampoco sin oposición. No basta la sola existencia de dos partidos, el que está en el gobierno debe asumir que requiere y debe tener un contrapeso político, de otra manera, se presentarían tentaciones autoritarias con el consecuente deterioro e, incluso, desaparición de los principios democráticos.”

El caso es que al día de hoy veo una oposición desarticulada, sin reponerse del golpe que le dio el resultado electoral, pero lo más preocupante, parte de esta oposición sin un proyecto alternativo que contraste con el del nuevo gobierno. Dicha oposición la aglutinaría en tres variables.

Oposición pragmática; encabeza por el PRI y paralelamente el PVEM, al día de hoy se han mantenido discretos, sin polemizar con el nuevo gobierno, teniendo el antecedente de que si tienen paciencia y oficio podrán influir en temas que les interesen, y llegado el momento pueden revivir, así ocurrió en los sexenios de FOX y Calderón, se agazaparon, acordaron, cogobernaron y finalmente dieron el zarpazo para recuperar el poder.

Oposición reactiva: liderada por el PAN, busca contrastar las acciones, a toda acción del gobierno corresponde una reacción de esta oposición, un poco improvisada, pero tratando de representar a esa parte del electorado que no voto por AMLO. El problema es que más parecen iniciativas individuales (liderazgos, grupos parlamentarios, gobernadores) ya que en la actual situación como partido parece diluido. Pero sabedores de que cuando las cosas se asienten, el partido se reordene podrán ser oposición ante el ciudadano.

Oposición visceral: procedente en un primer nivel del PRD, y en un segundo de Movimiento Ciudadano. Su visceralidad radica en una furibunda negativa a todo lo que anuncia, diga o haga, rayando en la banalidad discursiva. Con personajes que parecieran que los mueve el rencor por haber caminando juntos 12 años, y por una “mala” decisión los dejó fuera en la llegada al poder; en las redes sociales parecieran merolicos opositores, que exageran en el uso de la banal ironía o trivial meme; que incentiva la pereza intelectual ideológica y promueven el odio y división entre sectores. Una estrategia kamikaze, teniendo como objetivo descarrilar al nuevo gobierno, no importa si en el intento ellos desaparecen.

Carlos Bravo Regidor puntualmente señala  “Más allá de sus innegables habilidades políticas, López Obrador va a necesitar oposiciones que le corrijan y le cobren sus errores. Que lo mantengan alerta.”

Pero tomando como ejemplo la estrategia tomada frente al aeropuerto, pareciera que bastara un manotazo de la poderosa figura presidencial (el híper presidencialismo que PRI, PAN y PRD construyeron a lo largo de dos décadas) para que las cosas se hagan como el ejecutivo disponga, y la oposición solo lamerá sus heridas públicamente gritándole a la ciudadanía, “ya ven lo que provocaron por enojarse con nosotros”. Sin asumir responsabilidad y peor, sin aglutinar una seria, serena y competitiva oposición que enriquezca al sistema político mexicano.