Fernando López Gutiérrez

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El pasado 9 de enero, el Gobierno de la República anunció sus 5 objetivos prioritarios para el año 2015. De manera general, señaló que durante dicho periodo habrá de atenderse especialmente el fortalecimiento del respeto a la ley y a los derechos humanos; la implementación de las reformas; el combate a la corrupción y mayor transparencia; la construcción de infraestructura; y la reducción de la pobreza y el desequilibrio regional.

A más de dos años del inicio de la presente administración, los puntos referidos generan mayor preocupación que certidumbre sobre las labores que se llevarán a cabo los meses siguientes. Cada uno de los objetivos que se mencionan, ha estado en la agenda gubernamental desde las semanas posteriores a la toma de protesta del Presidente Enrique Peña Nieto, sin que hasta la fecha se observen avances concretos en su cumplimiento. Si bien se han desarrollado acciones en los diversos puntos prioritarios, aún no es posible reconocer la existencia de un cambio en la manera en que estos inciden en el bienestar de nuestra sociedad.

En congruencia con el manejo que se ha dado a la comunicación social del presente gobierno, se subrayan los elementos que se supone darán la pauta para el desarrollo de las políticas públicas durante el presente año. Sin embargo, la agenda planteada se asemeja más a una lista de asuntos pendientes que a un programa de acción. Como consecuencia de una estrategia mediática que ha sido intensiva en la difusión de mensajes gubernamentales y actividades con poco impacto en el mejoramiento de las condiciones de vida de las familias, las expectativas que se pueden tener respecto al anuncio realizado son limitadas.

La definición de la palabra prioridad implica la “anterioridad de algo con respecto a otra cosa, en tiempo o en orden”. Cuando a más de un tercio de avance del presente sexenio se mantienen prácticamente las mismas prioridades sin resultados claros, resulta evidente que la interpretación de dicho concepto por parte de la actual administración, no necesariamente implica el establecimiento de un compromiso.